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SATURACIÓN

Los comerciantes del Gancho denuncian el complicado acceso del tráfico al barrio

Dicen que es casi imposible que los turistas lleguen a San Pablo y recelan del futuro tranvía.

"No es fácil destacar estando encerrados en una madriguera". La sempiterna queja de los comerciantes del Gancho es que su falta de visibilidad les resta competencia. "Si entras por el puente de Santiago, tiene que hacer un auténtico 'slalom' para llegar a la calle de San Pablo. Puedes salir a San José o Las Delicias pero hay que completar un laberíntico recorrido para llegar al Gancho, lo que tampoco facilita que el barrio deje de estar un tanto olvidado", afirma Manuel Baños, que preside la Asociación de Comerciantes Casco Antiguo Sector Mercado.

Este enclave de la ciudad -"sobre el que la Expo pasó de largo"- constituiría una de las piezas fundamentales de la ansiada capitalidad cultural de 2016. Sin embargo, aunque parece que en Las Armas se acelera su futuro centro musical, aún quedaría un entramado de calles en una situación desidiosa. Acaso, el mejor espejo en el que mirarse es la vecina calle de Conde de Aranda, donde ha aumentado la vigilancia policial aunque, como 'daño colateral' se han desplazado los focos más 'espinosos' a la plaza de José María Forqué o al entramado de Cerezo, Boggiero, Mayoral...

Cómo sortear la crisis

La condición de 'arteria' y su mayor visibilidad han hecho que, incluso estos días inciertos de crisis, los comerciantes de Conde de Aranda hayan conseguido la cuadratura del círculo porque ni uno solo se ha visto abocado al cierre. "Algunos de calles adyacentes como Mariano Cerezo o Mayoral sí han echado la persiana pero en la propia Conde de Aranda tan solo cerró hace meses una tienda de Vodafone, nada más", comenta María Luisa Santafé, presidenta de la asociación de vecinos de la zona.

Santafé atribuye el pseudo-milagro a que en Conde de Aranda hay muchos comercios especializados (de semillas o de trajes de novia XXL) que atraen a su propia clientela, mientras que las tiendas de inmigrantes tienen cintura para adaptarse a las necesidades del mercado porque cambian con facilidad de orientación: tan pronto venden gafas de sol como teléfonos móviles, joyas, ropa, comida...

De hecho, y derivado de este batiburrillo, algunos vecinos denuncian que estos locales no tienen los controles adecuados de Sanidad (la comida para animales se vende junto a la de las personas) ni de Seguridad (el acceso a los locutorios es complicado), aunque también reconocen que la vigilancia policial ha hecho que se dignifiquen rincones del barrio donde antes se trapicheaba con droga o se vendía alcohol a menores.

Contando con que el comercio del Gancho también es de solera y tradición, la misma fórmula podría aplicarse al entorno de San Pablo, donde los temores del venidero tranvía se suman a las carencias de transporte. "Si nos encajonan con más obras, nos hacen polvo", comentan los afectados, al tiempo que airean una estadística que dice que los autobuses les llevan a 2.000 persona a la hora, mientras que el tranvía apenas transportaría a 500 clientes potenciales.

Acostumbrados a ver cómo los taxistas "dejan, incluso, a los vecinos mayores en César Augusto pero no entran al barrio", los comerciantes sitúan el tráfico y los carteles de 'solo fincas y garajes' o 'carga y descarga' en el 'top ten' de sus preocupaciones.

Después del arreglo de calles como Miguel de Ara o de la plaza del Padre Pedro, y con el original impulso del programa 'Estonoesunsolar', los vecinos confían en que los turistas pierdan el miedo al barrio y se decidan a visitar, por ejemplo, la iglesia de San Pablo, que con su impronta mudéjar forma parte del listado que eligió la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Además, ideas creativas no les faltan y el propio Manuel Baños recuerda que ya hace 30 años cuando se creó el Plan Integral del Casco Histórico -"y quizá ahora se pudiera recuperar para 2016"- propuso la creación del pueblo artesano del Gancho, para recuperar los oficios antiguos que dan nombre a muchas de sus calles: Broqueleros, Aguadores, Cereros...

"Vitoria, donde ya existe un barrio artesano, es el ejemplo palpable de que una idea así podría funcionar. Serviría para explotar los bajos, dejar viviendas en las partes de arriba de los edificios, y el Gancho volvería a ser el salón de la ciudad", dice Baños. Por cierto, que acaba de publicarse un libro con el no poco clarificador título de 'El comercio de San Pablo, el origen del comercio zaragozano'.

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