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Zaragoza
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feria taurina

Un Cid que enfandila

El diestro sevillano paseó dos trofeos, concedidos con generosidad, entre el clamor de un público festivo. El quinto de la tarde es hasta el momento el toro más importante de lo que llevamos de feria.

Derechazo de rodillas del Fandi al buen quinto de la corrida de Salvador Domecq, llamado Cantaor.
Un Cid que enfandila
C. MONCíN

Al reclamo de las figuras se llenó la plaza. Bueno, casi. Callejón a tope de ilustres e ‘ilustras’ como diría una ministra de la España cañí. Tarde de apreturas. De alegría desbordada que relanza la feria. Corrida perfecta para un triunfo rotundo que no llegó. Un toro con nota altísima, pésimamente lidiado y que, si lo dejan ver en el caballo, hubiese sido de vuelta. El quinto. Su nombre, Cantaor. Al loro con el toro. Otros tres buenos, primero, cuarto y sexto. Segundo con poca fuerza y que fue remiendo de un escurrido inválido que se fue vivo a corrales. El tercero, bajo de cruz, acabó defendiéndose por la poca fortaleza de sus patas. Acabó rajado. Corrida de diferente construcción, abierta y noblona. Repetidora aunque, por lo general, manseó en el caballo. No todos.

Al místico Talavante le tocó el garbancito negro del encierro. Un burraquito largo y bajo que se movió pronto y bien hasta el segundo tercio. Talavante, sin convicción, quitó de frente por detrás y descubrió su invalidez. Dijo que no y acabó pasando y tirando un derrote al finalizar los muletazos. Tampoco se metió con él, no se dio coba y acabó desarmado. El sexto fue un buen toro que mereció más. El de Badajoz, frío, desangelado y hasta envarado, se puso demasiado cerca cuando el animal reclamaba con justicia la distancia. Rápido, abusando del pico y sin bajar la mano, acabó ahogándolo. Buen espadazo.

Mucho premio para el Cid por una faena de corto metraje. Limpia, templada y ligada con series demasiado cortas. El toro pidió sitio y ritmo. El Cid se gustó en unos circulares invertidos y, tras una estocada traserilla, estalló el delirio. En su primero, otro bueno, tardó en acoplarse y ponerse en el sitio. Muy al hilo, ligó a base de dejarle la muleta en la cara. Mató mal y perdió una oreja solicitada con insistencia, pero sin mayoría.

Al Fandi, ese encantador de masas, no se le puede pedir más. Es así y torea así. Todo le vale. Si bajase la mano, se colocara en el sitio y sintiera lo que hace, sería perfecto. Al segundo lo llevó al caballo con chicuelinas al paso. Lo mimó para arrearle tres carreras en banderillas. Un par potable: el del violín. Le pegó pases en todos los terrenos sin llegar a calar en el tendido. Con el buen quinto se metió al público en el bolsillo tras un gran par de poder a poder. Los rodillazos, en el platillo, salieron limpios y ligados. Ya de pie, se puso al hilo y lo llevó con mimo a media altura. Un pisotón del toro le costó un palizón. La espada le privó de un gran triunfo. Cachis.

 

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