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La crisis económica convierte las calles en el hogar de 150 personas

La coordinadora de centros para la atención a los sintecho hará un censo y un informe sobre el perfil de estas personas. La mendicidad repunta en el centro de la capital aragonesa.

Casilda, una portuguesa de 86 años, se coloca una pierna ortopédica en el Coso.
La crisis económica convierte las calles en el hogar de 150 personas
OLIVER DUCH

Mendigos, transeúntes, vagabundos, indigentes, sintecho. Distintos términos para denominar la misma situación: la pobreza. La actual crisis económica está provocando que cada vez más personas se queden sin hogar como consecuencia de la pérdida de trabajo y de los desahucios por falta de ingresos. La mendicidad no deja de aumentar y solo en Zaragoza viven en la calle alrededor de 150 personas, según datos de Cáritas.

Manuel, Antonia, Rafael y Casilda son algunas de esas personas que deambulan a diario por la capital aragonesa intentando conseguir algo que llevarse a la boca. Son personas sin hogar, aquellas que viven, literalmente, en las calles. Eligen las más céntricas de la ciudad, ya que son las que presentan una mayor afluencia y, por lo tanto, más opciones de ganar algo. Duermen en cajeros automáticos, soportales, marquesinas... o utilizan recursos de urgencia para pernoctar y comer.

Manuel Goyes, de 58 años, y su pareja, Antonia Pérez, de 56, duermen en el paseo de la Independencia desde hace ocho meses. Esta pareja de andaluces vinieron a Zaragoza en busca de trabajo. Manuel tenía un taller de decoración en Tarragona, pero unas cataratas hicieron que su vista se nublara tanto como para cerrar el negocio. “Lo que más deseo en esta vida es arreglarme la vista para poder trabajar otra vez”, aseguró. En octubre tiene cita con el oculista, pero hasta entonces no sabe qué hacer. Su compañera, Antonia, tiene un esguince en el tobillo. “He buscado trabajo como cocinera o limpiadora, pero no he encontrado nada. Además, con el pie así no puedo trabajar”, afirmó. Esta pareja permaneció 12 días de agosto en el albergue municipal, pero hasta dentro de tres meses no podrán volver. Así que cada día buscan unos cartones que hacen las veces de colchón y van a comer al Refugio.

De la mendicidad vive también la portuguesa Casilda de Losantos, que lleva una década en Zaragoza. “Cumplí 86 años el pasado 22 de agosto”, explicó. Tiene una pierna amputada ya que padeció una gangrena hace muchos años. Ella duerme en un piso con otras seis personas, pero pide limosna en las calles más céntricas de la ciudad. “Solo pido para comer”, añadió la anciana.

Censo actualizado

Aunque los colectivos que trabajan con los transeúntes cifran en 150 el número de personas sin techo, la coordinadora de centros y servicios para la atención a personas sin hogar se ha propuesto actualizar los datos en Aragón. Harán un nuevo censo y tratarán de conocer mejor el perfil de este tipo de personas para intentar mejorar la atención que les prestan.

Actualmente, las organizaciones solidarias se guían por los datos de personas sin hogar de Madrid y Barcelona, recogidos en 2008. Estos datos afirman que la mayoría de personas sin hogar son hombres (más del 89%), de menos de 30 años (el 40%), con estudios básicos (41%), con más de tres años sin alojamiento propio (37,5%); que han trabajado, sobre todo en construcción y hostelería; la mitad españoles; con más de un año en la calle (62%) y enfermos (un 46%).

La coordinadora de centros y servicios para la atención a personas sin hogar trata de conjugar la labor de las entidades que trabajan con estas personas para obtener resultados más efectivos y así llegar a más gente. Uno de estas colectivos es el El Refugio, que comenzará mañana a repartir alimentos a las personas más necesitadas.

“Damos de comer a 700 personas”, explicó Adolfo Alonso, gerente del Refugio. “Vienen cada semana a recoger siete kilos de comida”, añadió. Además, ofrecen servicios de ropero y ‘La gota de leche’, un proyecto basado en la alimentación de 800 niños. “Nunca diremos que no a una madre que venga con su bebé”, afirmó Alonso.

Por su parte, la Policía Local se ampara en la Ordenanza Reguladora de Actividades Comerciales e Industriales en Terrenos Públicos para medir sus actuaciones. “Básicamente, les informamos de los servicios sociales a los que pueden acudir”, explicaron fuentes de la Policía Local.

Además, si por consumo de alcohol o drogas se encuentran en una situación de peligro para su salud llaman a una ambulancia. Y, sobre todo, hacen informes de los niños que mendigan por las calles, ya que esto sí que está totalmente prohibido. “No pueden utilizar a sus hijos para dar pena porque de alguna forma, los están utilizando para lucrarse”, informó la Policía.

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