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LAS CINCO VILLAS

Uncastillo premia la solidaridad

Los habitantes de la puerta de Europa son conscientes de que, a pesar de los desencuentros, el paso de Beni-Enzar, el más importante de los cuatro que unen la ciudad autónoma y Marruecos, es el motor de la zona.

Los uncastilleros acudieron al rastrillo y la tómbola ubicadas en la plaza del Mercado.
Uncastillo premia la solidaridad
MAITE PUEYO

La fiesta no está reñida con la solidaridad. Eso lo saben bien en Uncastillo, municipio que ayer volvió a volcarse con los proyectos que la misionera Isabel Marco desarrolla en Mauritania. Los vecinos acudieron a la plaza del Mercado para poner su granito de arena en la iniciativa benéfica 'África: tan lejos... tan cerca'. Compraron productos en el rastrillo, participaron en la tómbola y, de paso, degustaron buena comida y disfrutaron de la música y las actividades infantiles.

Marco, hermana nacida en el municipio de las Cinco Villas, lleva seis años en Mauritania, misión posterior a la que ya realizó durante 16 años en Camerún. Su labor se centra en dignificar el papel de las mujeres del país africano, que viven en una posición difícil. Y también atiende a los niños con problemas de desnutrición y a los dependientes. El objetivo de los actos benéficos era recaudar fondos y favorecer a las mauritanas, para las que se adquieren terrenos y viviendas y se crean cooperativas.

La jornada fue organizada por un grupo de uncastilleros con la colaboración de la asociación cultural La Lonjeta y el Ayuntamiento. Maite Pueyo, una de las coordinadoras de la propuesta solidaria, destacó que pretendían canalizar la ayuda de los vecinos de la localidad a través de distintas actividades. No es la primera vez que prestan su apoyo a la misionera. Ya habían hecho dos rastrillos y vendido productos textiles elaborados por las mujeres africanas.

Los ciudadanos de Uncastillo respondieron. Vaya si lo hicieron. A las 15.00 de la tarde los asistentes habían comprado tres cuartas partes de los 5.000 boletos sacados para la tómbola al precio de un euro. Mil cupones escondían premios directos, como elementos de decoración, cosméticos, vino, cestas con alimentos de la huerta...

Los no agraciados entraban en el sorteo de estancias en habitaciones de hotel, cenas en restaurantes, juegos de neumáticos, circuitos en balnearios, jamones, bicicletas y electrodomésticos. Los productos fueron donados por distintas empresas. Una forma de recompensar a los vecinos por su labor solidaria. Aunque posiblemente a la mayoría le movió más el valor social de su aportación que el obsequio en sí.

Miles de productos

El rastrillo fue posible gracias a las donaciones de particulares. Por un coste máximo de tres euros, los uncastilleros podían adquirir bisutería, libros o juguetes dispuestos en una mesa de diez metros. Pueyo no supo decir cuántos productos había, si bien habló de miles. Un reflejo de la expectación que generó la cita.

Los organizadores colocaron una barra de bar con tapas preparadas por vecinos. Las empanadillas, gambas o croquetas, todas a un euro, volaron por la mañana y hubo que reponer el género. A la hora de la cena se ofrecieron porciones de pizza y tortilla. Para animar la velada, a la comida se sumaron la música y los juegos infantiles. Los jóvenes bailaron al ritmo del 'waka-waka' de Shakira.

Marco no pudo ocultar su emoción por la actitud de los uncastilleros. La religiosa aseguró que el ambiente de la plaza del Mercado le impresionó. El compromiso social no conoce de crisis.

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