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REMODELACIÓN

La avenida de Cataluña comienza a restañar por fin sus viejas heridas

La próxima semana se derribarán las naves abandonadas de Río Ara y, en noviembre, los edificios a la altura del número 221.

La zona que se derribará ha sido vallada.
La avenida de Cataluña comienza a restañar por fin sus viejas heridas
TONI GALÁN/A PHOTO AGENCY

La ley de la selva que ha regido durante años en algunos rincones de la avenida de Cataluña parece tocar a su fin. Escombreras, polígonos abandonados y naves dejadas de la mano de Dios, en las que se acumula la basura y se trapichea con drogas. Esta era la instantánea habitual de una zona cuyos vecinos llevaban una década pidiendo que se actuara para evitar la degradación. Su persistencia ha tenido premio y hace un par de semanas se valló el entorno de la calle del Río Ara y comenzaron los trabajos de limpieza previos a su completa demolición.

"La semana que viene vendrán las máquinas grandes para tirar los edificios abajo", comentaba ayer María Luisa Gómez, presidenta de la Asociación de Vecinos de la Avenida Cataluña, que recordaba que esta zona de la ciudad era "una foco de insalubridad" y que, para colmo de males, está "cerca del colegio Gloria Arenillas y del Instituto Río Gállego".

En el enclave vallado hasta el momento están trabajando seis personas, pero conforme avancen los trabajos este número podría elevarse hasta los quince operarios. La empresa de demoliciones San Juan es la encargada de la obra, que de momento ha echado mano de retroexcavadoras (modelo Liebherr 924) para abrir huecos en las fachadas de las naves para ir retirando enseres e introducir maquinaria pequeña.

David Ramón, de la citada empresa de derribos, explica que hasta el momento se han llevado a cabo tareas de limpieza, en un trabajo arduo, largo y casi manual. "En un derribo hay que segregar los materiales de residuos. Sobre todo, donde ha habido personal habitando hay que separar los enseres del hormigón, el cemento, el hierro?", señala Ramón.

Está previsto que la semana que viene ya se asomen por Río Ara maquinaria de más envergadura, demoledoras con pinzas y pulpos, palas cargadoras o machacadoras para triturar el material pétreo.

Más de 1.400 viviendas

Prácticamente se va a derribar toda la avenida de Río de Ara y sobre el futuro de lo que serán solares planean varias incógnitas. En su día se aprobó la construcción de 1.480 viviendas pero "con el parón que hay ahora en el sector de la construcción es previsible que se demoren los planes de habitabilidad para esta zona", comentaba ayer María Luisa Gómez. Si así fuera, los vecinos sí solicitan que el recinto vuelva a vallarse para que no se convierta en un vertedero ni atraiga al chabolismo.

"Es que aquí ha habido muchos problemas de ratas, de robos y de menudeo de droga", comentan los vecinos, al tiempo que explican que las primeras naves comenzaron a desmantelarse hace ahora diez años y que fue hace cinco cuando toda la manzana quedó completamente abandonada. Los edificios vacíos atrajeron a okupas, vagabundos y sintecho que, según los vecinos, no se encargaron precisamente de cuidar las instalaciones. Lo que en su día fueron concesionarios de coches o fábricas de molduras se convirtieron en un avispero de residuos, desperdicios y, lo que es peor, en una suerte de infraviviendas para quienes se metían allí a vivir.

De hecho, varios conatos de incendio cuando aún quedaban moradores fueron los que agotaron la paciencia del Consistorio, que el pasado 30 de junio dio un ultimátum a los propietarios de las naves (reunidos en una junta de compensación) para comenzar su derribo. Otro requerimiento del 28 de julio del área de Urbanismo decretó el inminente inicio del derribo y advertir a los propietarios con multas de hasta 3.000 euros.

Otros puntos negros

Aunque el problema de las naves abandonadas de la calle de Río Ara esté en vías de solucionarse, esta no es la única zona candente en la avenida de Cataluña. "También pedimos la demolición de las construcciones a la altura de los portales 221 y el 223. Allí están los locales de Remar que desde hace unos cuantos días han colgado un cartel que reza 'Liquidación por derribo", explica María Luisa Gómez.

Según la asociación vecinal, Remar tiene hasta el 31 de octubre para desalojar sus locales y, después, podrían empezar los trabajos de demolición. Esta hipótesis está vinculada a otra polémica en otro punto de la ciudad: Rosales del Canal, el barrio de nueva construcción, en donde el Ayuntamiento ha reservado su última parcela libre (con el enfado de los vecinos que exigen un centro cívico) para el traslado de Remar.

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