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PESCA

Pescado directo a la sartén y 'sushi' de siluro, entre otras leyendas

Algunos pescadores, sobre todo de otras nacionalidades, practican la pesca en las riberas. Muchos aseguran que es para su propio consumo.

Hace solo unas semanas, varios ciudadanos extranjeros se colocaron en la zona del azud. Habían tejido una rústica red que echaban al río cada poco tiempo. Al rato, la sacaban bien surtida de peces que ya no volvían al agua. Los pescadores de la zona y los propios viandantes dan fe de este episodio y de muchos otros. "Es frecuente encontrarse con extranjeros que desde la orilla o medio metidos en el agua pescan lo que pueden", explican algunos habituales en la zona.

La ley marca que hay que devolver las piezas al agua, pero muchos no quieren denunciar a los que no lo hacen porque temen que no tengan mucho más que llevarse a la boca. En el caso de los siluros, además, la norma no es tan clara. En el reglamento, se invita a los pescadores a matar al siluro al que capturen, ya que se trata de especies colonizadoras. "Así que si esa persona se lo lleva a casa, ella sabrá, no tiene por qué ser ilegal. El problema vendrá si intenta venderlo o si no tiene miedo a que sea un alimento que no cumpla con los requisitos higiénicos al pasar por su sartén", dicen las mismas fuentes.

"Lo importante es que el pescador cumpla la ley, disfrute del medio ambiente y procure dejarlo como lo encontró, limpio y sin basura. Si no tenemos peces, se acabó la pesca", apunta Jesús Abadía, delegado de la Fapyc en Zaragoza.

Algunas conductas son un verdadero problema en el embalse de Mequinenza, como estos días ha denunciado HERALDO. En esta zona, el negocio ha terminado por agotar la paciencia de quienes aman este deporte y se ha convertido en una preocupación, que sobrepasa lo legal y colisiona con la salud y la higiene.

"Yo lo he visto -dice José María Álvarez- ahora ya los sacan, les hacen tres cortes, les echan sal y los dejan hasta que los venden".

Otros casos rozan con la rumorología. Entre algunas de las leyendas urbanas más activas está la de que los restaurantes orientales sirven siluro y que este, supuestamente, estaría pescado a pocos metros del centro de la ciudad, en el Ebro. "Yo he visto que ejemplares grandes sacados en Alagón se los llevaban personas orientales", dice un pescador. "El siluro tiene mal aspecto por su piel gelatinosa, pero no tiene ni una raspa, y en otros países se come".

Ahora bien, de ahí a suponer que hubo venta, que quien lo compró tenía un restaurante y que luego hizo 'sushi' y lo sirvió, va un trecho. Sobre todo teniendo en cuenta los controles que todos los hosteleros deben pasar.

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