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DENUNCIA CIUDADANA

"Los yonquis se pinchan aquí a plena luz del día"

Los vecinos de la plaza de José María Forqué, en Zaragoza, critican su degradación, y la atribuyen a la presencia de personas ebrias, drogadictos y prostitutas.

Javier muestra el agujero de la valla por la que entran personas a un solar para consumir drogas.
"Los yonquis se pinchan aquí a plena luz del día"
OLIVER DUCH

Los vecinos del entorno de la plaza de José María Forqué, en el centro de la capital aragonesa, están hartos de la prostitución y del consumo de drogas que se da en la zona, en muchas ocasiones a plena luz del día. "El problema viene de largo. Y lejos de mejorar, empeora con el tiempo", asegura Javier, un vecino de 40 años que lleva siete viviendo en un piso que da a esa plaza y antes había tenido su residencia también en este barrio. "A muchos de los que vienen por aquí a beber y pincharse los conocemos ya de hace tiempo. Siempre son los mismos", indica.

En una esquina de la plaza de José María Forqué, hay un solar que linda con la calle de La Palma y que anteriormente pertenecía al regimiento militar de Pontoneros. Ahora está abandonado. En él queda todavía un edificio en mal estado (del cual se ha rehabilitado una parte de la fachada para evitar su derrumbamiento) y un gran descampado en una hondonada. "Está semivallado, pero hay muchos agujeros en la alambrada por los que entran los yonquis a pincharse y las prostitutas a hacer su trabajo", cuenta Javier. De hecho, se observan por el suelo preservativos usados. "Y hoy no se ven jeringuillas. Será que los servicios de limpieza o la Policía las ha quitado", apunta este vecino. "Gran parte del problema se solucionaría simplemente poniendo una valla en condiciones. Como hicieron con otro solar que había en frente y que también frecuentaban los yonquis. Lo cerraron bien y ya no han vuelto a ir allí", afirma.

Javier asegura que los drogodependientes no siempre acuden amparados por la oscuridad de la noche, sino que, en ocasiones, lo hacen a plena luz del día. De hecho, en invierno, según cuentan algunos vecinos, trasladan su actividad a los porches de la plaza, en las proximidades de un supermercado. "Un vecino iba una vez con su hijo, a eso de las 20.00, y se topó con un yonqui pinchándose. El niño le preguntó: 'Papá, ¿ese hombre está enfermo, que se pincha?' ¿Cómo le explicas al chaval lo que pasa realmente?", se cuestiona.

Los vecinos también se quejan de las personas que acuden a los bancos de la plaza a beber. "Por la mañana, recién levantados, están muy tranquilitos, pero cuando llevan una o dos cervezas de más (que suele ser a primera hora de la tarde), se llegan a volver agresivos. Se gritan entre ellos e, incluso, increpan a los que pasean por allí", indica Javier.

Además, algunos ciudadanos están hartos de la suciedad que se genera. "Todos los días a primera hora, pasan los servicios de limpieza por aquí para adecentar la plaza, pero a las horas ya hay restos de meadas otra vez", dice.

Patrullas por el distrito

Desde la Policía Nacional informan de que se llevan a cabo labores de prevención en puntos como este, de especial atención. Los coches patrulla vigilan los distritos más críticos para tranquilizar a los vecinos y tratar de ahuyentar a los consumidores de drogas.

No obstante, para Javier no es suficiente. "En cuanto los coches policiales se van, vuelven otra vez a la plaza. Es solo un remedio. Se necesita más vigilancia".

Entre los vecinos también se oyen muchas quejas por la actividad de las prostitutas. "Esto es más reciente, porque antes no daban mal ni alborotaban, pero ahora se ponen a lo largo de la calle de la Madre Rafols, a la que da también el Hospital Provincial y el Convento de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, y muchas veces llaman a gritos a los hombres", señala. Actúan sobre todo por la noche, pero también a última hora de la tarde se las puede ver por la plaza. "El otro día iba paseando con mi hija por la calle de La Palma, muy cerca de allí, y me encontré a una mujer que le estaba haciendo una felación a un hombre", recuerda Javier.

Este vecino cuenta que muchas veces las prostitutas se meten a los coches de los clientes, que se suben a la misma acera de la plaza de José María Forqué y llevan a cabo allí su trabajo. "Después, muchos tiran los preservativos por la ventanilla", señala.

El problema, según indica, se acentúa porque son muchos los vecinos que viven de alquiler y optan por pasar del tema, sabedores de que solo soportarán esta situación temporalmente. "Pero hay otros que la sufrimos todos los días y de forma indefinida", se lamenta.

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