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PARQUES

"El vandalismo es lo único malo del bonito parque Castillo de Palomar"

El parque Castillo Palomar se construyó adaptado al terreno, en diferentes alturas. Los vecinos lo valoran mucho, pero critican las pintadas y destrozos.

De izquierda a derecha, Valeri Navarro, Juan Pablo Vázquez, Rosa María Díaz y Luis Morales, en el parque Castillo de Palomar.
"El vandalismo es lo único malo del bonito parque Castillo de Palomar"
LAURA URANGA

En el parque Castillo de Palomar (en la zona de Monsalud, en el barrio de las Delicias) no había castillo ni palomas. Este original parque en varias alturas, con vistas a la estación intermodal, se construyó en la antigua finca de la familia Palomar, del siglo XIX. Por el terreno que ocupa, sobre una colina, es uno de los parques más curiosos de la ciudad.

"La familia Palomar vino a vivir aquí en 1881 y se construyó una casa con forma de castillo. Era una finca muy grande que ocupaba todo lo que hoy es el barrio de Monsalud. El terreno fue pasando de mano en mano hasta que se cedió al Ayuntamiento, que decidió hacer aquí una zona residencial y un parque. En 1971 se inauguró el parque y en 1992 se amplió, con los terrenos de las antiguas viviendas de Tudor", cuenta la historia Juan Pablo Vázquez, de 60 años, presidente de la asociación de vecinos Bombarda-Monsalud.

"Es un parque aterrazado, en varias alturas, que se ha adaptado muy bien al terreno natural. El barrio de Monsalud ha ido creciendo a su alrededor", señala Juan Pablo. El parque, en sus orígenes, era una zona verde rodeada de huertas. La avenida de Navarra era una carretera de dos carriles y la estación de Delicias, una pequeña terminal. Hoy la intermodal se alza frente al parque, rodeado de edificios.

"Cuando vinimos a vivir aquí, era un parque más salvaje. Tenía unas vistas espectaculares. Veníamos mucho con los chicos, porque no había otra cosa de ocio en el barrio. Donde ahora está la pista de futbito, antes había una piscina", recuerda Valeri Navarro, de 56 años y vecina de Monsalud desde 1976.

Su amiga Rosa María Díaz, de 59 años, también recuerda las tardes con los chicos pequeños en el parque. "He venido mucho con mis hijos, que ahora tienen 32 y 36 años. Había actuaciones musicales y teatro en un pequeño escenario, veníamos a la piscina, a jugar, a correr. Y ahora que los chicos son mayores, vengo yo con mis amigas a pasear y a hacer ejercicios en los aparatos", señala Rosa.

"Siempre ha sido un parque muy utilizado, un punto de encuentro del barrio. Tiene juegos para niños, una pista deportiva, una zona con aparatos de gimnasia para mayores, una pista de petanca, otra de tanguillo (juego tradicional, con unos discos de metal) y un quiosco con actividades para jóvenes", apunta Juan Pablo. Mientras los vecinos charlan, los veteranos del lugar juegan unas partidas de cartas en unas mesas a la sombra, y se montan los equipos para un partido de fútbol entre jóvenes en la pista.

El campo de futbito está rodeado por una valla medio rota. "El parque es muy bonito, con un tamaño ideal para pasear, pero el vandalismo es la nota negativa. Está todo lleno de pintadas. ¿Cómo pueden llamar arte a los grafitis? Tal vez haría falta más vigilancia para que todos respetaran las zonas públicas", apunta Luis Morales, de 73 años, estadounidense y vecino del barrio desde hace tres décadas, cuando vino a trabajar a la Base.

Pese a los actos puntuales de vandalismo, los vecinos le ponen buena nota a su parque. Había otro punto negativo, pero se está solucionando: "Durante más de treinta años, en la avenida de Navarra, junto al parque, había un solar con el esqueleto de un edificio que no se terminó nunca. Tras muchas reivindicaciones, conseguimos que lo derribaran y ahí se está construyendo una pasarela peatonal para cruzar a la estación", cuenta Juan Pablo.

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