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Zaragoza

JUAN ALBERTO BELLOCH

"Con el cambio se logra más autoridad y coordinación"

Rechaza que Francisco Catalá "abandone el barco" y alaba su gestión.

El alcalde, en su despacho, tras remodelar su equipo.
"Con el cambio se logra más autoridad y coordinación"
OLIVER DUCH

¿Un cambio en el Área de Economía supone un problema a la hora de afrontar la crisis?

En este momento, no. Y por una razón muy clara: está enfocada la solución. Ya está en marcha la comisión de participación de los grupos y, por lo tanto, la continuidad está garantizada.

Fía mucho a la comisión.

La comisión es la clave y eso no depende de una persona, sino del gobierno y de la buena voluntad de los grupos, con la que cuento.

¿Con la entrada de Gimeno se refuerza el Área económica?

Se le da más importancia. No es casualidad que sea el vicealcalde, la persona de mi máxima confianza y que tenga la obligación de coordinar todas las áreas. Es como si al vicepresidente le dan la cartera de Interior; refuerza la autoridad en tiempos de crisis. Y hay otra cuestión técnica, todo lo horizontal de la casa se unifica. Con el cambio se logra más autoridad política y mejor coordinación.

¿Cuáles serán sus aportaciones en materia económica?

Fernando sabe de economía, por lo que podrá aportar su buen hacer. Pero técnicamente hablando, esto no es muy difícil. Lo difícil es ponerse de acuerdo, porque el PP se ha autoexcluido desde el principio por seguir, me imagino, la línea de la política nacional o por orden expresa de Rudi. El resto de grupos quieren, de verdad, hacer un esfuerzo político para adelgazar estructuralmente la administración.

Con la salida de Catalá quedan cinco consejeros. ¿No es demasiada carga para un equipo tan reducido?

He procurado que tuviera lógica interna y que el peso quedara bastante equilibrado entre todos. Hay que hacer más con menos y este mensaje, en el caso del gobierno municipal, debe verse en que son capaces de trabajar ganando menos. También tiene su ventaja; han trabajado mucho juntos y son muy sólidos. Faltando diez meses para las elecciones, descontando agosto, era complicado introducir a otra persona.

Catalá pone su futuro profesional por delante del Ayuntamiento en medio de una grave crisis. ¿Abandonar el barco en el peor momento es políticamente aceptable?

Es que para mí no es abandonar el barco. Simplemente es un funcionario del máximo nivel que ha aspirado toda su vida a un cargo de esas características (consejero de embajada) y que finalmente ha ganado en un concurso de méritos. A ninguna persona, y menos a un amigo, le voy a frenar su carrera profesional. Y que se vaya no implica que se abandone el gobierno porque tenemos banquillo suficiente para hacer las cosas bien.

¿Cómo valora su gestión?

Creo sinceramente que ha sido buena. La pega que se pone es la deuda, pero la cuestión está en saber en qué se ha empleado. Y cualquier zaragozano lo sabe al ver todos los días los cinturones, las riberas o el parque fluvial. La deuda se ha aprovechado muy bien y decir que es alta es un verdadero tópico. Debemos algo más que el sueldo de un año. A ver qué familia tiene ese privilegio. Y la prueba de que no es grave es que cada vez que hemos emitido deuda han aparecido una docena de bancos.

Pero la oposición se queja de la herencia que deja Catalá.

Simplemente no es verdad.

Catalá nunca cumplió el principio de estabilidad presupuestaria, que con tanto celo defendió su antecesor, Alberto Lafuente.

Cada época necesita un tipo de consejero. En la de plena expansión, había que aprovechar las ventajas de la Expo, por la simple razón de que por cada 15 pesetas que poníamos las otras dos administraciones ponían el resto. Y para eso se necesitaba a un político.

El propio Catalá prevé un desplome de los ingresos de 70 millones, cerrar con remanente de tesorería negativo y sin vender un solo metro de suelo. ¿No se hicieron mal los presupuestos de 2010?

No. Nadie lo podía prever. Es como si a Zapatero le preguntan por qué ha cambiado de criterio en mitad de la crisis. Simplemente, porque nadie preveía la dimensión de la crisis. Ni un genio, y quien lo diga es un fantasma. Con los datos que se tenían era un presupuesto lógico y las circunstancias obligarán a hacer retoques.

Para la oposición, esta remodelación supone el fin de un ciclo.

(Se ríe) ¿Por qué?

Le acusa que desde la Expo ha perdido la iniciativa política.

Eso es confundir la realidad con los deseos. Hoy por hoy, las encuestas dicen lo contrario. Su opinión no se sostiene porque la lista de iniciativas tras la Expo es inacabable. Otra cosa es que algunas las bloquee la oposición.

Pero el pleno de hoy solo incluye 17 puntos, varios de ellos de dar cuenta. ¿Cómo va a recuperar el pulso tras este cambio de gobierno y a un año de las elecciones?

Yo creo que no hay que acelerar. Vamos al ritmo adecuado. El objetivo real es reducir los gastos de forma estructural e intentar impedir que los proyectos se paren porque pueden generar desempleo. Eso es lo que necesita la ciudad.

¿Será el siguiente en marcharse a una embajada tras las elecciones, por ejemplo a la del Vaticano?

Yo no. Eso me lo dijo Rudi y siempre me gusta recordar que fue ella quien se marchó. Yo ya he sido ministro y no necesito ese tipo de obligaciones. Si me presento, será para cumplir mis obligaciones.

¿Tiene dudas?

Me quiero presentar, que no quede ninguna duda.

Las encuestas a nivel nacional apuntan una mayoría absoluta del PP. ¿Teme que el efecto nacional acabe arrastrándole?

No, porque hemos sabido transmitir que gobernamos. Me extrañaría mucho que, en una situación tan complicada, los ciudadanos quisieran arriesgarse a que se haga cargo de esta casa una persona con poca experiencia. Llevar doce años en el Ayuntamiento da garantías de que conozco los problemas de la ciudad. Y que gracias a mi perfil tengo mayor capacidad de influencia en otras administraciones y, por tanto, de aportar soluciones. Si no lo creyese así no querría ser candidato.

Ya tiene 60 años. ¿Tantas ganas tiene de seguir con la que está cayendo?

Sí, porque no lo he acabado todo. Me falta el cierre de la urbe por el Norte y por el Este para terminar el modelo de ciudad que prometí hace años. Si alguien leyera el programa con el que me presenté vería que todo se ha hecho. En definitiva, un proyecto político se agota cuando el modelo se acaba. Ahora solo depende de los ciudadanos.

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