Despliega el menú
Zaragoza

POST EXPO

La celebración del segundo aniversario de la Expo pincha por el mal tiempo

Una tarde muy desapacible deslució _las actividades programadas en las Playas.

Dos jóvenes bañistas, bajo las nubes apocalípticas.
La celebración del segundo aniversario de la Expo pincha por el mal tiempo
OLIVER DUCH

Cómo sería la cosa que la redifusión del Camerún-Japón fue lo más emocionante que se vio ayer en Las Playas. Chispeó, la tarde salió desapacible y el reclamo de ‘piscina gratis’ no fue suficiente para atraer a los zaragozanos. Las nubes y el viento no invitaban. De hecho, durante un rato hubo más medios de comunicación que usuarios en las Playas y ni siquiera el concejal de Cultura, Jerónimo Blasco, a pesar de que lo había anunciado, hizo acto de presencia. La celebración, por tanto, fue de lo más desangelada y en nada evocó a la pompa y el ‘glamour’ que se vivió en el arranque de la Expo hace exactamente dos años en Ranillas.

Era de prever que las actividades programadas para un lunes no tuvieran mucho tirón, pero como la chiquillería ya solo va a clase por la mañana se confiaba en que los talleres de globoflexia o de ‘pinta-caras’ sí gozaran de cierta demanda. Sin embargo, y aunque el ilusionista Miguel Barista y el mago Heli se esforzaron en su empeño, apenas tenían una veintena de infantes como público. La Dixie Rue del Percebe también intentó con sus sonidos jazzísticos traídos de Nueva Orleans levantar los ánimos de los presentes, pero los elementos parecían estar en contra. Chispeaba, venteaba y apenas un puñado de valientes se atrevían a probar el agua (a bañarse, se entiende). Una gran pantalla con partidos del Mundial y la zona reservada para jugar al voley se convertían en los máximos atractivos.

El frente fluvial tampoco estaba más animado. Amenábar hubiera podido rodar allí una de las fantasmales escenas de ‘Abre los ojos’. Apenas dos o tres paseantes, con cara de despistados, buscando las exposiciones de fotografías con las que también se recuerda que en ese mismo lugar, hace exactamente dos años, se vivía una fiesta de dimensiones internacionales. No había, sin embargo, ni carrozas de Fluvi, ni señalización vertical y, aunque volvieron a colgarse las enseñas en la plaza de las Banderas, esta colorista escena pasaba desapercibida a algunos viandantes.

“Es muy mala suerte que haya salido un día así”, decía Francisco Aguirre, vecino de La Almozara, bregando contra el cierzo en su bicicleta. “El fin de semana había un montón de gente en el parque del Agua, pero justo hoy (por ayer) el tiempo nos ha jugado una mala pasada. También pasó en 2008, ¿te acuerdas? Que no pudieron hacer el estreno esperado en el Iceberg porque había una riada tremenda”, recordaba Soledad Martín, junto a la terraza Luna Morena. “Aquí la verdad que no se ve mucho movimiento. Los de las asociaciones de los Sitios sí que saben celebrar bien sus aniversarios, que están cada dos por tres lanzando salves con sus cañones”, bromeaba Aguirre.

Por la noche la reiluminación del recinto también dejó fríos a los espectadores. Quienes esperaran un juego de fugaces luminarias o, acaso, la virtuosidad hecha fuego artificial se equivocaba. Apenas se encendieron la Torre del Agua y el Pabellón Puente, lo que pudo despertar algo de nostalgia a los vecinos del Actur y la Almozara, pero -al no verse los láseres del Anfiteatro- ni se adivinó en el resto de la ciudad.

Etiquetas