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Zaragoza

TURISMO

El último viaje del ascensor del Pilar

El ascensor de la torre del Pilar va a ser sustituido por uno más moderno y panorámico. Su cierre es "inminente". Atrás quedan 43 años de historia.

José Antonio Latre, en la cabina del ascensor que la empresa Giesa construyó en 1967 para la torre del Pilar.
El último viaje del ascensor del Pilar
ESTHER CASAS

Quedarse colgado en un ascensor a sesenta metros de altura no es, para muchos, la mejor de las experiencias. Pero si ocurre en el ascensor del Pilar, y quien te acompaña es José Antonio Latre, la cosa no es para tanto. A las siete menos cuarto de la tarde del pasado domingo -que en teoría era el último día de funcionamiento-, el ascensor del Pilar se quedó atascado casi en su altura máxima. Y José Antonio Latre se ruborizó.

No lo hizo por temor sino porque en ese momento estaba relatando al periodista de HERALDO las bondades de la máquina, construida por Giesa en el 67, con capacidad para 16 personas, 1.200 kilos, y de robustez germánica. "¡Vaya!", debió pensar, contrariado. Pero, con la tranquilidad de quien va a comprar el pan en día de fiesta, elevó los ojos al techo del ascensor y dijo: "Es poca cosa... Por el ruido que ha hecho, no es el fusible... Tampoco el diferencial... (tras coger el 'walkie talkie' que llevaba a la cintura). ¡Silenciero, silenciero! ¿Me escuchas?... Coged la llave del ascensor y haced lo que yo os diga". En apenas dos minutos, con el 'walkie', y a sesenta metros de altura sobre la plaza del Pilar, José Antonio Latre resolvió la avería y el ascensor volvió a funcionar. "Un contacto que se ha hecho mal al arrancar", señalaba.

Pocos ejemplos se pueden encontrar en Aragón de un hombre tan plenamente identificado con una máquina. Latre empezó a trabajar en el ascensor del Pilar en 1971, con 24 años, y desde entonces su vida ha transcurrido entre las cuatro paredes de la cabina, subiendo y bajando, volando sobre Zaragoza. "No hay piloto en España que tenga tantas horas de vuelo como yo -bromea-. Y si hubiera llevado de cuenta los metros que he subido y bajado, ya estaría de vuelta del tercer o cuarto viaje a la luna".

Y en esa identificación con la máquina -Latre ha hecho de la cabina un espacio propio, con ventilador en verano, estufilla en invierno y una vieja radio siempre encendida- hay también mucho cariño. "Este ascensor es bueno, muy bueno. Es que casi no se ha estropeado. Cada diez días pasa revisión y se engrasa. En el 77 hubo que cambiar parte del motor, y hace 10 años o así se renovaron las sirgas, que medían 240 metros. Pero poco más. Es que no falla nunca". Como él. No se recuerda el día que José Antonio Latre haya estado de baja por enfermedad. Si ha faltado a su cita con el ascensor ha sido por fiesta, vacaciones o causa de fuerza mayor.

"Los días de mayor número de visitantes son los sábados. Hay más público por las mañanas que por las tardes, y en verano que en invierno. Y el día del Pilar trabajo de sol a sol. Pero no recuerdo un solo día en que no haya venido ni un visitante. Hasta en las mañanas de niebla más espesa acaba viniendo alguien. Yo soy honesto, les digo que vuelvan por la tarde, porque en Zaragoza la niebla siempre despeja y por la tarde ya se puede ver la ciudad desde arriba". Y es que Latre es uno de los mejores meteorólogos de la ciudad. Desde su atalaya de la torre ve formarse las tormentas, cómo se cargan de lluvia, por dónde se aproximan a la ciudad.

"No hay una vista igual en toda Zaragoza. Yo he estado en la terraza de la Torre del Agua, y bien, pero la vista desde el Pilar es mucho mejor. Por un lado veo la ciudad, por otro el río, allí la sierra de Guara...; en días claros, el Moncayo, a veces los Pirineos... Nada se puede comparar a esto".

En los casi cuatro decenios que lleva en el ascensor le han sucedido infinidad de anécdotas. Es bastante frecuente que parejas de viaje de bodas vuelvan al Pilar mucho tiempo después y le recuerden. "Pero lo más sorprendente que me ha pasado, lo más raro de todo, es un día que se encontraron en la puerta del ascensor una madre y su hijo. La madre vivía en Madrid y el hijo en Sevilla. Y ninguno de los dos sabía que el otro iba a viajar a Zaragoza".

Según aseguraba la semana pasada Teodoro Ríos, arquitecto del Pilar, el domingo era el último día de funcionamiento del ascensor, porque se va a empezar a montar el andamio para restaurar la torre. Pero, ayer, el deán del Cabildo, Manuel Almor, aseguraba no tener constancia de la fecha exacta, aunque aseguraba que el cierre es "inminente". José Antonio Latre estaba ayer de fiesta y regresará hoy a Zaragoza. Trabajará en el ascensor. O no. Nació en Pinseque hace 63 años y quizá ya no conozca el nuevo ascensor. "Espero inaugurarlo y trabajar con él -asegura-. Pero quizá me prejubile antes". Y los ojos se le empañan por la emoción.

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