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Zaragoza

la crónica

El arte de pedir la Luna y jugar al escondite

La comisión municipal creada para recortar gastos nace con la sensación general de que no logrará acuerdos de enjundia.

Hay un viejo adagio en política que dice que cuando no se quiere resolver un problema, lo mejor es crear una comisión. Pues la dichosa sentencia deambula estos días por las cabezas de los portavoces municipales a propósito del grupo de trabajo constituido para analizar los problemas económicos del Ayuntamiento y plantear propuestas de ajuste. ¿Pero hay posibilidades de algún acuerdo? La mayoría cree que no.

Para entender el escepticismo de los munícipes sobre la citada comisión, de la que ya se ha descolgado el PP, solo hay que remontarse al pleno de mayo, que se celebró en plena convulsión nacional por las medidas de recorte anunciadas unos días antes por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Aquella sesión evidenció dos cosas. La primera es que la política económica será el epicentro del debate local hasta las elecciones municipales de 2011 y el principal motivo de desgaste para la coalición PSOE-PAR, que gobierna en minoría. La segunda, que el alcalde Juan Alberto Belloch está más aislado que nunca y que conforme se acerquen los comicios le costará más lograr mayorías. En aquel pleno, Belloch perdió cuatro votaciones, todas ellas vinculadas con la economía. Los socialistas encararon la derrota con suficiencia y desdén. Pero, en cualquier caso, salieron mal parados.

Por eso, el alcalde acogió de tan buen grado la propuesta de CHA de crear una comisión, que luego colocó en el 'secretismo' de la junta de portavoces, para consensuar propuestas económicas. En una primera reunión, los grupos se limitaron a darse dos meses para debatir sobre este asunto.

Para el PSOE era ideal. Lograba dos meses de tregua económica, llegaban las vacaciones y en septiembre, ya se vería. Si había un acuerdo para recortar después de años de gasto y deuda desbocada, el marrón era para todos. La estrategia parecía acompañada por una sonrisa de los socialistas que venía a decir: "A ver si cuela". El PSOE sabía que su plan era pedir demasiado y obviamente no coló.

El PP, ante la encerrona que se le preparaba, recurrió conforme al manual. La dirección popular preparó un listado de peticiones conscientes de que eran inasumibles para los socialistas (rescindir el contrato del Centro de Arte y Tecnología o destituir a Jerónimo Blasco). Es lo que se conoce como pedir la Luna. A la vista de las exigencias (con escaso desarrollo, todo sea dicho), los socialistas se mostraron incluso dispuestos a estudiarlas, sabedores de que el juego consistía en evidenciar que el PP rompía un consenso que ni ellos se acababan de creer. Lo consiguieron a medias.

A Belloch ahora le queda CHA e IU, que también son conscientes de la celada y optan por jugar al escondite. Aunque tienden la mano de primeras y se muestran dispuestos a hablar, los nacionalistas plantean propuestas que se dirigen a la línea de flotación de la política socialista, como la renuncia a los grandes eventos. Por su parte, IU se niega a recortar gastos importantes y centra sus propuestas en la política fiscal. Los dos grupos sospechan, antes de empezar, que si hay acuerdos serán de poca enjundia.

En la oposición se extiende la sensación de que Belloch se resiste a gobernar, que trata de vestir tanto su minoría numérica como la atonía política de los últimos dos años con una comisión que poco puede decidir. Y en el horizonte se vislumbra la amenaza de la prórroga presupuestaria y más confrontación. Pronto llegará la campaña electoral y entonces no habrá quien pare la pelea.

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