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Zaragoza
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IÑAKI ALDAY, ARQUITECTO

"La administración debe invertir en excelencia, no en mediocridad"

Tras reformar (no sin polémica) el paseo de la Independencia y diseñar el Parque del Agua, el estudio Alday-Jover acomete actualmente otro magno proyecto: la integración urbana del futuro tranvía.

Iñaki Alday, ayer, entre los postes de banderas del Consistorio.
"La administración debe invertir en excelencia, no en mediocridad"
OLIVER DUCH

Remodeló el paseo de la Independencia, tuvo una participación activa en la Expo y, ahora, le toca lidiar con el tranvía?

Es un privilegio intervenir en las calles más emblemáticas de Zaragoza y, al ser de aquí, emocionalmente uno se implica e ilusiona más.

¿Aunque las farolas de Independencia le costaron más de un disgusto?

En ese momento no nos asustaba aguantar la polémica porque estábamos convencidos de que cuando la gente empezara a usar el paseo lo iba a disfrutar. Al poco tiempo se asumió con naturalidad y las farolas cumplen con su objetivo de iluminar un amplio espacio peatonal que ha borrado la sensación de vial rodado.

¿El tiempo todo lo cura?

No hicimos nada extraño, hicimos el trabajo de la Real Academia: limpiar, fijar y dar esplendor. Se trataba de ordenar espacios, limpiarlos y dejarlos para el uso. La operación del tranvía también va en esta línea disciplinar.

¿Habrá, entonces, sorpresas?

Me refiero a que en la traza del tranvía se busca también que el peatón adquiera preponderancia. Habrá cambios muy importantes que se asumirán rápidamente, por ejemplo, la continuidad peatonal de los andadores de Fernando el Católico y Gran Vía. Tendrán más uso y serán más eficientes. Ahora, sin ir más lejos, la plaza de San Francisco es una especie de isla fortificada. En su centro se colocará una parada de tranvía para aprovechar este espacio.

¿Augura problemas de tráfico?

El tráfico rodado privado reducirá su espacio y se impedirán los giros a izquierda. Solo se podrá girar rodeando una manzana, por ejemplo, en la avenida de Goya y en la calle de Alférez Provisional. Se eliminará el tráfico pasante pero se permitirá el acceso a quien lo necesite.

¿Cómo se articula el proyecto con la estación de cercanías de Goya?

Se colocará una estación al comienzo de Fernando el Católico, que hará las veces de intercambiador con el Cercanías. Los andenes estarán lo más próximo posible para que haya continuidad peatonal.

¿Se están cumpliendo los plazos?

A principios de la próxima primavera debería estar ya todo en funcionamiento. Los vecinos descubrirán una mejora extraordinaria de su entorno y espacio. Entiendo que las obras son incomodísimas (yo evito hacerlas en mi casa), pero en poco tiempo te olvidas. También podemos sentirnos molestos de que se degraden espacios y no se intervenga en ellos.

Cuando se redescubrió el Huerva, algunas voces abogaron por integrarlo.

Tenemos un problema de dimensión, si la Gran Vía en lugar de 40 metros tuviera 60, entonces sí se hubiera podido repensar la relación con el río. En este momento, el río, el coche, el tranvía y el peatón no nos caben. Quizá dentro de 20 ó 30 años Gran Vía se peatonalice completamente y se pueda replantear la relación con el río. Ahora no tenía sentido hacer intervenciones temáticas o anecdóticas como hacer agujeros para mirarlo a oscuras como también se propuso.

También hay que hacer hueco al carril bici?

Encajarlo ha sido un esfuerzo importante, aunque el tranvía era la oportunidad de que se implantara porque son dos infraestructuras de transporte longitudinal. Se podrá bajar de Valdespartera al centro de la ciudad en bicicleta de forma segura y eficiente.

El plan de ajuste está poniendo en canción los grandes proyectos...

En España hemos actuado como nuevos ricos durante un par de décadas y, ahora, toca meditar y ejecutar con conocimiento de causa: apostar por el uso y no por la exhibición. Pero no podemos parar, eso sería un error. El país se ha dotado de infraestructuras y servicios, ha mejorado la calidad de vida, tenemos acceso a equipamientos deportivos, culturales, y sería un error gravísimo perder la ambición de seguir mejorando.

Seguir mejorando, pero no a cualquier precio...

La administración pública, como un buen cliente, tiene la obligación de invertir en excelencia y no en mediocridad. La innovación y la calidad de su patrimonio público es el legado que deja.

Y a los arquitectos, ¿les obsesiona dejar su sello de autor?

Nuestra impronta es dar una buena solución a un problema, no buscamos imponer un estilo ni alimentar un ego.

Ejerza de 'abogado del diablo': hay edificios espectaculares que no son nada prácticos...

El 99% de la arquitectura se hace pensando en el usuario, pero el usuario es muy diverso y es imposible contentar a todo el mundo. Un edificio ha de resultar útil para el máximo de gente posible, pero esas quejas son un lugar común.

Ejerza de visionario, ¿cuáles son los próximos retos urbanísticos de Zaragoza?

Queda el atar bien las conexiones con el paseo de Sagasta, sobre todo, intervenir en su entronque con la plaza de Paraíso. También el paseo de Pamplona, antes o después, necesitará una renovación porque está penalizado por el tráfico y se puede mejorar mucho.

¿La ciudad comienza a asemejarse a las capitales europeas?

Zaragoza ha dado un salto importante y los ciudadanos deberíamos seguir exigiendo calidad y un cierto refinamiento cultural. No vale todo, no seamos horteras. Estamos haciendo una actualización de la ciudad importante -el mejor ejemplo es el tratamiento de los ríos- y este salto se produce al comprobar que hay cosas que funcionan en el mundo y que no existen extraños campos magnéticos que impidan que funcionen aquí también. Lo más importante de la Expo fue el legado moral de autoestima para los aragoneses.

¿De cuál de sus obras se siente más orgulloso?

La recuperación de las riberas del Gállego en Zuera fue una obra muy humilde pero que marcó nuestra línea de trabajo respecto al espacio público y la naturaleza. Así pudimos realizar 'en grande' el Parque del Agua, que cuenta con el beneplácito de los usuarios y de los expertos que lo miran desde lejos. Estos dos criterios casi nunca suelen coincidir.

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