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Zaragoza
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Una habitación con vistas... a un vertedero

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El barrio Oliver de Zaragoza es un distrito en expansión que, pese a haber experimentado muchas mejoras en los últimos años, todavía sufre algunas carencias que restan calidad de vida a sus pobladores. Sobre todo, en lo relativo al cuidado y mantenimiento de algunas de sus zonas.

Ángel Fustero se marchó a vivir a este barrio en el año 2006, a una vivienda muy próxima a la calle Miguel Artigas. Cuando se instaló, no podía dar crédito a las vistas tan magníficas que tendría desde su nueva casa: a la izquierda, el Moncayo; a su derecha, el meandro de Ranillas y la nueva Zaragoza de la Exposición Internacional entonces en construcción... Pero, al echar la vista abajo, se encontró con el mal estado de la zona que linda con un parque aledaño. La basura se acumula allí entre la maleza, que crece descontrolada por donde antes pasaba una pequeña acequia.

La calle del olvido

Miguel Artigas es una vía que termina donde empieza el parque construido gracias a los últimos proyectos de actuación municipales. Hace poco tiempo se instaló en ella un guardarraíl para evitar posibles accidentes. Sin embargo, la zona sigue entrañando un riesgo evidente para cualquier transeúnte que quiera acceder al parque desde esta calle o desde la siguiente paralela, en dirección a Esteban Pujasol. Los accesos son casi impracticables: terraplenes y escaleras en mal estado son la única forma de llegar al parque desde este punto.

Ángel Fustero es uno de los vecinos que ha dirigido varias quejas al Ayuntamiento. No es el único.

Se lamenta de que desde que vive en la zona "no se ha actuado de manera decidida en este espacio". Pese a haber tenido contestación del Consistorio en alguna ocasión, afirma que "las respuestas han sido vagas y se han limitado a contestar que se actúa conforme a las ordenanzas municipales".

Los vecinos actúan

La basura se acumula entre los pinos. Hay zonas que clarean, porque las malas hierbas acaban de ser arrancadas: "Hay vecinos que las quitan ellos mismos. Si no, nadie se ocupa de ello", concluye Ángel.

A pocos metros del 'abismo' de la calle Miguel Artigas hay varias pistas de petanca, plantas aromáticas, zonas verdes... un entorno bien cuidado en el que desentona esta brecha de suciedad que parece estar en tierra de nadie. De hecho, las fronteras no están claras: si es una zona particular, debería estar vallada, y si no lo es, debería actuarse según las ordenanzas y plazos que rijan la propiedad.

"Es una auténtica escombrera", dice Ángel, que añade que desde el Ayuntamiento le contestan siempre que "la normativa de limpiezas es tal cual y que, no obstante, remitirán su petición al servicio competente", asegura.

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