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Siglo y medio al servicio de la suerte

La Lotería del Rosario ha dado alegrías a los zaragozanos desde que abrió en 1860. Hay familias que juegan al mismo número durante generaciones.

Alejandro Aznar, frente a la administración de lotería.
Siglo y medio al servicio de la suerte
LAURA URANGA

La suerte es una cuestión de fe y de perseverancia. Sobre todo para algunos de los clientes de la Lotería del Rosario, que juegan con el mismo número desde hace generaciones, confiados en que no puede faltar mucho para que la fortuna les sonría. Aunque solo sea por las leyes de la probabilidad.

Para Alejandro Aznar, titular de la administración de El Rosario, ver cada semana a estos clientes basta para que su trabajo merezca la pena. "También es un motivo para seguir la gente mayor de toda la vida, que conoció a mi padre y sigue comprando aquí la lotería y, por supuesto, conocer a aquellos a los que les has vendido un premio", concreta.

La Lotería del Rosario es una institución en Zaragoza. No en vano, es la novena administración española que más vende en Navidad. Se sabe que ya estaba abierta en 1860 en la calle de Don Jaime, y recibió su nombre porque ocupaba el edificio en el que alguien colocó una pequeña virgencita del Rosario. Los tiempos cambiaron y, en 1947, la vida dio un giro para los actuales propietarios. "A nosotros nunca nos ha tocado un premio de los nuestros, pero la lotería nos tocó cuando asignaron la administración a mi abuela, que quedó viuda con un montón de hijos y pudo tirar de esto para salir adelante", recuerda Alejandro.

Este año, además, celebrarán sus 150 años repartiendo fortuna en la ciudad y en el resto de España, sobre todo ahora que venden a través de internet.

La administración tiene 700 clientes fijos semanalmente, y no son pocos los que han visto cómo la suerte les sonreía. "Nosotros hemos dado el premio más alto que ha caído en Zaragoza hasta ahora. Fue en 1980, cuando tocaron 3.000 millones de pesetas en un bar de Tenor Fleta", recuerda Alejandro, que matiza que en Aragón sí que se han dado premios mayores. Insiste, eso sí, en que trabajar ese día fue emocionante, y en que nunca va a olvidar la felicidad que les causó a los beneficiarios. "Aún recuerdo que, cuando iba con mi padre a aquel bar nos recibían de lujo, era una fiesta para todos", dice.

Ahora llegan nuevos tiempos y, con la que está cayendo económicamente hablando, el titular de la administración pone énfasis en un dato: "Lo importante de nuestro trabajo no son solo los premios que damos, sino la labor social". De hecho, por cada décimo que se compra, entre 3 y 4 euros van destinados al Tesoro Público. Con ese dinero se subvencionan servicios sanitarios o educativos.

La administración se enfrenta a nuevos retos, que vendrán marcados por la ley del juego que muy pronto entrará en vigor y que fomentará un mercado de iguales. Eso sí, la suerte seguirá siendo imposible de programar.

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