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El tranvía acelera a un año de su estreno

Un recorrido por el trazado permite descubrir nuevos elementos urbanos.

El tranvía  acelera a un año de su estreno
El tranvía acelera a un año de su estreno

Bordillos, aceras, pasos de cebra, calzadas, paradas... Los elementos urbanos de las obras del tranvía que dentro de varios meses serán habituales para los zaragozanos se empiezan a intuir en el trazado que une Valdespartera con Gran Vía. Un paseo guiado de punta a punta del recorrido permite observar que el avance de las obras es imparable y percibir que lo ajustado de los plazos está haciendo apretar los dientes a la constructora.Este tema, el de los plazos, es casi tabú. Tanto desde el Ayuntamiento de Zaragoza como desde la sociedad Los Tranvías de Zaragoza, encargada de la obra, solo se fija el día en el que empezarán a circular tranvías dentro del "primer semestre del año que viene". Esta amplia horquilla de más de 180 días se puede afinar algo más si se recuerda que cuando comenzaron las obras, el 18 de agosto del año pasado, se anunció que arrancaba una carrera de 21 meses de duración. Si, como dicen sus responsables, "la obra está cumpliendo los plazos", enfila ahora sus últimos 12 meses de trabajos.

Desde aquella calurosa jornada de agosto el trazado ha ido cambiando día a día. Con unos planes semanales que se deben cumplir al milímetro, sí o sí, cada día es un examen. Como señala Óscar Guerrero, jefe de prevención de riesgos y buen conocedor de la obra, "si te desvías un día, el siguiente te tiene que cundir el doble".

Con esta filosofía, los trabajos avanzan con rapidez. De hecho, ya se han instalado carriles en el 75% del recorrido. Con los colocados esta semana en Gran Vía, solo faltan vías en el inicio del cubrimiento, en algunas zonas de Valdespartera y en las intersecciones con la mayoría de las calles que se cruzan en la traza. Puntos muy concretos, pero los más complicados por las afecciones al tráfico que conllevan.

El lugar donde se centran los esfuerzos, como desde el principio, es Gran Vía. Hace menos de un mes que se terminó de volver a cubrir el Huerva y ya hay carriles fijados. A primera hora de la mañana, la zona es un ir y venir de obreros y máquinas -más de 60 operarios trabajan en esta calle- que solo se detiene poco antes de las 10.00, hora del almuerzo. En los bares de la zona o en el mismo trazado, los trabajadores reponen fuerzas antes de volver al tajo. Ya de vuelta, se esfuerzan por poner Gran Vía al nivel del resto de la obra en colocación de carriles y la construcción de la calzada.

En el resto de la traza, los petos amarillos aparecen más dispersos. Los 5,8 kilómetros de la fase 1 de la línea norte-sur difuminan a los 400-420 trabajadores que trabajan regularmente en la obra. "A veces hasta a nosotros nos parece que hay menos de los que tendría que haber, pero es que esto es muy grande", comenta Guerrero.

En Fernando el Católico se dan pasos de gigante. Un tramo de 30 metros ya tiene incluso el asfalto de la calzada echado. Antes se fijaron los carriles, se instalaron los bordillos de las jardineras del bulevar, los de las aceras (de diferentes alturas según estén en distintas zonas)... Esta semana se comenzarán a instalar las baldosas que pisarán los peatones. Cuando el resto de la calle alcance este ritmo, los trabajos 'saltarán' al bulevar y al otro lado de la calzada. Entonces los coches, que ahora circulan por el lado de los portales pares, lo harán por el de los impares. Para eso habrá que esperar alrededor de dos meses.

En la plaza de San Francisco Rafael, uno de los obreros, explica cómo tienen que soportar los desaires de conductores y peatones malhumorados. "Menos guapos, nos dicen de todo", lamenta. Sin embargo, ni eso resta puntos a Rafael a la hora de valorar su trabajo: "Entré en septiembre y estaré hasta el final. Con los tiempos que corren, enganchar esta obra es como que te toque la lotería".

En Isabel la Católica, al haber menos intersecciones de calles y discurrir los carriles por la zona central, se han podido enlazar más metros seguidos de vías. Ahí la obra ha superado su fase más crítica, el desplazamiento de un colector que obligó a hacer una zanja de siete metros. "La gente nos preguntaba si estábamos haciendo tranvía o metro", cuenta Óscar Guerrero.

Vía Ibérica se ha convertido en una especie de 'laboratorio' de instalación de las nuevas baldosas (que ya lucen en puntos de las aceras y los pasos de cebra) y de catenarias. Más adelante, en Valdespartera, las cocheras ya muestran su esqueleto y las vías están terminadas en varias calles. La zona más 'verde' del barrio, la del extremo del recorrido, es, precisamente, la que verá de aquí a un año la salida del primer tranvía moderno de Zaragoza.

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