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Sonora cacerolada para denunciar la "chapucera" reforma del parque Bruil

Los vecinos critican la nula participación ciudadana en un proyecto que "ha hecho que se haya malgastado un millón de euros".

Los vecinos del entorno del parque Bruil -incluso los más jóvenes- sacaron los pucheros a la calle.
Sonora cacerolada para denunciar la "chapucera" reforma del parque Bruil
L. URANGA

Sartenes, cacerolas, grandes cucharones y, sobre todo, muchas ganas de hacer ruido. Decenas de vecinos de la Magdalena, Tenerías y de los alrededores del Casco Histórico se reunieron ayer en el parque Bruil para protestar por una reforma que consideran "una chapuza". "Nos enteramos de que iba a haber obras cuando, por sorpresa, comenzó el vallado del parque. Toda la reforma se ha hecho sin consultar a los vecinos y este es un espacio especialmente sensible porque es la única zona verde del Casco", comentaba ayer David Arribas, de la Asociación Vecinal de la Magdalena, una de las convocantes de esta "cacerolada al estilo de las protestas en Latinoamérica".

Arribas, que ejerció de portavoz -incluso- megáfono en mano, criticó el 'endurecimiento' del parque "que acusa un exceso de cemento y adoquines en detrimento de las praderas". Estos días, junto a los árboles vencidos por las fuertes rachas de viento del pasado martes, las explanadas donde debería haber césped lucen repletas de tierra rastrillada y muchos vecinos dudan que aún se esté a tiempo de plantar la hierba de cara al verano.

Entre silbatos y ruidos de metal (cualquier instrumento era válido con tal de hacerse oír), los presentes reclamaron la recuperación de los espacios comunes que anteriormente servían para celebrar, por ejemplo, la tradicional hoguera de San Juan. Unos echaban de menos los bancos, otros apostaban por la plantación de setos y, en general coincidían en señalar que "lo que todos queremos es un parque digno y de calidad".

Mientras algún chaval -para disgusto de sus padres- se colocaba la cacerola a modo de yelmo y la hacía sonar con rasmia, los congregados repasaban las mejoras que, a su juicio, deberían realizarse en el parque: acabar con la excesiva pavimentación, ocultar los sistemas de riego, reubicación de la zona infantil, recuperar los toboganes... "Si hubieran hecho las cosas bien ya nadie recordaría cómo era el parque antes", decía Rosa María Uroñuela, quejándose también del adoquinado de baldosas abiertas que impide empujar una silla de ruedas. Su compañera Concha de Diego tampoco estaba satisfecha con cómo se han distribuido los bancos y asentía mientras se denunciaba que "el millón de euros que ha costado esta reforma ha sido dinero malgastado".

Los dardos más afilados de la protesta iban dirigidos contra el equipo de gobierno del Ayuntamiento que, a juicio de los manifestantes, "actúa de forma autocrática y da muestras de su pésima calidad democrática. Su obligación como gobernantes es pulsar la opinión de los ciudadanos y no actuar de espaldas, incluso, de la Junta de Distrito", se quejaban.

Respuesta consistorial

En su defensa, fuentes del Ayuntamiento justificaron que la obra apenas tuvo participación ciudadana porque se hizo con dinero del fondo estatal y que urgía presentar el proyecto. Además, el Consistorio defendió que los 463 metros cuadrados de pavimento que se han puesto han sido compensados con 2.057 de zonas verdes.

Como los datos no les cuadran, la pléyade de colectivos convocantes (Asociación Vecinal de la Magdalena, Ampa del C. P. Tenerías, Asociación Gusantina, Ansar y Arrebato) advertía de que "seguiremos dando guerra hasta que alguien nos escuche". Y eso que la de ayer fue la tercera cacerolada que convocan, después de que en junio de 2009, coincidiendo con las fiestas del barrio, se realizaran otras dos. Rosa y Manuela, afectadas como responsables del popular quiosco del parque, iban ayer bien pertrechadas haciendo sonar algo semejante a la tapa de una paellera. "Igual nos pasamos de decibelios". "Anda que con el dolor de cabeza que llevo...", bromeaban entre ellas.

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