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Zaragoza
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Mucho frío y poca gente con calimocho

El coche patrulla recorre unas calles con pocos transeúntes. No va en el vehículo, pero el frío es un compañero de viaje permanente. Su gélida presencia no invita demasiado a salir. Es viernes por la noche. Los dos agentes de la Policía Local realizan una ronda en sus horas de servicio y aprovechan para pasar por los puntos habituales del botellón y comprobar si hay jóvenes valientes, vaso de plástico en mano, que desafían a la meteorología y causan molestias a los vecinos.

 

Ni rastro de muchachos intrépidos en el paseo de la Constitución. Ya sea por la baja temperatura o la normativa municipal, las botellas, bolsas y papeles no pueblan el césped. Y en la plaza de los Sitios, una furgoneta policial es su único morador, con algún caminante puntual. Ni siquiera se oyen murmullos en la cercana calle de Jaime Balmes, antaño refugio de los que huían de los agentes cuando, meses atrás, en el lugar había decenas de chavales y el ruido era considerable.

 

La noche sigue tranquila, solo la voz de la radio del Cuerpo rompe el silencio. Un accidente en la avenida de Cataluña. Antes, un aviso de que un hombre pegaba a su madre. Nada de problemas por el botellón.

 

El coche se detiene en Salvador de Madariaga, junto al parque del antiguo canódromo. Escaso ambiente. Varias chicas escuchan música sin bebidas de por medio en un banco. En el quiosco, seis chicos ofrecen calimocho y vino blanco con piña. Da igual el frío, el alcohol les calienta. "Esto parece 'Callejeros", dice David, de 19 años, al ver al periodista y al fotógrafo. Previamente se había quitado una peluca morada de la cabeza (por aquello del carnaval).

 

Hacen botellón siempre y, si sus familiares no están, montan la fiesta en casa. Y juegan al póquer. Conocen la nueva ordenanza, aunque creen que si no hay jóvenes bebiendo en la calle es más bien porque el tiempo lo desaconseja. Manuel, de 18, comenta que le han multado por orinar en la vía pública y que hizo trabajos sociales.

 

En la plaza de Salamero, un grupo de siete jóvenes (al rato se suman un par) celebra que han terminado, por fin, los exámenes. Miran de reojo al coche patrulla mientras apuntan que luego irán de bares. Dudan de que haya mucha gente como ellos debido al frío. "No hay ni Dios", enfatizan. Y aciertan: la plaza de San Felipe, vacía, y la del Justicia, también. Otro equipo de policías comunica la situación en el parque Miraflores. Todo en orden.

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