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Un vecino de Zaragoza inicia una huelga de hambre contra la corrupción urbanística

Gabriel Fuertes, de 62 años, ya llevó a cabo otras dos protestas similares: contra el despido improcedente y por una vivienda digna

Gabriel Fuertes.
Un vecino de Zaragoza inicia una huelga de hambre contra la corrupción urbanística
M. F.

ZARAGOZA. Agua con azúcar y limón contra la corrupción urbanística. Esta es la medida que ha decidido adoptar Gabriel Fuertes, de 62 años, para protestar contra todos aquellos que "se llevan lo que no es suyo". Este vecino de Zaragoza inició el pasado sábado una huelga de hambre. "Sé que no conseguiré nada, pero la próxima vez igual alguien se lo piensa un poco", explica Gabriel.

Este hombre es, tal y como él mismo se define entre risas, "todo un veterano en esto de las huelgas de hambre". Su cuerpo todavía guarda importantes recuerdos de las otras dos que ha soportado. La primera, en 1976, contra un despido improcedente, después de que se le cayera encima una máquina de 2.000 kilos que aplastó varias partes de su cuerpo y lo postró durante meses en una silla de ruedas. La segunda, en 2007, para conseguir una vivienda digna. Esta vez pasó 41 días sin probar bocado. Una experiencia que le mandó directamente al quirófano, le redujo el apetito y lo volvió más alterado, como él mismo cuenta.

Sin embargo, entonces aseguró que volvería a repetir cada uno de los pasos que dio. Dicho y hecho. Esta vez sabe que no aguantará 41 días. "Ya no estoy para lanzar cohetes", dice. Por eso se ha propuesto como objetivo llegar hasta el 30 de enero.

Ese día se celebra una marcha desde Seseña (Toledo) hasta el Congreso de los Diputados, en Madrid, contra la corrupción urbanística. Unos 41 kilómetros que Gabriel piensa recorrer. Ante la pregunta de si cree que será capaz de hacerlo después de tantos días sin comer, responde con seguridad: "Si no puedo hacerlo a pie, lo haré en un carrito de ruedas".

Ni la edad ni la enfermedad -Gabriel sufre una afección crónica del colon y tiene un 38% de minusvalía- le han quitado las ganas de luchar. "Siempre merece la pena rebelarse contra lo que no es justo", asegura este vecino, que tiene dos cualidades: detectar las injusticias y ser incapaz de quedarse con los brazos cruzados.

Reconoce que las huelgas de hambre no pueden hacerse muy seguidas, "porque la recuperación es muy dura y te dejan muy marcado. Además siempre tienes detrás a la familia recordándote que ya no tienes 18 años". Pero Gabriel tampoco da un no rotundo a otra posible protesta en el futuro.

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