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Belloch insiste en pedir la vuelta a los grandes consensos y la oposición le exige que "aterrice"

El alcalde anuncia "más austeridad" por la crisis económica y un recorte del presupuesto que oscilará entre el 6% y el 7%, pero que no afectará a partidas sociales

El alcalde Belloch se dirige a la oposición durante su discurso.
Belloch insiste en pedir la vuelta a los grandes consensos y la oposición le exige que "aterrice"
carlos moncín

El alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, salió ayer de la primera jornada del debate sobre el estado de la ciudad tal y como entró: reclamando la vuelta a la etapa de los grandes consensos, pidiendo apoyo a CHA e IU, descartando al PP como socio de hipotéticos pactos, defendiendo la necesidad de grandes acontecimientos internacionales para atraer inversión y exigiendo "patriotismo de ciudad". Se le notó mucho tanto la minoría política como su incomodidad por esta circunstancia. Y la oposición, con los matices diferenciales que tiene cada grupo político, le dijo lo que estaba en el guión: alcalde, aterrice y ponga de una vez por todas los pies en la realidad del día a día.

 

"Quedémonos donde hemos estado siempre, anteponiendo patriotismo de ciudad a patriotismo de partido. Esa es la clave de nuestro éxito político", proclamó el alcalde. Pero lo hizo con poca convicción, consciente de que conforme avance el año 2010 y se acerquen las elecciones, "será más difícil evitar que la gente se encastille en su propia torre y lograr consensos".

 

El regidor municipal, más ordenado y ágil que en otras ocasiones, no pudo evitar cierta actitud defensiva. Lo hizo, por ejemplo, articulando una primera fase de su discurso centrado en la crudeza de la situación económica, dando la impresión de que rebatía esa acusación de que está fuera de la realidad (los grupos de la oposición se lo repitieron varias veces).

 

Asumió sin tapujos que en Zaragoza capital se ha disparado un 13% el paro y que se ha reducido un 6% el PIB. Para contrarrestar la cruda estadística, citó sus acciones para incentivar el empleo, como las obras de tranvía, la urbanización de Arcosur y Parque Venecia o el acuerdo de financiación de la estación de Goya. "Hemos propiciado actividad por un importe superior a 1.086 millones de euros", afirmó.

Recorte presupuestario

Reconoció que la situación económica ha supuesto un duro varapalo para las arcas municipales (22 millones por impuestos y 46 de ingresos procedentes del Estado) y anunció "más austeridad". En este sentido, dijo que los presupuestos bajarán entre el 6% y el 7% en 2009, eso sí, sin tocar las partidas sociales. También se le notó a la contra cuando desgranó algunas de las "pequeñas" cosas que ha impulsado, sobre todo en la ciudad consolidada, para desdibujar la idea de que solo piensa en la expansión urbana y en los grandes eventos.

 

Pero no pudo soslayar que él también es el alcalde de los grandes proyectos. "Una de las simplezas que estoy más acostumbrado a escuchar, de mí y de mi gobierno, es que pretendemos que la ciudad avance a golpe de eventos. No es verdad. Nos interesa lo grande, lo mediano y lo pequeño", afirmó. Y pasó a la ofensiva. "La única forma de obtener recursos financieros intensivos de la Administración del Estado y de autonómica es con exposiciones internacionales o algún gran evento".

 

Se mostró especialmente agresivo por las críticas recibidas con el tranvía, un medio de transporte que a su juicio no está en discusión. No en vano, aprovechó la ocasión para enviarle un nuevo recado a la asociación de comerciantes ECOS, a la que acusó de "irresponsable" por pedir que se retrase el proyecto.

 

La parte final de su discurso la dedicó a la situación política. "Estamos en minoría, soy consciente, entre otras cosas porque me lo hacen notar todos los plenos y porque me lo van a hacer notar en este", dijo poniéndose la venda antes de la herida. Y aprovechó para aferrarse a su socio de gobierno, como nunca antes lo había hecho. De hecho, trufó su discurso de numerosos elogios a los dos representantes del PAR, Manuel Blasco y Elena Allué. Incluso citó que próximamente se conocerá una alternativa de línea de metro Este-Oeste, en clara referencia a un medio de transporte apasionadamente defendido por los aragonesistas y subrayó que pronto habrá modelo de financiación para el campo de fútbol, proyecto que quiere capitalizar el PAR.

Con la oposición fue diplomático y no entró al cuerpo a cuerpo, pese a que le atacaron con crudeza. Y se atrevió a hacer una jerarquía de negociación presupuestaria en la que en primer lugar puso al PAR, después a IU (grupo al que trató casi como socio) y a CHA, a quien abrió la puerta a futuros acuerdos. Y soltó un lamento referido al PP. "Siempre que no han recibido órdenes contrarias, han tratado de consensuar posturas", afirmó en referencia a la dependencia de Dolores Serrat de la dirección regional de su partido.

"Quiere seguir viviendo en su urna"

Y así se cerró el debate hasta que a las cinco de la tarde lo reabrió Dolores Serrat, que se presentaba por primera vez al debate y que no pudo despojarse de cierto nerviosismo y de la sensación de que ponía a prueba sus posibilidades como candidata a la Alcaldía. Desgranó incumplimientos diversos y calificó la post Expo de "juguete roto y abandonado". Presentó a Belloch como un político "aposentado en su urna de cristal o jaula de oro", lejos de las "penas y penurias de las personas que no pueden pagar su hipoteca". Por su puesto, no le dio el gusto de decirle sí a Expo Paisajes sin antes presentar un estudio económico serio de cada ubicación. "Aterrice y resuelva los problemas del presente", afirmó.

 

Pese a ser tratados casi como socios, CHA e IU marcaron distancias claras y centraron sus discursos en las políticas de empleo. No en vano, los nacionalistas dijeron que Belloch estaba "atrapado en su propio laberinto, agotado y carente de ideas" y le acusaron de no haber presentado propuestas novedosas en su discurso. No obstante, hicieron una oferta de 10 acuerdos y no cerraron la puerta a un posible pacto presupuestario. Pese a que el discurso del portavoz nacionalista tenía alguna que otra coincidencia con el del PP (lo puso en evidencia el PSOE), al abrir la mano a Belloch marcó distancias con los populares como grupo de oposición.

 

José Manuel Alonso, de IU, optó por un discurso claramente ideológico en el que defendió sus acuerdos con el gobierno en política social, fiscal y de empleo, pero marcando claras distancias en política urbanística. Apostó por la ciudad consolidada sin dar margen a expansiones residenciales o a la Expo floral. "Zaragoza no necesita más pisos. En siete años se ha hecho una vivienda por cada nuevo habitante", dijo.

 

Los grupos que apoyan al gobierno le hicieron las labores de 'aclarado' a Belloch. Manuel Blasco quiso dibujar un panorama casi idílico con su frase "Zaragoza no está en crisis" y sacó pecho de su gestión. No hizo muchos esfuerzos porque el protagonismo ya se lo había dado el alcalde. Y el portavoz socialista, Carlos Pérez Anadón, hizo lo que el alcalde prefirió evitar: cargar contra PP y CHA por su tono contra el gobierno, pero sin emplearse a fondo. Se centró en los avances de la ciudad gracias al Fondo Estatal de Inversión Local.

 

Tras siete horas de muchas palabras y pocos acuerdos, el pleno se cerró con una reflexión que sobrevuela estos debates del estado de la ciudad y que bajó al suelo el alcalde: "No creo que esto tenga demasiada repercusión ciudadana, es un debate endogámico para unos cientos de personas, políticos, familiares, periodistas, sindicatos...". Hoy seguirán las discusiones con la votación de las propuestas de resolución.

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