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El comité que diseña el Instituto de Cambio Climático sugiere que tenga cien investigadores

Mientras el Gobierno central no da plazos para su creación y solo le ha reservado 75.000 euros en los Presupuestos de 2010, el grupo de expertos encargado de diseñar el futuro Instituto de Investigación sobre Cambio Climático (I2C2) que se instalará en Zaragoza ha terminado ya su informe definitivo. Según ha podido saber este periódico de fuentes próximas al proceso, el documento propone que el nuevo centro cuente con un centenar de investigadores repartidos en seis líneas de trabajo.

No obstante, ese personal propio contará con el apoyo de científicos asociados que seguirán dependiendo de otros centros de investigación nacionales y extranjeros y al mismo tiempo colaborarán con el I2C2.

Una propuesta revisada por la comunidad científica. El grupo de expertos se constituyó en diciembre del año pasado y está formado por 12 investigadores españoles de primer nivel, entre los que se encuentra el aragonés Rafael Moliner, profesor del Instituto de Carboquímica que el CSIC tiene en Zaragoza. Durante varios meses, estos científicos han analizado cuáles son los puntos fuertes y las debilidades de España en materia de cambio climático. También han estudiado cómo funcionan otros centros punteros que ya se han instalado en otras partes del mundo. Con la información recopilada han redactado un borrador de cómo debe ser y trabajar el I2C2.

Ese primer documento se remitió al Ministerio de Ciencia e Innovación a principios de julio. A continuación, fue enviado a otras 28 personalidades del mundo de la investigación y la empresa para que lo revisaran e hicieran las sugerencias que estimaran oportunas. Con las aportaciones recibidas, el grupo de expertos ha redactado su informe final.

Coordinará todo lo que se hace en España y será un referente para la formación y la divulgación. Aunque el texto no será público hasta que el Ministerio lo presente en forma de libro blanco, Rafael Moliner explica que la propuesta que han elevado al Gobierno es la de un Instituto de Cambio Climático que coordine todos los trabajos que se hacen en España en este campo y además se especialice en aquellas áreas que están más descuidadas.

“No tiene sentido competir con lo que ya funciona -comenta-. En España hay muchos institutos que trabajan muy bien y seguirán con su labor, pero muchos de sus investigadores serán personal asociado del I2C2”. De esta forma, entre el Instituto y el resto de centros del país se creará un flujo constante de colaboración mutua.

El científico aragonés cuenta además que en el informe enviado al Gobierno se propone que el futuro instituto sea un referente en la divulgación y la formación sobre cambio climático. “En ese ámbito también hemos detectado carencias que se intentarán resolver con másteres, cursos, encuentros, conferencias...”, detalla.

Se especializará en el desarrollo de modelos predictivos. Esto no significa que el I2C2 no vaya a tener actividad investigadora. Moliner no desvela cuáles van a ser las seis áreas de trabajo del nuevo centro, pero sí detalla que el campo en el que más tiene que mejorar España -y que será en el que se especializará el instituto- es el de la creación de modelos que predigan los efectos del cambio climático.

“Se habla mucho de lo que va a suceder desde el punto de vista cualitativo, pero es necesario intentar cuantificarlo, y para eso es muy importante la modelización -explica este miembro del grupo de expertos-. No se trata solo de crear modelos climáticos, sino de intentar predecir los cambios que se van a producir en todos los ámbitos: la economía, el empleo, el turismo, la agricultura...”.

Un organismo autónomo e independiente con flexibilidad para las contrataciones. Otra cuestión a la que el grupo de expertos ha prestado especial atención es la independencia y la flexibilidad de funcionamiento que deberá tener el I2C2. “Si se quieren contratar científicos del más alto nivel, el centro no puede estar constreñido por la burocracia y las modalidades de contratación de la Administración -explica Moliner-. Además, para garantizar que no le van a afectar los vaivenes políticos debe ser un organismo autónomo que cuente con una partida propia en los Presupuestos Generales del Estado”.

En este sentido, durante las reuniones de estos científicos en las que se planificó el futuro centro se puso como ejemplo el Instituto de Salud Carlos III, que también depende del Ministerio de Ciencia e Innovación.


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