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EMPEÑOS

La sortija de la abuela ayuda a pagar el piso

La crisis económica obliga a cada vez más personas a desprenderse de sus objetos preciados para afrontar los pagos. En los últimos meses, han aumentado las casas de empeño y la demanda de estos servicios.

Una mujer empeña sus joyas a cambio de un préstamo en el monte de piedad de Ibercaja.
La sortija de la abuela ayuda a pagar el piso
DIEGO GARCÍA

Pagar un arreglo del coche, hacer frente a una multa o simplemente, llegar a fin de mes. En los tiempos que corren afrontar uno de estos gastos puede convertirse para muchas personas en una auténtica odisea. Algunas se ven obligadas a convertir la deuda económica en una deuda sentimental. Cada vez son más la personas que necesitan vender sus joyas o a avalar un préstamo con ellas para conseguir liquidez.

 

En las últimas semanas por la ciudad han aparecido nuevos carteles amarillos y hombres anuncio ataviados del mismo color que avisan al viandante de que allí se compra oro. Marian López es una de esas personas que ha forrado el escaparate de su joyería de la Gran Vía de amarillo. "Sí que es verdad que ha aumentado el número de personas que vienen a vender joyas por necesidad", explica.

 

Otra posibilidad es la que ofrecen en el Monte de Piedad de Ibercaja. Allí no se compran joyas, se dan préstamos a cambio de ellas. "El propietario tiene un periodo de un año, al que se le añade un mes de gracia, para devolver el préstamo y recuperarlas", explica su responsable, José Antonio Arzoz. Él también ha notado un aumento en el número de personas que acuden a este servicio. "Este año la demanda ha crecido en torno al 35%", explica una de las tasadoras de esta institución. "El jueves pasado por la mañana esto estaba lleno, había unas cincuenta personas", aclara Arzoz.

 

La gente hace fila con sus sortijas, medallas o cadenas mientras espera a desprenderse de mucho más que el metal por el que le van a dar dinero a cambio. "No hay que olvidar que hay muchas joyas que tienen un valor sentimental muy grande", explica Arzoz. Marian López comenta que la gente no suele dar explicaciones, pero que cuando van a vender "se les ve apenados o, por lo menos, preocupados".

 

Esta joyera explica que la gente suele vender el tipo de joya que se lleva todos los días: pulseras, anillos, cadenas... "A veces hay personas que tan solo se llevan 30 euros a cambio. "Pero es que cuando no tienes nada, cualquier cosa es mucho", señala.

 

Conseguir vender una joya no es algo tan fácil, exige un minucioso proceso. López explica que en primer lugar, hay que comprobar que la joya sea de oro de 18 quilates y valorar la pieza en gramos. Después se fotocopia el ejemplar y la documentación del cliente y finalmente, se efectúa la compra. El vendedor ya puede disponer de su dinero, pero el comprador no puede hacer lo mismo con su joya.

 

López añade que, por seguridad, toda la documentación se envía a la Policía y durante quince días, ella tiene que guardar la pieza sin utilizarla. Si en ese tiempo reciben un aviso de los agentes de que la joya en cuestión es robada, se quedan sin la pieza y sin el dinero. El que tampoco volverá a ver su joya es el propietario inicial.

 

Cuando lo que se quiere es conseguir dinero, pero sin vender el anillo o la pulsera, se acude a los montes de piedad. Estas instituciones llevan más de 300 años concediendo préstamos a la gente. "Antes se hacía a cambio de cualquier objeto: juegos de cama, mantones de Manila o máquinas de coser; pero ahora solo admitimos joyas", explica Arzoz. La gran diferencia respecto a la venta tradicional es que los montes de piedad dan la posibilidad de recuperar los enseres empeñados. En España existen 21, en Aragón, solo hay uno.

El préstamo más rápido y barato

La primera parte del proceso es similar a la del que se lleva a cabo en las tiendas como la de López. Las gemólogas de la institución valoran las joyas e, inmediatamente, dan a cambio el dinero equivalente. Después, las piezas se guardan, pero no por quince días, sino por un máximo de trece meses.

 

Si en ese periodo el interesado aparece, podrá recuperar las piezas a cambio de la cantidad prestada más el 2% de interés. "Es el préstamo más barato que existe", señala Arzoz. En el caso de que durante ese periodo de tiempo nadie reclame las joyas estas salen a subasta pública. "Nosotros recuperamos solo el dinero del préstamo y si alguien paga más, la diferencia se le da al antiguo propietario de la joya", explica el responsable. "Es una manera de conseguir dinero rápido para salir de una apuro puntual", concluye.

Cambios en el perfil del 'cliente'

Tanto Marian López como José Antonio Arzoz han notado un cambio cuantitativo en la demanda y en el perfil del solicitante de estos servicios. Aseguran que es gente de mediana edad y que cada vez van más personas de clase media. "Son ciudadanos que nunca se hubiesen planteado venir a un sitio como este", explica Arzoz.

 

Los dos coinciden también en señalar que cada vez acuden más extranjeros. "Son personas que han estado viviendo unos años aquí y a los que ahora la situación les obliga a volver a sus países y necesitan dinero", comenta la joyera. El responsable del Monte de Piedad de Ibercaja señala que, además, los extranjeros están más acostumbrados a estas prácticas y no les da tanto pudor. Y así parece según la imagen que se ve en la oficina, donde una marroquí entra con normalidad para devolver un préstamo y recuperar lo que empeñó a cambio. El empleado le cobra y le pide que espere. Desaparece y va a buscar su recuerdo entre los muchos que esperan que la situación mejore y alguien vaya a recuperarlos.

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