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Zaragoza
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TRIBUNALES

El hombre acusado de secuestrar a una farmacéutica sostiene que él "solo es un pringao"

Alquiló el coche para trasladarla a su piso, pero afirma que lo hizo bajo amenazas de muerte de sus dos cómplices, uno menor

Santiago Jiménez Paniagua fue juzgado ayer en la Audiencia Provincial de Zaragoza acusado de secuestrar y robar a una farmacéutica, delitos que cometió acompañado de un menor de edad -ya condenado por estos hechos- y de un hombre brasileño el cual no ha sido identificado ni detenido.

 

El propio procesado reconoció ayer que participó en la retención ilegal de la mujer y posterior robo aunque aseguró que lo hizo porque los otros dos cómplices amenazaron con matar a su familia y a él mismo. Incluso afirmó que la "voz cantante" la llevaba el menor de edad, cosa que este desmintió categóricamente y atribuyó la trama del plan a su jefe, que entonces era Jiménez. El acusado manifestó que se vio obligado a alquilar un coche, que pagó con su tarjeta de crédito, y poner a disposición de los otros dos un piso que tiene en la calle del Tiro, al que llevaron a la víctima.

 

Los hechos se produjeron el pasado 25 de febrero. Sobre las 20.00, Santiago Jiménez, acompañado de los otros dos coautores, condujo el Opel Vectra alquilado hasta la puerta de la farmacia, en el barrio de La Almozara, y esperó a que saliera la mujer. Al preguntarle el fiscal si la conocía, puesto que era vecina suya y él era un cliente asiduo de su establecimiento, respondió: "Sí y es una gran señora, además".

 

Tras cerrar la persiana, el brasileño la abordó por la espalda y la introdujo por la fuerza en la parte trasera del vehículo. Allí le colocó un gorro para que no viera, unas esposas y la llevaron hasta un piso de la calle del Tiro, en Torrero. Una vez allí, el menor de edad, según explicó al tribunal, le dijo a la mujer que les tenía que dar 100.000 euros. Al contestarles que no tenía dinero, le registraron el bolso y se apropiaron de su móvil y las tarjetas de crédito.

 

Mientras el menor hablaba con el brasileño en una habitación, la farmacéutica estuvo vigilada por el tercer hombre (según el fiscal, Santiago Jiménez), que le apuntaba con una pistola y que no dijo ni una palabra mientras duró el secuestro. La farmacéutica relató que si hubiera hablado lo habría reconocido de inmediato. De hecho, el acusado tiene una voz rota muy característica. Tras apoderarse de las tarjetas, la llevaron a un cajero de Ibercaja y el menor de edad sacó 900 euros. Luego, la trasladaron al paseo de Sagasta y la soltaron. En total, estaría retenida una hora y media. La mujer manifestó ayer que desde que le hicieron esto no puede ir sola a ningún sitio y tuvo que contratar a un auxiliar más porque no puede cerrar sola la tienda.

Santiago Jiménez se mostró arrepentido por lo sucedido pero insistió en que él es solo un "pringao" en esta historia y que no tiene antecedentes. Echó la culpa al más joven, que sí que los tiene y ahora está cumpliendo una medida de internamiento.

 

El fiscal pide para el acusado siete años y medio de prisión mientras que su abogado, Fernando Díaz Sanz, solicita la absolución por miedo insuperable.

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