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Guerra abierta en La Cartuja entre el alcalde y la asociación de vecinos

El primer edil ha interpuesto una querella criminal contra la entidad, por difamación e injurias.La destrucción de un trozo de muralla, el detonante.

Las obras de la polémica en La Cartuja, en una imagen de archivo.
Guerra abierta en La Cartuja entre el alcalde y la asociación de vecinos
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La Asociación de Vecinos Jerónima Zaporta y el alcalde de La Cartuja Baja, José Ramón Gracia, han acabado en los tribunales, donde tendrá que dirimirse si la primera ha cometido los delitos de difamación e injurias. El enfrentamiento, que se ha ido radicalizando en los últimos meses, se remonta a principios del año pasado, cuando unas obras realizadas con la pertinente licencia municipal acabaron con los restos que se conservaban de la parte sur de la antigua muralla del monasterio cartujo.

 

"Advertimos al Ayuntamiento de que las obras previstas podían destruir los restos -relata Rafael Urchaga, vicepresidente de la asociación-. Pero no se nos hizo caso y en un par de días desaparecieron por completo". La destrucción, que también fue denunciada por Apudepa, originó una airada intervención en un pleno del Ayuntamiento. Muy airada, según la asociación; "demasiado", para el alcalde.

 

"Estaba en el informe de presidencia, en el que no me puede interrumpir nadie y Félix Moreno (ex-alcalde, IU), empezó a gritar e insultarme. Me llamó payaso, dictador, baboso... Pedí que esos insultos constaran en acta y se ratificó en ellos -asegura el actual alcalde, José Ramón Gracia (CHA)-. Si yo, en el ejercicio de mis funciones, soy respetuoso con los vecinos, quiero que al menos los vecinos sean respetuosos conmigo, aunque me critiquen". Así que suspendió el pleno y acudió al juzgado para interponer una querella criminal por difamación e injurias. El alcalde asegura que lleva tiempo sufriendo acoso: se han realizado pegatinas con una foto suya trucada para que pareciera que vestía el uniforme nazi, su madre ha recibido amenazas telefónicas, en la revista de la asociación se ha insinuado que tenía intereses particulares en que se realizaran las obras... El caso es que lo que quedaba de la muralla se ha destruido, y que el enfrentamiento ha acabado en el juzgado.

 

La asociación de vecinos se reafirma una y otra vez en que lo único que busca es que se asuman las responsabilidades pertinentes por una destrucción ya irreparable (el Plan Especial de Protección del antiguo monasterio así lo exige), que en el pleno se negó su derecho a hacer oír su voz, y que con la demanda "lo que se busca es meternos miedo y amordazarnos". Les sorprende, además, que los servicios jurídicos del Ayuntamiento de Zaragoza hayan prestado apoyo al alcalde. Y en el lío ha terciado ya también la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza que, en un reciente comunicado, aseguraba que la denuncia "es una grave afrenta al movimiento vecinal en su conjunto (...) es una coacción que va en contra de todos los principios democráticos".

 

El alcalde tiene una visión distinta. "Esto se hubiera acabado en el acto de conciliación si se hubieran retractado de sus palabras. Pero, lejos de eso, presentaron un documento alegando que, por mi cargo público, tengo que aguantar todo lo que se me diga. Hombre, todo, todo... Digo yo que habrá algún límite. La libertad de expresión es maravillosa pero cada cual debe atenerse a las consecuencias de lo que dice y de lo que escribe. Yo tengo la conciencia tranquila. Puse la querella y el juez la ha admitido a trámite (la decisión está recurrida). Si me dan la razón, bien; y, si no, pues vale. Pero hay insultos que creo que no debo aguantar".

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