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Zaragoza

MEDIO AMBIENTE

El 21 por ciento de los zaragozanos soportan ruidos que superan el límite establecido

El 79 por ciento de la población de Zaragoza no tiene problemas de exposición al ruido de manera permanente, mientras que el 21 por ciento supera, en algún grado, el límite de los 65 decibelios por el día y los 55 por la noche.

 

Esos son los datos desprendidos del "Mapa Estratégico de Ruido y Plan de Acción contra el Ruido 2009-2015", presentado esta mañana por Carlos Pérez Anadón, consejero municipal de Urbanismo, y Lola Campos, concejal delegada de Medio Ambiente.

 

El objetivo de este documento es estudiar la integración del ruido en la gestión urbanística, de manera que sea un elemento más a tener en cuenta en el diseño de la ciudad, reducir las molestias en las zonas sensibles y la necesidad de preservar las áreas tranquilas.

 

Se han realizado estudios de vulnerabilidad en el entorno de la estación de Delicias; Santa Isabel, barrio que atraviesa la N-II; Miralbueno, la avenida de Cataluña, tercer cinturón y Marqués de la Cadena, en la Margen Izquierda; Casetas, por donde pasa la N-232 y A-68; Venta del Olivar, afectado por la N-232 y A-2; San José, delimitado por el tercer cinturón y la A-68; Torrecilla de Valmadrid-La Cartuja Baja (A-68) y San Gregorio (A-23). 

El tráfico es el mayor emisor de ruido en Zaragoza, según las mediciones realizadas para la elaboración de este documento, llevadas a cabo entre los años 2006 a 2008, en diez zonas de desarrollo de la ciudad, con el resultado de que son las próximas a vias urbanas o cinturones de circunvalación donde las afecciones son mayores.

 

Las zonas más expuestas (65 decibelios nocturnos) se sitúan en las primeras líneas de Casetas (N-232), Garrapinillos (N-232), Miralbueno (N-232), Almozara-Delicias (avenida de Navarra), Santa Isabel (N-II), Cogullada (avenida de Cataluña), Las Fuentes (Tercer Cinturón carretera de Castellón) y Casablanca (N-330 y Vía Ibérica). El ruido urbano afecta al 24 por ciento de los edificios sensibles (uso docente, cultural o sanitario) situados en las calzadas y al 12 por ciento de los ubicados en las carreteras.

Para paliar los efectos en zonas ya definidas, el Ayuntamiento utiliza medidas correctoras, como la colocación de fuentes ornamentales en entornos de más exposición que ayudan a enmascarar los sonidos no deseados, pantallas antirruido o barreras vegetales.

El urbanismo aporta otro tipo de soluciones, como las derivadas de la orientación de las fachadas de los edificios de nueva planta, colocándolas de espaldas a los focos de ruido, o la configuración de las manzanas de edificios, con vías colectoras de tráfico perimetrales, que permiten un cierto sosiego en el interior de las mismas, como el modelo constructivo del Actur.

 

La principal acción municipal que incidirá de manera directa en la disminución de la contaminación acústica será el Plan de Movilidad Sostenible, que apuesta por sistemas alternativos de transporte y por medios públicos de gran capacidad como el tranvía, cuya puesta en marcha podrá reducir en cuatro decibelios el ruido en determinadas zonas de la ciudad. En este sentido, Campos ha advertido de que para reducir un decibelio habría que retirar un 20 por ciento de vehículos de la vía pública y un 50 por ciento para reducir tres.

 

El consejero municipal de Urbanismo también ha destacado la necesidad de preservar las zonas tranquilas, compatibles con parques de mediano o gran tamaño. Se estima que la superficie que permite disponer de un ambiente sonoro interno, sin influencia de los focos del entorno, es de 90.000 metros cuadrados, y es el Galacho de Juslibol el que logra un mayor silencio ambiental en su interior.


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