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Zaragoza
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JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS

El Seminario atrae a miles de zaragozanos tras la polémica de la mesa y las sillas de lujo

Unas 3.700 personas pasaron por las instalaciones, más incluso que por el Ayuntamiento. Se abrirá otro día ante la masiva afluencia de gente

La mesa del Seminario fue la protagonista
El Seminario atrae a miles de zaragozanos tras la polémica de la mesa y las sillas de lujo
ÓLIVER DUCH

Se ha hecho tanto esperar, que los zaragozanos aprovecharon la primera ocasión que se ha abierto al público, con motivo del día de San Valero, para visitar sus entrañas. Las ganas de verlo por dentro y, sobre todo, la polémica sobre sus muebles de lujo atrajeron ayer al Seminario a miles de personas que, en algunos casos, aguardaron más de hora y media de cola para entrar. Y, por supuesto, para ver, tocar y hasta sentarse en la polémica mesa de la sala principal, valorada según el peritaje oficial en unos 200.000 euros.

"Venimos a ver el edificio, pero sobre todo, la mesa. Se ha hablado tanto de ella. Después de todo el follón que se ha formado...", aseguraba Pilar García poco antes de acceder al Seminario junto a su marido. A media mañana, la cola ya daba la vuelta al edificio, que al final visitaron 3.700 personas (el Ayuntamiento, 3.500). Hubo gente que no pudo acceder, por lo que ayer se decidió organizar otro día de puertas abiertas, aunque no se ha concretado cuándo.

Durante el recorrido (de aproximadamente media hora) se visitaron las principales estancias del edificio (vestíbulo, sala de prensa, salones, pasillos, oficinas, claustro...), aunque sin duda la que más atención y curiosidad suscitó fue la sala que más controversia ha originado en los últimos meses. "¿Es esta la famosa mesa?", preguntaba ansioso un zaragozano al acceder al salón de Gerencia de Urbanismo. "No, señor, esta mesa se trasladó del edificio del Cubo. Tiene ya dieciséis años. La otra está en el salón de plenos", explicaba el guía de la 'expedición', Jesús Albero.

Fue al entrar a la citada dependencia, cuando más revuelo se formó. "Aquí tengo que sentarme. ¡Con todo lo que han contado!", se apresuró a decir una señora mientras se hacía hueco entre la gente. No fue la única, buena parte de los presentes ocuparon rápidamente los 'sillones' de los ediles. Unas butacas más modestas de lo inicialmente previsto y trasladadas de forma provisional de la sala de prensa. De hecho, el gobierno tenía intención de comprar unas sillas, valoradas en 2.600 euros cada una, pero se echó atrás después de que el gasto se hiciera público.

La que sí estaba y la pudieron tocar fue la famosa mesa. Ante las dudas, en seguida llegaron las explicaciones del guía: "Tiene 9 metros de diámetro, servirá para plenos y para reuniones con las asociaciones y está preparada para poner pantallas...".

Después, comentarios para todos los gustos. Eso sí, la mayoría se imaginaba la mesa diferente. "Lo que hay que reconocer es que las cosas cuestan mucho. Ya no sé calcular", apuntó Marina Fau, que acudió con otras dos vecinas, Juanita Clavo y Josefina López, a ver el nuevo centro administrativo.

Antes de terminar, una vuelta por el despacho del alcalde. Muy moderno, en tonos blancos y, para algunos, "demasiado diferente al de la plaza del Pilar". "Para recibir a las autoridades prefiero el del Ayuntamiento", dijo Lucía Tijada.

Como maestro de ceremonias, el concejal de Urbanismo, Carlos Pérez Anadón, que mostró su satisfacción por la afluencia de gente y por que pudieran conocer por dentro el espacio, de 45.000 metros cuadrados. Mientras tanto, en la plaza del Pilar fue el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, el que ejerció de anfitrión y el que abrió personalmente su despacho al primer grupo de ciudadanos.

Les describió los cuadros que allí están colocados, como el de Juan de Lanuza la noche anterior a su muerte, el de Agustina de Aragón o el de la Virgen del Pilar y se centró especialmente en el artesonado, del siglo XVII. La gente salió encantada, como Juli González y Conchita Bernad, que era la primera vez que visitaban la Casa Consistorial. Tenían claro a dónde iban. "Ahora nos vamos al Seminario -afirmó Juli-. Me apetece ver la mesa, aunque tengamos que esperar tres horas".

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