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Jerónimo Blasco: "Habría más vida en Ranillas si hubiéramos metido vivienda"

Tras su paso por Expoagua, retorna al consistorio para impulsar grandes iniciativas culturales y gestionar la post-Expo y la muestra de 2014.

Uno de los proyectos que va a gestionar es la Expo Paisajes 2014, que ha recibido críticas de muchos sectores.

Probablemente el tiempo nos hace olvidar lo malo y guardar lo bueno. La Expo 2008 nació peor que esta, con mucho más escepticismo y fue mucho más complicada. En los próximos días vamos a avanzar para que sea un proyecto participativo. Todo es cambiable, desde la ubicación hasta la forma en que se hace. Conforme vayamos contrastando, la mayoría de las reticencias se salvarán. No es sencillo conseguir los consensos, pero yo soy optimista.

PREGUNTA.- ¿Cómo se pueden conciliar las recalificaciones de suelo con las que se quiere financiar la Expo 2014 con la preservación del soto de Cantalobos?

RESPUESTA.- La idea den que se haga en el este es precisamente porque es la zona más degradada de la ciudad. Esa huerta idílica no existe. Ahora mismo es el 5% de esa zona y probablemente en los próximos años desaparecerá del todo. Esto no es un enemigo de algo, sino todo lo contrario. Es más, nuestra propuesta va a ser que sí haya huerta: huertos familiares, en arrendamiento, que es un modelo que se ha utilizado en muchas ciudades y funciona. La mayoría de la gente habla sin conocer. Les invito a que vayan. Creo que esa operación urbanística se puede hacer.

P.- ¿Pero al final habrá viviendas?

R.- Haremos lo que la zona necesite. Pero será casi obligado que en un cierre de la ciudad correcto, no creemos un vacío urbano. Creo que no hubiera pasado nada por haber hecho algo de residencial en algunas zonas que lindan con la avenida de Ranillas o la ciudad existente. Si la operación urbanística le viene bien, no hay que tener miedo de meter algo de residencial si es una proporción razonable y contribuye a hacer ciudad. Eso de que lo bueno para la ciudad son los vacíos urbanos o grandes zonas verdes es un mito urbanístico que no comparte nadie.

P.- ¿Qué futuro le espera al meandro de Ranillas?

R.- La ventaja es que concebimos la Expo para el día después. El acuario está funcionando, el pabellón de España será para el Instituto del Cambio Climático, la Torre del Agua o el Pabellón Puente van a ser asumidos por las cajas, el palacio de Congresos está con actividad desde hace 15 días y en el parque empresarial las ventas son magníficas. Y luego lo público ha sido muy relevante, como la incorporación de la Ciudad de la Justicia, y creo que hay alguna posibilidad con la Universidad. Se va a hacer rápido. Si tardamos diez años en hacerlo, la imagen de la ciudad se viene abajo.

P.- ¿Y tendrá vida la zona de Ranillas con tanto uso administrativo?

R.- Yo creo que sí. Probablemente hubiera habido algo más de vida si le hubiéramos metido vivienda. Yo algo de vivienda hubiera metido. En cualquier caso los usos que va a haber allí son muy variados. Va a haber restaurantes, bares, equipamientos, empresas con horarios dispersos, centros culturales, el acuario, el propio parque…

P.- Un proyecto muy criticado ha sido el de la navegabilidad.

R.- Hubo mala suerte. Si no hubiera habido lluvias en mayo, eso no hubiera pasado. El barco como tal ha sido un éxito absoluto. Lo que estamos cerrando ahora va a ser un contrato muy bueno para Zaragoza. Nos vamos a adaptar al río, más todavía, y vamos a abrir más las instalaciones a la ciudad.

P.- Pero el Ayuntamiento tendrá que subvencionar a la concesionaria.

R.- En general, todas las contratas tienen derecho a tener un equilibrio económico. O subes la tarifa o subvencionas. Pero hemos negociado un modelo de contrato que no nos cueste dinero si van medio bien las cosas. Lo normal en un servicio así es que se subvencione. Pero eso incluso vamos a tratar de evitarlo. Cerrar sería una locura. Primero porque tendríamos que indemnizarles con una fortuna, y con razón. Y luego todas las inversiones que se han hecho tampoco tendrían sentido y la ciudadanía no lo aceptaría.

P.- Otros dos proyectos son los Juegos Olímpicos de Invierno y la capitalidad europea de la Cultura. ¿Hay posibilidades de éxito?

R.- Sin duda es imposible ganar todo. Lo que pasa es que conviene estar en el mercado. Para la capitalidad, hay muchas candidatas y es muy difícil que a una ciudad le den dos veces seguidas algo de este estilo. Pero lo que puedo asegurar es que el que gane lo va a pelear, porque nuestra candidatura va a tener una potencia muy seria. Respecto a los juegos, ahora estamos con Madrid. Y ahí nos vamos a quedar. Y quizá no estaría mal empezar por algo más pequeño, testar esa alianza entre Zaragoza y el Pirineo en campeonatos menores.

P.- Respecto a la Milla Digital, nada se sabe de las empresas dispuestas a invertir en economía del conocimiento.

R.- Es un proyecto magníficamente construido, pero efectivamente quizá le falta lo que supuso Inditex en Pla-Za, un arranque. Lo vamos a intentar. Decir que lo vamos a lograr en este momento sería presuntuoso, pero estamos en ello. A nada que la economía mejore algo, vendrán grandes empresas. Pero no nos engañemos, a la Milla Digital le falta ese salto.

P.- En su presentación, planteó que su sello serían los acontecimientos culturales con proyección internacional. ¿Puede concretar?

R.- Se hacen ya muchas cosas, pero hay que unirlo con algún tipo de paraguas de imagen cultural potente, que puede ser una bienal o festival. Tenemos que darle forma. Hay que encontrar algo, porque hacemos muchas cosas pero no tenemos una que pueda significar una explosión mediática. Pero no es internacional solo, básicamente es nacional. El principal reto que tenemos es que a las cosas que se hacen en cultura venga gente de fuera de Zaragoza.

P.- Con las restricciones presupuestarias, ¿no peca de exceso de optimismo?

R.- En una ciudad lo más importante no es lo que se hace solo desde el presupuesto. El ejemplo evidente es el Caixaforum. De las ocho o diez iniciativas que se están haciendo casi todas son ajenas. Además si conseguimos un evento internacional nos van a ayudar. Si uno se arruga, sobre todo en un momento de crisis, matas toda esperanza y no consigues nada.

P.- En Cultura habrá consejero, concejal delegada y director general. ¿No es demasiado gallo para un mismo corral?

R.- Lo sería si solo hiciéramos Cultura, pero el Área de Grandes Proyectos es muy potente. Si hubiéramos hecho lo contrario no hubiera funcionado. Déjennos un margen de confianza. Y luego hay una cosa que a veces nos ocurre en esta tierra. Queremos tener grandes proyectos sin medios. Yo no voy a poder llegar a todo.

P.- ¿Se puede entender la salida de Pilar Alcober como un castigo por la crisis que se produjo en Zaragoza Cultural el año pasado?

R.- Creo que no y en cualquier caso no me corresponde a mí responder esa pregunta. Lo que sí sé, porque me lo ha transmitido el alcalde, es que está contento con el trabajo realizado en Cultura, pero quiere darle otra dimensión. Por eso, incorporarla a un Área como Grandes Proyectos es lo suyo.

P.- Con la crisis de Zaragoza Cultural, en el gobierno se habló de su sustitución por un ente público empresarial. ¿Qué planes tiene?

R.- Vamos a explorar un modelo que nos permita dar una imagen única, coordinar y evitar las disfunciones actuales y ganar eficiencia. Además, sería más barato. Al final la economía y los objetivos políticos y culturales tienen que estar en la misma línea. No hay que correr, pero en esta legislatura, y más pronto que tarde, convendría hacer esa modificación.

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