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El costoso juego de las sillas del Seminario

La compra de muebles de lujo para el centro administrativo del Seminario, un edificio marcado por los desfases presupuestarios, ha causado una tormenta política y social que ha puesto en entredicho la austeridad del Ayuntamiento de Zaragoza en tiempos de crisis.

Si hay que buscar un símil a lo ocurrido con la escandalosa compra de mobiliario de lujo en el Seminario, quizá el juego de las sillas sea el más adecuado. Suena la música, con las notas de las informaciones periodísticas, y el equipo de gobierno PSOE-PAR empieza a girar alrededor del círculo perfecto que marca una mesa de 180.000 euros, con tantos cachivaches que parece una nave espacial. Para no resultar eliminados, cuando se detiene la música, los políticos se abalanzan sobre las flamantes sillas, de diseño italiano de Matteo Grassi, a 2.683 euros la pieza. En el juego, nadie quiere perder, ser tachado de derrochador y caprichoso, acusado de tener ínfulas de nuevo rico, de anteponer el relumbrón de los catálogos de muebles al justo equilibrio entre calidad, precio y mesura en el gasto. Pero alguien saldrá derrotado porque alguien puso el acomodo de las posaderas municipales por delante del buen gobierno y el sentido común. Así es el juego.

Viernes, 7 de noviembre. A las dos de la tarde, en una cafetería de una céntrica plaza zaragozana, un parroquiano se queda con la boca abierta al leer la edición de HERALDO. "¡Es una vergüenza. ¿Pero a quién se le ha ocurrido esto?", protestó. "Pues al concejal de Urbanismo, supongo", contestó el camarero con el mismo tono de enfado. Se acababa de saber que Urbanismo tramitaba la adquisición 36 sillas de lujo para que todos los ediles pudieran sentarse en la sala de reuniones principal del Seminario. La misma conversación indignada se repetía por bares, tiendas, peluquerías...

El día anterior, en la mesa de contratación del Ayuntamiento, se había acordado la compra. La adjudicación se la había llevado una prestigiosa firma zaragozana, Jacinto Usán, que había presentado unas piezas modelo Derby con un coste de 2.683 euros por unidad. La elegancia de sus formas, el tacto de la piel y el remate de los acabados fueron algunos de los elementos destacados por los técnicos.

A aquella mesa de contratación, presidida por la edil socialista Lola Ranera, solo asistió, en calidad de oyente, un concejal de la oposición, el popular Sebastián Contín, el más joven de la corporación y que solo lleva poco más de un año en su cargo. Alarmado por lo oneroso de la compra, se atrevió a criticar en público la adquisición.

Su osadía le ha supuesto granjearse numerosos enemigos en el Ayuntamiento. Por parte del gobierno, se le acusa de haber jugado sucio, de no haber avisado de que no le gustaba la compra, de desleal por airear los trapos sucios en la calle en lugar de lavarlos en casa, como suele hacerse, dicen, en el Consistorio. Pero más sorprendentes son los ataques que recibió en su propio partido.

A un día del Congreso Regional de los populares, con los principales líderes nacionales en Zaragoza, la noticia le dio un protagonismo inusitado en los medios. Demasiado para el portavoz del PP en Zaragoza y presidente provincial, Domingo Buesa, con quien Contín está enfrentado desde hace tiempo. Ante testigos, pero fuera de los focos, Buesa criticó de forma descarnada a Contín, a quien acusó de "descontrolado".

Al margen de las peleas internas en el PP, el alcalde de Zaragoza vio ese viernes que el asunto se le podía ir de las manos. Ese día se sabía que Aragón era la comunidad en la que más había caído la producción industrial y el comité de empresa de Opel se echaba a temblar ante la posibilidad de retraso del Meriva. Con una crisis galopante, los foros de internet echaban humo ante los dispendios municipales. El regidor municipal anuló de inmediato la compra y proclamó: "Ese tema se ha acabado". Qué poca razón tenía. En cuatro días se sabría que el Ayuntamiento se había gastado 180.000 euros, 30 millones de las antiguas pesetas, en una mesa de lujo para sus concejales.

Al contradecir la decisión de la mesa de contratación, algo poco habitual en la mecánica municipal, el alcalde generó un efecto secundario. Colocó a los pies de los caballos a Carlos Pérez Anadón, uno de sus rivales en la estructura orgánica del PSOE y cuya Área había iniciado el expediente y que el día anterior había defendido su compra. Las caras largas de los más próximos a Carlos Pérez contrastaban con las sonrisas maliciosas de los afines al alcalde. Pero en la jugada también salió tocado Francisco Catalá, a quien el alcalde obligó a desdecir una decisión de la mesa de contratación, que depende de su departamento. Pese a encuadrarse en el sector de Belloch, a él le correspondían los daños colaterales de la crisis.

El martes, se supo que el Ayuntamiento se había gastado 180.000 euros, más de 30 millones de pesetas, en una mesa de lujo para acompañar las sillas de diseño italiano. ¿Se había construido un palacio? El responsable de una empresa suministradora del Seminario explicaba que en la parte noble, la que usan y disfrutan los concejales, "es un edificio a todo lujo, en el que tenía que colocarse lo mejor". El resto del inmueble, avisan, es más convencional.

La mesa se instaló sin que mediara concurso público e incluida dentro de un proyecto modificado de 12,5 millones que ni siquiera tiene aprobación municipal. El pueblo empezaba a perder la paciencia y el equipo de gobierno, que insistía en que no sabía nada, se ponía de los nervios.

Para empezar, se suspendió un viaje previsto al Monasterio de Rueda para cerrar el borrador de los presupuestos de 2009. No se sabe si la decisión se tomó para no agravar la imagen de dispendio que los responsables municipales están dando del Ayuntamiento o para evitar que la reunión se percibiera como un gabinete de crisis en toda regla.

El alcalde exigió un peritaje externo del valor de la mesa, con lo que dejaba los servicios de contratación con las vergüenzas al aire, y colocó a su mano derecha, el concejal de Presidencia, Fernando Gimeno, como portavoz de la crisis. Otro varapalo para Catalá y Pérez Anadón, que se escondían de la opinión pública a la espera de que escampara la tormenta.

Solo hablaron el viernes, tras una junta de portavoces, y para no decir mucho. En la desgracia, estos dos tenientes de alcalde pasaban horas reunidos, dando pie a todo tipo de chascarrillos en los pasillos del Ayuntamiento. "Demasiado juntos andan estos dos", bromeaba un edil socialista.

Las suministradoras del Seminario llamaban sin cesar al Ayuntamiento, preocupadas por sus contratos. Mientras, Gimeno pedía disculpas por la imagen ofrecida y a algún concejal se le caía el alma a los pies cuando veía pasearse por el Consistorio a los reporteros de un programa satírico dispuestos a hurgar en la herida.

En unos días se conocerá el informe que determinará si la mesa cuesta lo que se presupuestó. Mientras tanto, la oposición seguirá pidiendo explicaciones por los gastos suntuarios del Seminario y el gobierno seguirá girando en torno a las sillas y la mesa. Hasta que se apague la música y tengan que sentarse.

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