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Siete intoxicados, dos de ellos niños, en un incendio intencionado en la Magdalena

El fuego se originó en el patio de un bloque degradado de la calle de la Estrella, habitado en parte por ocupas.

Un incendio causado de forma intencionada por personas desconocidas sembró el pánico ayer en un bloque de viviendas de la calle de la Estrella, en el barrio de la Magdalena de Zaragoza. Siete personas, entre ellas dos niños, fueron atendidas por los servicios sanitarios de Bomberos y del 061 a causa de la intoxicación de humo, y fueron evacuados a centros hospitalarios.

El siniestro se originó sobre las 20.45 y la alerta saltó enseguida en el cuartel de los Bomberos, pues no es la primera vez que acuden a ese punto a sofocar un fuego, y conocen las especiales características del lugar: un callejón estrecho por el que no cabe un coche y una escalera aún más angosta, llena de obstáculos por la basura que se acumula en ella, y a la que solo se puede acceder a pie.

Al llegar, se encontraron con que las llamas no eran muy potentes pero habían generado gran cantidad de humo que ya se había propagado con rapidez por toda la escalera, que había hecho de tiro y el patio interior. Los inquilinos estaban muy nerviosos y había uno que amenazaba con tirarse al vacío. Ayudados con equipos de respiración y mascarillas para los afectados, una a una tuvieron que sacar a las siete personas "en condiciones muy complicadas", según reconoció el sargento de Bomberos, Valero Sanmartín.

"Te encuentras a la gente atrapada por el humo, no ves nada y subes a tientas y pisando cosas que dejan en la escalera. De hecho, un compañero se ha caído cuando bajaba y se ha dado un buen golpe en el glúteo", explicó.

Al ser la tercera vez que acuden al mismo, el despliegue de medios que hicieron tanto ellos como la Policía Local fue espectacular.

En el inmueble hay dos pisos que están en condiciones más o menos aceptables. Pero otros dos habían sido tabicados y alguien había picado el ladrillo y se había metido dentro, de ocupa. En la calle hay basura, jeringuillas y restos de consumo de drogas.

"Esto no es una casa. Es una ratonera y una escombrera y algún día habrá un disgusto más gordo. Yo estoy harto. Me compré el apartamento por 14 millones y ahora lo vendería por 10", decía indignado un vecino del inmueble contiguo, de obra nueva.

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