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Rapaces que velan por la seguridad del aeropuerto

El halconero de la Base de Zaragoza, Francisco Rodríguez Bautista, patrulla diariamente las pistas de Garrapinillos con sus pájaros para ahuyentar a otros -sobre todo palomas-, y evitar incidentes como el ocurrido esta semana cuando el motor de un avión succionó un ave

"La mayoría de los pasajeros no saben, cuando bajan de un avión, que un animal de medio kilo ha podido salvarles la vida". Francisco Rodríguez Bautista, el halconero de la Base Aérea de Zaragoza, que se encarga con sus diecisiete rapaces (halcones, azores y águilas de harris) de ahuyentar las aves que pueden invadir las dos pistas y accesos del aeropuerto, se refiere a ejemplares como Caifás. Un espectacular macho de halcón sacre, de cuatro años de edad y con más de 1.100 horas de vuelo en sus alas.

Se trata de un servicio de control de fauna basado en las técnicas de la cetrería que intenta impedir que se produzcan incidentes como el ocurrido el lunes de esta semana, cuando un avión se vio obligado a aterrizar averiado a causa de un pájaro que había sido succionado por la turbina de un motor. Un arte ancestral de caza se pone así al servicio de las más modernas tecnologías.

Francisco Rodríguez, que cuenta en el equipo con otros dos especialistas para cubrir los días de fiesta y vacaciones, patrulla el recinto de Garrapinillos con las aves que elige. Su objetivo principal: ahuyentar las bandadas de palomas que encuentran en estas instalaciones, su oasis particular. Todos los días hace un "barrido" con un halcón de entre quince y diez minutos antes de cada despegue y aterrizaje. "En cada lugar ya conocemos las zonas de pasa de palomas, por lo que es ahí donde se suelta el halcón, que vuela en un radio de unos 500 metros y puede elevarse mucho, y así se consigue espantarlas", explica Francisco. Normalmente, se utiliza un adiestramiento con un señuelo de carne (técnica de altanería), no se busca abatir a ninguna paloma, pero si se detecta un número elevado de ellas el propio cetrero suelta una para que la capture. "Así se consigue inculcarles el miedo que tienen a las rapaces", recalca este experto.

En verano cada día vuelan una media de seis o siete rapaces. En invierno, cuando se produce un mayor tránsito de migratorias, tienen que emplearse a fondo prácticamente todas ellas. Francisco Rodríguez también adapta su horario laboral a las necesidades de cada época, y si ahora es de 9.00 a 17.00, cuando haga algo más de frío lo retrasará para ajustarlo a las costumbres de las molestas y peligrosas aves invasoras.

Además de las pistas, Francisco Rodríguez también escruta cada cierto tiempo el cercano campo de golf de la base militar, "donde sestean las palomas a partir del mediodía", y el canal al que acuden a beber. Para ello echa mano de las águilas de harris y los azores en el bajo vuelo y mano por mano, ya que van de su puño a la posible presa. "El azor fue bautizado por Félix Rodríguez de la Fuente como el pirata de la espesura, porque se mimetiza muy bien en las zonas arboladas y de bosque", comenta Francisco mientras acaricia la cabeza de Belagua. En este caso no repite horarios ni días, para así evitar que las palomas se acostumbren a una rutina de comportamiento que terminan conociendo y, por lo tanto, eludiendo.

Además de las palomas, la presencia imponente y amenazadora de las rapaces también sirve en el recinto zaragozano para prevenir la entrada de miles de estorninos, alcaravanes que suelen posarse en invierno y especies esteparias como las gangas y ortegas.

Para repeler los estorninos funcionan sobre todo los cernícalos (pequeños halcones parecidos a las golondrinas). "En la mayoría de las ocasiones basta con ir con ellos andando por el margen de las pistas, incluso desde un vehículo", especifica Francisco Rodríguez. Cuando los caravanes al ver el halcón se quedan "pegados al suelo" recurre a su perra setter para que le acompañe. "Aquí no trabajamos con el can, a no ser que sea estrictamente necesario, está prohibido porque hay mucha caza", matiza este experto. Por la noche hay hasta buhos reales y la perra impide que se acerquen a las jaulas de las rapaces.

Su primera tarea matinal consiste en pesar a las aves. Las controla para que cada una tenga el "peso temple" y el grado de agresividad justo. Normalmente, la jornada que trabajan están bien alimentadas, y el día que no, ayunan para que crezca su voluntad de cazar. Mientras sus siluetas surquen el cielo del aeropuerto, ninguna otra ave osaría cruzar su territorio.

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