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"No era su día para morir"

Tomás Maz, de 56 años, trabajador municipal, salvó ayer la vida de una joven que estaba a punto de arrojarse desde el puente del Tercer Cinturón sobre la A-2

Ayer no era su día para morir. De eso se encargó Tomás Maz quien, sin la más mínima duda, salvó la vida a una joven que estaba empeñada en perderla y, quién sabe, en llevarse por delante la de alguien más.

Eran las 7.45 cuando Tomás, que se dirigía a trabajar con su furgoneta, pasó por el puente que sortea la A-2, entre el Tercer Cinturón y el polígono de Cogullada. Enseguida se sorprendió porque había gente parada en la otra dirección mirando hacia el centro de la carretera. Entonces se fijó en el punto de su atención: una joven, de unos 30 años, se había subido al pretil de la mediana del puente y estaba a punto de tirarse al vacío y caer sobre la autovía, justo en medio del carril en dirección a Barcelona, que registraba una gran afluencia de vehículos.

No lo dudo: "Paré la furgoneta y me acerqué a ella por detrás. La gente me decía desde el otro lado ¡cógela!, ¡cógela! Yo les hice un gesto con la mano para que no gritaran y evitar que ella se enterara de que me estaba acercando. Entonces la agarré y la eché al suelo. La joven se resistía y me decía que la dejara, que se quería matar. Pero yo le dije que hoy (por ayer) no era su día".

Minutos después llegaron al lugar varios coches de Policía y una ambulancia, que fue la que asistió a la joven y se la llevó a un centro sanitario. Al parecer, la mujer sufre trastornos psiquiátricos y está en tratamiento y había sufrido un brote.

Tomás, con las piernas temblando y el estómago encogido, contó lo ocurrido a los agentes y después se montó en su furgoneta del Ayuntamiento y se fue a preparar el material para montar el escenario del concierto que Bunbury ofrecerá el próximo fin de semana en la Feria, como trabajador municipal de la sociedad Zaragoza Cultural que es.

Al llegar, sus compañeros lo vieron tan afectado que pensaban que había tenido un accidente de tráfico, pero él les explicó la experiencia que acababa de vivir.

"Es que después empecé a pensar en qué hubiera ocurrido si no la llego a coger y me ponía malo. No solo porque se hubiera matado ella, que ya es gordo, sino porque con el tráfico que había seguro que habría caído encima de algún coche o alguien habría tenido que dar un volantazo para esquivarla... En fin, que se podría haber montado una buena", manifestó.

Antes que él habían pasado otros coches por allí, pero ninguno se había detenido, bien porque no vieron a la joven o porque no les preocupó lo que hacía o lo que pretendía hacer. En la otra dirección del puente sí que había gente parada, pero no podía acceder hasta la mujer porque entre los dos carriles hay un hueco, que era por el que quería precipitarse.

Desconoce cómo se llama la joven a la que ha salvado la vida porque no habló casi con ella. "Solo decía que la soltara, que la dejara en paz y que se quería matar. Luego fueron los sanitarios quienes se encargaron de tranquilizarla", explica.

Aunque todo terminó bien, el susto que se llevó Tomás Maz fue gordo. Buena parte de la mañana estuvo tomando tilas, al tiempo que recibía ánimos y felicitaciones de sus compañeros. Hasta por la tarde, no dejó de tener esa sensación de opresión en el estómago.

"Es que cada vez que me acuerdo, se me revuelven las tripas", señalaba horas después.

Más relajado, se percató de que su acción había tenido un coste: aficionado a los puros como es él, dos montecristos que le habían regalado y llevaba en el bolsillo de la camisa, se le habían roto al coger a la chica.

Tomás Maz tiene 56 años y es el encargado de equipamientos de la sociedad municipal Zaragoza Cultural. Él es quien da la salida a todos los pregones de las fiestas del Pilar y es muy conocido en la ciudad por ser el responsable de la comparsa de gigantes y cabezudos de la capital aragonesa. Pero ahora lo será todavía más por haber salvado la vida de una joven y quizá la de otras personas que durante unos minutos estuvieron en peligro sin ni siquiera llegar a saberlo.

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