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EL PABELLÓN DE... QATAR

¿Cuál es el verdadero color del oro líquido?

En el país de la televisión Al Yazira hay más petróleo que agua. Las desaladoras calman la sed de un territorio que se desarrolla a paso de gigante, ganando metros al desierto y al mar con proyectos faraónicos de ocio, negocio y viviendas. Sin embargo, en el pabellón de Qatar predomina la tradición.

Samuel Negredo (HERALDO.es)

Los visitantes entran por un arco del castillo de Al Zurarah, que guarda un parecido muy lejano con el palacio de la Aljafería en Zaragoza. Nada más acceder, se encuentran con una larga cola que se forma para entrar al saloncito donde una amable señora tatúa con henna a mujeres y niños, inscribiendo el nombre o motivos florales.

Junto a la fila, hay una mínima exposición de utensilios típicos qataríes: un recipiente en el que se quema incienso, un frasco contenedor de perfume casero sin alcohol (que se extiende por la noche sobre la cama, según la tradición) y una tetera, porque a los qatarís les encanta el té y el café muy dulce.

Domina la parte central del pabellón una luminosa maqueta, que muestra la geografía del país, eminentemente peninsular y desértica, lo que ha obligado a optar por la desalación como método de abastecimiento de agua, tanto para el consumo de boca como para la industria.

El nombre de la empresa encargada de esta obra hidrológica simboliza cómo en Qatar matan dos pájaros de un tiro: a la vez que potabiliza el agua, la sociedad Kahra-Maa (literalmente, Electricidad-Agua) también obtiene electricidad para satisfacer la creciente demanda energética.

Antigüamente, los recursos hídricos se extraían de los acuíferos (como simboliza el pozo instalado en el pabellón), pero la espectacular expansión demográfica, favorecida por una oleada de inmigración cualificada hacia el país, provocó que Qatar haya pasado de 150.000 a 650.000 habitantes en medio siglo. Todos ellos ocupan un territorio equivalente a la provincia de Soria, y dos de cada tres se concentran en la capital, Doha.

Buena parte de la importancia del desarrollo de Qatar reside en el petróleo, que ha llenado de dólares el joven país independizado en 1971. Como testimonio de este manantial de riqueza (sucio, pero manantial), unas gigantescas tuberías oxidadas decoran una esquina del espacio expositivo.

En el pabellón también se publicita Qatar Airways, una aerolínea de superlujo y esmerado servicio que, al parecer, es ajena al 'overbooking', el cáterin rancio y de pago y el síndrome de la clase turista. Como uno se puede imaginar, este exponente del lujo asíatico no vuela a Zaragoza; ni siquiera hasta El Prat, porque la única conexión española llega al aeropuerto de Madrid-Barajas.

Plantea ciertas dudas que el Ministerio de Agricultura de Qatar traiga a la Expo del agua y el desarrollo sostenible dos mastodónticos proyectos de urbanización que dejan en mera anécdota a Marina D'Or y la ciudad de Paco el Pocero en Seseña, pero quizá contribuyan a hacerse cargo de forma más fidedigna de cómo se afronta en el país la urbanización de nuevos territorios.

Una de las dos actuaciones urbanísticas corresponde a la 'isla de la Perla', una zona ganada al mar que se inspira en la península artificial de Palm Beach, mientras que la otra se integra en la capital qatarí y comprende cuatro nuevas y emblemáticas torres.

El desarrollo urbanísitico sostenido en petrodólares se extiende por la pequeña península qatarí, pero los organizadores de su pabellón en la Expo recalcan la apuesta por la preservación de los recursos: no solo se trata de asegurarlos para el presente y el futuro, sino también de recuperar el pasado y rellenar los acuíferos. Nunca se sabe cuándo pueden hacer falta.

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