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Unas 26 familias gitanas siguen viviendo en tres focos de chabolismo en Zaragoza

Unas 26 familias gitanas malviven en condiciones precarias en tres zonas de la ciudad: unas doce en Cogullada, otras diez en un solar próximo al Príncipe Felipe (tras el Tercer Cinturón) y cuatro en San Juan de Mozarrifar. Este es el censo oficial que maneja actualmente el Ayuntamiento de Zaragoza, aunque podría aumentar si de cara al invierno, como ha ocurrido en los últimos años, regresan las caravanas al solar situado a las afueras del barrio de San José.

El presidente de la Asociación de Promoción Gitana, José Hernández Jiménez, recuerda que están a la espera de renovar el convenio con el Ayuntamiento y la DGA, en el que también está implicada Cáritas Diocesana. El año pasado se firmó muy tarde, y aunque se han prolongado las medidas relacionadas con la mediación y la educación de las familias, nada se ha avanzado en la erradicación de estas situaciones de infravivienda.

"Es una cuestión política de querer abordar el asunto con decisión y dar pasos, sitios como el Príncipe Felipe y Cogullada son problemas enquistados que requieren decisión", entiende José Hernández. Recuerda el "éxito" de experiencias como las llevadas a cabo en el camino del Pilón (Miralbueno), siempre y cuando los afectados sean los primeros en "comprometerse" y estar dispuestos a aprender a llevar una vida normal.

El consistorio zaragozano ha asumido la dirección técnica del programa, que antes llevaba el Gobierno aragonés, contando con la Sociedad Municipal de Rehabilitación Urbana de Zaragoza (SMRUZ) y el departamento de Vivienda de la DGA. A principios de este año el Ayuntamiento mostró su intención de promover el traslado de estas familias chabolistas a distintos puntos del casco urbano y de los barrios, apostando por la dispersión y el realojo en hogares.

Las expectativas que creó este anuncio se han visto hasta ahora frustradas. Fuentes municipales reconocen que sobre este asunto "no hay nada concreto". "No es fácil jurídicamente ni tampoco su ejecución, hay que ir poco a poco", afirman. De momento, los esfuerzos se centran en el "trabajo de campo de concienciación", y en que estas personas tengan "sus necesidades básicas cubiertas" y los niños "estén escolarizados". Desde Cáritas plantean la prioridad de crear un observatorio permanente de asentamientos chabolistas.

Algunos de los núcleos que se habían detectado a principios de este año han desaparecido. En el caso del Camino del Vado y el Balcón de San Lázaro, fuentes municipales explican que no se trataba de una situación de chabolismo "propiamente dicha", sino de "infravivienda" en casas y pisos abandonados. En este foco no se estaba actuando y los ocupantes se han ido marchando motu proprio, aunque sí se sigue detectando la presencia puntual de personas que entran y salen a pernoctar.

En junio la Gerencia de Urbanismo ordenó la limpieza y restitución de una zona protegida, próxima al puente de la AP-2 sobre el Ebro, donde se habían levantado chabolas y se acumulaban chatarra y palés. Desde el Ayuntamiento apuntaron que el problema radicaba en una "actividad económica irregular" que se ha erradicado. "Se está trabajando con ellos para buscarles otra reubicación y regularizar su situación laboral", concretaron.

El Ayuntamiento tiene intención de actualizar el censo de cara al invierno. Será entonces cuando podrían reaparecer las caravanas del camino de Montemolín. La parcela, a pesar de los requerimientos del Consistorio, no se ha limpiado ni acondicionado.

El regreso de estas seis familias lo dan por seguro los habitantes del poblado que se encuentra unas decenas de metros más arriba. "Aquí todo el mundo tiene que buscarse la vida, normalmente en verano se dedican a ir por las ferias o a la recogida de fruta, pero cuando termine la temporada los volveremos a ver por aquí", aseguraba Fabiana De los Santos.

Lleva ocho años en este asentamiento. "Nosotros ya somos de aquí", afirma. Sus tres hijos han crecido entre el barro y el duro cierzo que pega sobre todo en invierno. Su marido: "Se marchó a buscar tabaco y desapareció como el humo". En la conversación interviene su hermana Carmen para apostillar que sus padres, ambos con diabetes, también malviven entre muebles viejos.

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