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El inamovible vecino del octavo

José Bodega es el único inquilino del número 15 del Coso. El edificio se está reformando con motivo de la ampliación del hotel Rey Alfonso, pero él se resiste a marcharse mientras las obras continuan.

José Bodega vive en el número 15 del Coso, en el octavo piso. Lleva tiempo residiendo allí y no quiere irse, a pesar de que es el único inquilino desde hace dos años. El bloque en el que habita se está reformando como parte del proyecto de ampliación del hotel Rey Alfonso, situado en la esquina del Coso con la calle de Alfonso I.

Hace dos años que el dueño del hotel decidió utilizar las casas de alrededor, también de su propiedad, para ampliarlo. El proyecto se truncó cuando uno de los vecinos se negó a abandonar el piso en el que vivía de alquiler aduciendo que su contrato de arrendamiento le permitía permanecer allí.

Pero resistir le está resultando difícil a este antiguo director de obras hidráulicas, jubilado desde el año 93. José Bodega tiene un par de juicios pendientes por este asunto, motivo por el que no ha querido aportar más datos sobre la situación que está viviendo a este periódico.

Sin embargo, fuentes de Zaragoza Urbana, la empresa encargada de la rehabilitación del hotel, aseguran que la situación es relativamente normal y se produce con bastante frecuencia. Recuerdan el caso del edificio que se encuentra en la esquina del Coso con don Jaime. Según la empresa, estuvo mucho tiempo en obras y, a pesar de ello, ha conservado sus locales.

Zaragoza Urbana reconoce que es más frecuente que estos problemas ocurran con los establecimientos comerciales que con las propias viviendas. Pero afirma que, en ambos casos, se trata de una situación de convivencia entre la necesidad de unas obras y el derecho de una persona a permanecer en su casa. La empresa también reconoce que por ley, José Bodega puede quedarse y recuerda que no es un edificio destinado exclusivamente al uso hotelero.

Vivir allí no debe de ser fácil. Por dentro, el edificio ha quedado reducido a su esqueleto. No hay ni puertas, ni marcos de ventanas; solo las vigas y las paredes desnudas que marcan la extensión de cada piso. El ascensor ni siquiera funciona bien. Un trabajador explica que si sube hasta el décimo piso, el último, luego no vuelve a bajar. Y el ir y venir de vecinos ha sido suplantado por el trabajo de las cuadrillas de obreros y sus escandalosas herramientas.

"Señoritas, no pueden permanecer aquí si no llevan casco ni calzado apropiado", avisa uno de los responsables de las obras. Las medidas de seguridad son claras. Pero, ¿qué pasa con el vecino del octavo? ¿Y con los familiares que van a visitarlo? ¿Tienen que subir los ocho pisos andando con casco y con el calzado más adecuado?

El contraste entre estas dos situaciones no solo se nota dentro del edificio, también fuera. Coronando una fachada de grandes láminas blancas y ventanales alargados, se encuentra el piso octavo, de ladrillo y vanos bastante más pequeños. La marca externa de la resistencia.

Los que también llaman la atención son los establecimientos comerciales que permanecen en los bajos del edificio: una joyería y una óptica. A su alrededor, no hay ningún local más. Estos han dado paso a oscuros espacios llenos de polvo y escombros, a la espera de que las obras les den un mejor uso.

Pero entre tanto jaleo, la joyería Aragón y la óptica Val continúan con su actividad habitual. El responsable de la primera, asegura que no han tenido ningún problema para permanecer y que nadie les ha hecho ningún tipo de propuesta para marcharse.

La reforma

El nuevo hotel Rey Alfonso I de Aragón pertenece al grupo hotelero Palafox. Esta empresa regenta otros cuatro hoteles en la capital aragonesa; algunos de ellos muy consolidados en la ciudad, otros recién estrenados o incluso a punto de hacerlo: el Reina Petronila, el Hiberus, el Palafox y el hotel Goya.

Según su página web, el Rey Alfonso, que tendrá una categoría de cuatro estrellas, contará con 103 habitaciones y 17 suites. Además dispondrá de una gran variedad de servicios como gimnasio y piscina climatizada, solarium y piscina exterior con vistas a la parte histórica de la ciudad, salones, zona empresarial y servicio de aparcamiento.

Las obra de reforma, según informa la página web de la cadena hotelera, tiene como objetivo sacar el máximo partido a los dos edificios que conforman el complejo del hotel. Para ello se están llevando a cabo diversas actuaciones como la ordenación de usos del espacio, la actualización de los accesos de acuerdo con las nuevas normativas legales, la construcción más salas y salones, así como de una recepción. Por último, también se le ha dado un tratamiento de materiales mucho más actual y se han realizado algunas concesiones relacionadas con la decoración.

Los encargados de esta labor son los arquitectos Luis Franco y Mariano Pemán. En los últimos treinta años, estos profesionales han llevado a cabo algunas de las transformaciones urbanísticas y culturales más importantes que ha experimentado Zaragoza. La restauración de la Aljafería y de La Seo o la construcción de vivienda protegida en Valdespartera son algunas de ellas.

Pero tantos cambios no han impedido, por el momento, que José Bodega siga viviendo en su casa, en la misma de hace tantos años. La reforma ha permitido hacerle un lavado de cara al edificio. Poco se parece al aspecto que presentaba hace apenas dos años. Sin embargo en el octavo, sigue quedando un lugar para el recuerdo de cómo fue hasta hace poco el número 15 del Coso.

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