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Zaragoza
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EXPO 2008

Fantasía de buena calidad

Nervios, prisas y muchas carcajadas, es el ambiente que se respira horas antes de que comience la cabalgata del Circo del Sol. Los 80 artistas que participan en el espectáculo se reúnen en los cuatro camerinos habilitados para ellos en el subsuelo de la Expo y comienza el proceso de montaje con un ambiente envidiable. Lo más laborioso, el vestuario.

Cada uno sabe exactamente lo que tiene que hacer. El ritual es siempre el mismo: Entrenar, maquillarse, peinarse y vestirse. Pero esto no es nada sencillo cuando llevas un traje con una cola de 12 metros o cuando tu falda tiene un metro de diámetro y vas subida en unos zancos. A las 11.15 comienzan a ponerse las ropas y a las 12 en punto tienen que estar listos para salir al escenario, en este caso al recinto Ranillas.

El vestuario es una parte muy importante del resultado final de la cabalgata y se cuida hasta el más mínimo detalle. De ello se encargan cuatro personas: Macarena, Ainhoa, Mari Cruz y Andrés. Ellos hacen los arreglos de las prendas, lavan los trajes todos los días, los planchan, y los reparten después entre todos los artistas. Algunos son más laboriosos que otros y tienen que ayudarles a ponérselos. “Los zanquistas son los que más ayuda necesitan porque sus trajes son los más complicados y además se une la dificultad de la altura de los zancos”, explica Macarena Astier, jefa de sastrería del Circo del Sol en la Expo. Algunos se visten antes de ponerse las extensiones de sus piernas, mientras que otros se visten a más de dos metros del suelo.

El vestuario lo llevaron a cabo dos diseñadores en Canadá, donde está la central del Circo del Sol, y luego los confeccionaron en una empresa de producción de Valencia. De la fábrica salieron 110 trajes contando con segundas prendas para tener siempre un vestuario listo contra cualquier problema. “Todas las prendas están muy elaboradas, todo está pintado o teñido, nada tiene su color original. Se han usado materiales buenos: sedas, organizas y linos, aunque predomina la licra y el látex. Y los brillos que llevan algunos de los trajes están hechos a base de cristales Swarovski”, indica Astier.

Cada uno de los trajes ha sido pensado para una figura en concreto y no se hacen modificaciones respecto al diseño original, solo algunas reparaciones. “El traje más complicado es el de la Portadora de Agua, porque lleva una falda de Miniyake con fotoimpresión y serigrafía que tiene más de un metro de diámetro lo que dificulta sus movimientos sobre los zancos. Cuando hace mucho viento, no puede salir porque volaría”, comenta la jefa de sastrería.

Decenas de cuerdas, ramas y pelos sintéticos cuelgan de los trajes. Gorros, manos gigantes, paraguas y demás complementos culminan el atrezzo que posteriormente inunda de fantasía la Avenida 2008. Aunque muchos de ellos no son precisamente cómodos para las maniobras imposibles de los artistas, el resultado final es inmejorable. Eso sí, al final de la Cabalgata, son muchos los trajes que han sufrido percances durante el recorrido. Algún hilo deshilachado, pequeñas roturas en algunas prendas, o adornos que se desprenden son lo más habitual.

Cuando los artistas se despiden del público y vuelven a los camerinos, comienza el proceso otra vez. Los trajes, su piel durante estos 90 días, acaban en unos cubos gigantes desde donde vuelven a la lavandería, iniciándose así otro día en las entrañas del espectáculo más visto de la Expo.

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