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EL PABELLÓN DEL CARIBE

Tras la tormenta, el barrio de la alegría

Si cree que Antigua y Barbuda son dos señoras de aspecto descuidado, que Nieves es una presentadora en horas bajas y que las Granadinas son algo que se mezcla en los cubatas, necesita visitar el pabellón de las islas y costas caribeñas. Vivirá una tormenta sin mojarse, paseará por una plaza típica y saboreará unos cócteles asequibles con buena música.

Samuel Negredo (HERALDO.es)

"El horno del verano funde todo en bronce. Este es mi océano, pero está hablando su lenguaje, pues su acento cambia según las diferentes islas". El pabellón de la Comunidad del Caribe en la Expo abre su recorrido con un audiovisual que recrea una tormenta tropical, con una combinación de proyecciones en una pantalla circular y una locución basada en textos del premio Nobel Derek Walcott.

Los efectos sonoros, perfectamente sincronizados con las impresionantes imágenes y las cortinas de agua, envuelven al visitante durante unos breves minutos, tras los que el espectáculo llega a su fin: "Ahora se abren espacios azules, como hendiduras, en el humo. El sol saldrá y la pleamar de luz va tartamudeando como un barco de arena sobre el estuario".

Durante la visita a través de la colorida plaza de una localidad caribeña, se puede conocer algo de cada país participante; cada uno ocupa su propia casa. Por ejemplo, en Antigua y Barbuda destaca la arena rosa de la playa, la Commonwealth de Dominica se caracteriza por su microclima único, y Granada se ha visto influida por su patrimonio africano. Entre corales negros y grutas submarinas, las aguas de San Cristóbal y Nieves esconden más de 400 barcos hundidos desde el siglo XV, y en San Vicente y las Granadinas, las olas rugen furiosamente sobre fascinantes jardines subacuáticos.

La república de Haití se ha visto influida por su pasado colonial, los ecos africanos y los ritos del vudú. Barbados recomienda el festival anual de 'Crop Over', que suma música, arte, danza, cocina y religión. En la 'casa' de las Bahamas quizá le dejen probarse una espectacular corona de plumas, y en Jamaica se enorgullecen de su espíritu emprendedor. Hay más curiosidades: mientras que la isla de Trinidad, "la tierra de los colibríes", es bulliciosa, su inseparable Tobago resulta mucho más apacible, y las selvas y los bosques de Surinam todavía permanecen vírgenes.

Muchos de los países compiten por añadir adjetivos a su ron y a su carnaval, para convencer de que el suyo es el mejor. Guyana, sin embargo, destaca su política medioambiental, que cubre la protección del entorno y los pueblos indígenas. Su capital, situada bajo el nivel del mar, está protegida por murallas, diques y esclusas.

La plaza del pabellón ofrece una imbatible propuesta lúdica: un pequeño chiringüito con refrescantes copas caribeñas y un quiosco de música, en el que cada tarde se puede disfrutar de una animada programación musical. Por un precio que no llega a tres euros, se puede disfrutar de un mojito, un margarita, un daiquiri, piña colada, una caipiriña, o uno de los dos cócteles especiales: Caribe y Caricom.

Paradójicamente, hay más productos en el espacio de cada país, donde no se puede comprar nada, que en la tienda situada a la salida, en la que la mercancía a la vista escasea (según la encargada de turno de la tienda, para ofrecer un trato personal a los visitantes). Entre lo más vendido están el café, el ron y las camisetas.

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