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Zaragoza
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VIDA EN LA EXPO

Una jornada espectacular

La programación cultural y de entretenimiento de la Expo cuenta con un público fiel, que no necesita muchos argumentos para detenerse en su recorrido y convertirse durante unos minutos en espectador, en lugar de visitante. Eso sí; es necesario planificar el día para disfrutar a tope de los actos programados.

Samuel Negredo (HERALDO.es)

Exterior del Balcón de las Artes Escénicas, un par de minutos después de las cinco y media de la tarde. Dos chicas esperan sentadas junto a la zona de colas, ya desierta: "Es nuestro único día en la Expo. Íbamos a entrar, pero la puerta ya estaba cerrada, porque había empezado el espectáculo". Algunas personas llegaron a guardar hasta media hora de cola para ver la primera actuación del Niño de la Leo, que debutaba este lunes, a pesar de que no se completó el aforo. Celia Yamberla, encargada de mantener la fila en orden y de controlar el acceso, explica que muchas personas primero guardan fila, y cuando se abren las puertas preguntan cuál es la actuación.

Aunque el concierto de flamenco ha congregado a una proporción significativamente alta de foráneos, la empleada de la Expo asegura que nacionales y extranjeros andan igual de perdidos: "Los primeros días se dieron muchos casos de gente que entraba y salía a los cinco minutos, por lo que informamos de la duración y el contenido del espectáculo a todas las personas que quieren acceder". Ahora solo se puede salir anticipadamente por alguna urgencia; la norma es igual de estricta que la que impide guardar turno en las colas: "Se puede ir al baño o a comprar agua, pero tienen que avisar. Por encima de todo, hay que respetar a la gente", dice Yamberla.

A partir de su experiencia, Celia asegura que el "cabaret líquido" es el espectáculo que más éxito ha tenido hasta la fecha, con sucesivos "llenazos". Montse y Jordi, residentes en Zaragoza, lo incluyen entre sus favoritos. Ambos compraron su pase de temporada hace dos años y medio, cuando todavía no se había difundido por dónde iban a ir los tiros en cuanto a la programación cultural se refiere, y llegado el verano de 2008, no están para nada decepcionados. Entre la oferta programada hasta el momento, destacan algunos eventos del Anfiteatro 43, como el Cuba Show o la reciente actuación de Yamato.

Estos dos asiduos de los espectáculos de la Expo regresaban de lnspiraciones Acuáticas tras conocer que el espectáculo del Hombre Vertiente había colgado el cartel de "completo" media hora antes de comenzar. Araceli, una de las empleadas que dirigen el flujo de visitantes e informan de las distintas opciones que existen para ver el espectáculo, asegura que los 500 'fast pass' que se dispensan para cada representación se agotan enseguida. Sin ellos o sin acudir con mucha antelación, es difícil sentarse en las gradas, y hay que bajar a la entrada que da acceso a la zona en la que se permanece de pie y se vive el espectáculo más de cerca.

El espectáculo de magia que propone el Balcón de los Niños resulta tan atractivo, que son muchas más entre el público las cabezas poco pobladas que las de los asistentes impúberes. Tanta afluencia tiene un resultado: los más pequeños terminan a hombros de sus esforzados padres, mientras el gentío mira con expectación el número de magia, acompañado por los primeros acordes de una canción de Mecano que nunca termina de arrancar.

La planta superior de los edificios de participantes frente al Ebro es un no parar. Teresa González, de Zaragoza y con pase de temporada, cuenta frente al Balcón de la Música que, tras recorrer la Expo de punta a punta durante las primeras semanas, ahora se dedica a ver espectáculos como el concierto de Elena Rubio, que actuó este lunes a última hora de la tarde. Buena sombra, buen ambiente y buena música; una combinación perfecta.

A veces, no son necesarios todos los factores para que los patios de butacas (de plástico, pero butacas al fin y al cabo) muestren cierto éxito de público. Una prueba de sonido a media tarde o el cansancio propio y la canícula del exterior son excusas suficientes para que algunos tomen asiento y contemplen un escenario vacío, con el telón negro como único protagonista.

El Distrito 50 y la avenida 2008 también son testigo de numerosos espectáculos y pasacalles. Los hay diarios, como "El despertar de la serpiente" (la cabalgata del Circo del Sol que a mediodía amaga con detener el curso de la Expo) y también ocasionales, como el que partió ayer a las cinco de la tarde del pabellón de Emiratos Árabes Unidos.

Estas actuaciones requieren una organización especial, para que los espectadores y fotógrafos ocasionales no arrollen a los artistas. "Esto es como una procesión", aseguraba un visitante que se disponía a seguir a los músicos que, provistos de instrumentos de percusión, enfilaban la arteria más concurrida del recinto, amenizando la espera a quienes aguardaban para entrar en las muestras de algunos países participantes.

Los pabellones también son un buen lugar donde disfrutar del espectáculo. Además de los que sacan a la calle su folclore, otros como África Subsahariana y América Latina cuentan en su interior con escenarios en los que los distintos países programan actuaciones musicales.

Sin embargo, disfrutar de una oferta tan variada requiere información. Por la mañana, María y Julián, dos turistas procedentes de Granada, aseguraban desconocer por completo la oferta de espectáculos de la Expo poco antes de acceder al recinto por la puerta del Ebro. Interrogada a media tarde por sus planes, una pareja de La Rioja respondía: "¿Hay algo por la noche ahí abajo, verdad? Pues eso vamos a ver". Se referían, claro está, al espectáculo del Iceberg.

Para cubrir este vacío informativo, los voluntarios reparten los programas del día cerca de los tornos de entrada, y las pantallas informativas y la megafonía recuerdan los horarios poco antes del inicio de las principales actuaciones. Además, se pueden seguir las recomendaciones de medios de comunicación como este, o consultar la agenda en internet, desde casa. La Expo ofrece muchas oportunidades para sentirse un espectador privilegiado, pero hay que prepararse para evitar colas innecesarias, llegar a tiempo y no perderse lo mejor.

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