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Independencia, ¿peatonal o no?

Los continuos cortes del paseo de la Independencia y las consecuencias de estos reavivan el debate ciudadano. Los vecinos de la ciudad se plantean si esta calle debería cerrarse al tráfico permanentemente en vez de hacerlo de manera intermitente y casi inesperada.

Una vez más, el paseo de la Independencia volvió a quedarse sin coches durante unas horas. Este hecho ha vuelto a abrir el debate ciudadano sobre su peatonalización definitiva ya que en menos de un año el Paseo se ha cortado al tráfico una quincena de veces. Hay opiniones encontradas entre vecinos y comerciantes, e incluso existen voces dispares dentro del propio Ayuntamiento.

Las mayores afecciones de estos cortes las sufren los usuarios de bus. Ayer mismo, tuvieron que cambiar su recorrido once líneas: 21, 23, 48, 43, 33, 35, 30, 38, 40, 52 y Expo. Si cualquier modificación de itinerario supone un problema, en este caso se produce uno mayor. En la plaza de España confluyen las principales vías de Zaragoza y es un punto muy importante para la realización de transbordos. A veces, los desvíos duran horas, como los de ayer, otras, varios días. Con motivo del día de las Fuerzas Armadas, Independencia estuvo cerrado al tráfico una semana, del 26 de mayo al 3 de junio.

Mayo fue, precisamente, el mes más crítico: seis cierres en un mes. Los motivos fueron de lo más diverso, una manifestación por el día del trabajo, la celebración de la Media Maratón, la XV concentración de Seat 600 (con foto incluida para batir un récord Guiness) o la celebración de un torneo de baloncesto.

Muchos están de acuerdo en que Independencia, como una de las vías más significativas, debe ser el escenario de los principales acontecimientos de la ciudad. En esos casos, los zaragozanos entienden la situación y aceptan sus consecuencias. Sin embargo, también creen que existen espacios más apropiados para la celebración de otros eventos como los deportivos.

Joaquín Moné trabaja en uno de los edificios del Paseo. Para él, el problema es que la calle está abriéndose y cerrándose al tráfico continuamente. "Lo que a la gente le molesta realmente es esta situación. Les desconcierta mucho y afecta a su manera de organizarse para ir al trabajo", comentaba. "Habría menos incidencias si el paseo fuese peatonal, siempre y cuando hubiese buenas comunicaciones por las calles adyacentes", aclaraba el vecino.

Pero no todos están de acuerdo con esta medida. Chon Orgillés, responsable de la droguería Lapuente, cree que peatonalizar Independencia sería matar el comercio de alrededor. Presume de conocer bien la zona, ya que su establecimiento lleva más de cincuenta años en el mismo barrio, treinta en la calle de Zurita y otros veinte en la de Albareda. Chon recuerda que desde la última reforma han dejado de circular muchos coches por Albareda. "Antes pasaban más pero desde que hicieron el tramo inicial peatonal (el que desemboca en Independencia), pasan mucho menos", explicaba esta comerciante. Asegura que la dificultad para aparcar frena a la gente a acceder a esta zona.

Mientras unos piensan que se pasea mucho mejor cuando Independencia está libre de coches y que todo el centro de la ciudad debería ser peatonal; otros opinan que este es un punto de referencia en Zaragoza. "Cuando cortan el Paseo la gente se descentra y no sabe moverse en autobús, sobre todo los que somos de fuera", aseguraba una señora ayer en la parada del paseo de Pamplona.

El debate sobre si Independencia debería ser peatonal o no cuenta ya con muchos años de historia. La Federación de Barrios de Zaragoza planteó, durante la última reforma, que se cerrase al tráfico durante los domingos y festivos. En ese momento, la propuesta se denegó, ya que se pensó que no podían hipotecar el transporte público, los servicios de carga y descarga o el acceso a los garajes.

Varias reformas

El paseo de la Independencia se ha ido modificando conforme ha evolucionado la ciudad y su vida social. Comenzó a construirse en torno a 1870. Entonces se trataba de un andador central con árboles y calzadas a los lados. En 1962, la primera reforma eliminó el espacio central y dio lugar a una gran avenida de doce carriles.

Poco queda ahora de eso. En el año 2002 una segunda transformación invirtió las proporciones. El espacio peatonal se duplicó, ganando 16.000 metros cuadrados, y el destinado a la circulación rodada se redució a la mitad. Además, las bocacalles trasversales se dejaron de salida a las calles, no de entrada al Paseo.

El objetivo era avanzar un poco en la peatonalización del Paseo. Sin embargo, desde entonces, se ha creado una situación intermedia que no acaba de satisfacer a muchos.

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