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VIDA EN RANILLAS

Los foráneos le dan un Notable a la Expo

La cifra de nacionales y extranjeros que han visitado la Expo iguala ya a la de zaragozanos. Esto supone que un amplio margen de visitantes ya no son locales y por lo tanto efectúan muchos más gastos en el recinto y por ende, en la capital maña. Siete grupos cuentan los pormenores de su estancia.

Conchi Cid ha venido desde Valladolid con cinco amigos. Compraron su pase de tres días en una agencia de viajes de su localidad, y en Zaragoza se alojan en un hotel cercano al aeropuerto. Desde allí cogen un autobús por la mañana que les deja en quince minutos en el recinto. Un día comieron de bocadillo y otro en uno de los restaurantes autoservicio. “Nos está gustando, le damos un 7 de media, pero estuvimos en la de Sevilla y es un poco de lo mismo, y con muchas filas. Pensábamos que después de tantos años iba a estar más evolucionado con Internet”, explica Conchi.

Miguel León, vive en Madrid y ha acudido a la Expo acompañado de familiares y amigos. Por el momento han visitado solo cuatro o cinco pabellones, pero les recuerda bastante a las anteriores ediciones en Lisboa y Sevilla en versión más reducida y concentrada. “Estamos en el hotel Tryp, cerca de la estación de Delicias, y aunque lo cogimos hace un mes, se nota que los precios han subido cerca de un 50%”, indica León. Todavía no han pasado por el hotel, porque han venido directamente en coche al recinto. Los cinco le dan un 6,8 a la Expo.

Desde Lisboa se ha acercado la familia Leal y los Graça. Los cuatro forman parte de una excursión de 46 personas que han viajado en autobús para recorrer España, y la Expo era parte del programa. Según el diseño de los pabellones que han visto, creen que aquí se aprovecharán mejor los edificios, no como afirman que ocurrió en Sevilla. No les ha dado tiempo de ver todo el recinto, pero le otorgan un generoso 7.

Aunque José Luis y Lurdes no estuvieron en la Expo de Sevilla, ahora residen en la capital hispalense. Pero han aprovechado que sus amigos Juan Carlos y Milagros llevan unos meses viviendo en Zaragoza para hacer una visita a la muestra. Se lo han montado bien, porque el alojamiento corre a cuenta de sus amigos, y las entradas fueron un regalo. Así que les quedan unos euros guardados para gastarse en el recinto. “Aunque no hubieran estado nuestros amigos hubiéramos venido porque nos interesaba. Lo que nos choca es que no se haya hecho más publicidad desde que se inauguró”, explican mientras saborean un rico mojito del pabellón del Caribe. Su nota final es un 7,3 para la muestra.

“Esto es más o menos igual de caro que San Fermín”, explica el italiano Alberto Aresca. Este turinés estudiante de Erasmus en Pamplona ha venido a la Expo en compañía de dos amigas de Liverpool que trabajan de profesoras de inglés en la capital navarra. Solo pasarán aquí un día, pero no les ha parecido demasiado caro. Aresca destaca la poca publicidad que se ha hecho en el exterior para un acontecimiento tan importante, y explica que la próxima Expo que será en Turín ya se está empezando a anunciar. Los tres se vuelven contentos a casa con un recuerdo bien barato, el vaso Fluvi a 1 euro, y un dándole una nota de 7,6 a la visita.

Cerca de 400 euros por cinco noches y entrada de tres días a la Expo es lo que han pagado los hermanos Juan y Santiago Cordobés de Barberá del Vallés en Barcelona. El hotel en el que se alojan es una antigua residencia reconvertida con ocasión de la muestra. “Si vienes uno solo no está mal de precio, pero para venir con toda la familia sale muy caro”, señala Juan. Por los precios elevados, las pocas sombras y la falta de publicidad, rebajan la calificación a un 7.

Desde Burdeos viene la familia Dassie. Este un matrimonio joven con dos hijos pequeños descansa apoyado en la fachada del pabellón galo. Compraron su pase de tres días por Internet, y afirman que en Francia apenas se ha hecho publicidad. Aquí están viviendo en el campin que ha habilitado la Expo, donde pagan 28 euros al día por los cuatro. También ahorran trayéndose agua de fuera, pero los bocadillos los compran en los quioscos del recinto. “Estuvimos en Sevilla y el calor era parecido al de aquí, así que no nos hemos sorprendido. Lo que si que nos parece mal es que hayamos tenido que hacer dos horas de cola para entrar al pabellón de España. No es para tanto”, indican. Aún así, son generosos con la puntuación y la suben a un 8.

La media de estos siete grupos de visitantes foráneos a la Expo queda en un merecido y nada despreciable 7,2. Las quejas más repetidas, las filas, el precio de algunos artículos en el interior, la escasez de sombras, y la poca publicidad son las que han rebajado puntos. Pero aún queda tiempo para mejorar.

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