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Zaragoza
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EXPO 2008

Una delicia en cada rincón

Si hablamos de comida, la Exposición Internacional de Zaragoza es el reino de lo insólito. Detener el frenético ritmo que nos impone la muestra y saborear las delicias del otro lado del mundo es un buen consejo si se quiere disfrutar al completo.

Es cierto, no se puede obviar que comer en la Expo no es un ejercicio barato precisamente, pero no todo cuesta un ojo de la cara. Hay sorpresas que merecen la pena porque no será fácil probarlas de nuevo cuando terminen estos tres meses. En esta guía de curiosidades culinarias dejaremos a un lado pabellones como Uruguay, Francia, Japón o el Restaurante de las Comunidades Autónomas, que están en boca de todos. Esta es una lista de propuestas divertida, y muy subjetiva, de lo más curioso y recomendable que nos podemos “echar al buche” en este Universo Expo.

Comencemos primero por lo de casa. El pabellón de Zaragoza y el de la Provincia ofrecen sugerentes opciones para alegrarnos el paladar. A partir de las doce del mediodía, en el espacio de la capital, distintos bares y restaurantes de la ciudad ofrecen suculentas tapas como una banderilla aragonesa de ternasco, jamón, queso y semillas de sésamo acompañada de gazpacho. Algo irresistible.

En el pabellón de la provincia de Zaragoza nos encontramos con una agradable sorpresa: en un pequeño “stand” colocado a la entrada se muestran los productos más granados de las comarcas zaragozanas: paté de alcachofas, quesos diversos, frutas de Aragón y, la estrella, tortas de manteca de Uncastillo que son todo un éxito. Además, aquí es posible comprar vino aragonés. A muchos les sorprende que haya botellas que cuesten 90 euros.

Sabores mediterráneos

Después de nuestro obligado paseo por casa. Salgamos de nuestro país y buceemos en culturas y sabores diferentes. Sin estridencias, hemos decidido no arriesgarnos y probar delicias mediterráneas:

En el pabellón de Túnez, junto a numerosas delicias árabes muy populares entre los turistas (baklawa con almendras o té a la menta) es posible encontrar curiosidades como café con azahar, para los más curiosos.

Grecia es una joya gastronómica en la muestra. Junto al delicioso yogurt griego, este pabellón ofrece confituras de pétalos de rosa, bergamota o cereza. En su restaurante se puede encontrar la deliciosa musaka hecha con auténtica carne de cordero(uno de los platos más solicitados). Quienes busquen algo original no se equivocarán si solicitan un “Lucánico” (butifarra griega con verdura picada), o “Dolmadakia” que consiste en hojas de parra con arroz. Sugerente ¿no?

Para beber es posible elegir entre el delicioso “café frappé “o una copita de vino de “Retsina”, una bebida blanca, típicamente helénica procedente, como indica su nombre, de la resina de los árboles.

El restaurante del pabellón de Italia será un acierto para aquellos que no buscan complicaciones. Una buena elección es su excelente “rissotto”. Además, su precio a pesar de ser más caro que cualquier “italiano” de la ciudad, es muy adecuado si hablamos de la Expo.

Delicias que llegaron del frío

La cafetería del pabellón ruso ofrece caviar y, por supuesto vodka. Sin embargo, se pueden encontrar deliciosos creppes dulces y salados que aconsejan tomar con una “cervecita” adecuada a cada plato. Las hay más fuertes o más suaves, eso sí, todas las cervezas son de medio litro.

La especialidad del restaurante del pabellón de Polonia posiblemente sea el arenque en escabeche con mostaza y cebolla o pato asado con manzana. Aquí hay mucho donde elegir.

La cafetería lituana se ha convertido en un éxito de nuestra vuelta al mundo gastronómica. Unos dicen que la sidra de pera que se sirve allí es una de las razones; otros, que la culpa la tienen las aguas de sabores sin gas. Pero, la verdadera razón, es que las cervezas están deliciosas y su precio es muy razonable.

Al salir del pabellón húngaro, nos sorprende un delicioso olor ¡que además se puede degustar sin coste alguno! Se trata de la popular “paprika”, algo más que un sabor de las famosas patatas fritas. En castellano, el pimentón, es el producto más famoso de Hungría y en la “tiendecita” del pabellón se puede comprar seco en una ristra, como el chorizo; en polvo o en salsa. Además, podemos adquirir tokay, ese licor hecho con uvas pasas cuyo precio y calidad varía según los “puttonyos” o cantidad de uvas que se han usado en su elaboración.

Los más golosos no se pueden perder el pabellón de Bélgica que cuenta nada más y nada menos que ¡con dos pastelerías! Allí se pueden probar fresas recubiertas de chocolate blanco o negro, crepés con chocolate y nata. Batido helado de chocolate o café o deliciosos bombones. Además, en Bélgica podemos disfrutar de las mejores cervezas del mundo, según dicen. Para los amantes de los sabores raros, la cerveza de frambuesa es una buena opción y para quienes deseen probar lo auténtico una cerveza de tiro “Agustín” es acierto seguro.

 

Aromas de Oriente

Té negro con cardamomo y leche; café yemení con clavo, jengibre y canela son dos sugerencias yemeníes para introducirnos en el mundo de lo exótico que pueden abrir el apetito a otros sabores como los que ofrecen Nepal o India.

En el pabellón del país del Ganges no podemos olvidar el curry y sus diferentes formas de tomarlo con arroz y pollo, así como los alimentos cocinados en el tandoor (un horno típico de la cocina india y paquistaní). Como sugerencia muy acertada del camarero probamos el “agua de rosas” que resulta ser una bebida dulce y sabrosa contra el calor veraniego.

El restaurante de Nepal, es posiblemente uno de los más auténticos de la muestra. Un botón, los pollos colgados junto al fogón. ¿Sugerencias? Tomárselo con calma y probar el pan y las patatas al estilo nepalí así como los buñuelos de cerdo.

Para cambiar de aires, un poco de salsa

México o el CARICOM (Comunidad del Caribe) son los lugares perfectos para acabar la noche con una copa. La terraza mexicana cuenta con una exquisita coctelería donde degustar “mojitos”, “margaritas” y caipiriñas. Y si quieren una sugerencia pregúntenle al camarero porque descubrirán muchas sorpresas.

Dar la vuelta al mundo es fácil en la Expo donde nuestro pasaporte gastronómico puede ir completándose a cada paso.

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