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Zaragoza
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EXPO 2008

Arte a tiro de piedra

Algunos pabellones son obras de arte en sí mismos, y otros se convierten en museos por las obras de arte que albergan. Un recorrido alternativo al típico de proyecciones y actuaciones musicales es el de las obras de arte del recinto Expo.

El pabellón de la Santa Sede es el que acumula mayor cantidad de obras de arte. Hasta 39 piezas de un valor incalculable, y relacionadas con la religión cristiana, se muestran en este espacio. Nada más entrar, el visitante topa con un magnífico tapiz flamenco del siglo XV que la reina María Cristina regaló a León XIII. Tras él, dos sarcófagos de mármol que datan del siglo IV representan escenas del Paso del Mar Rojo y de la historia de Jonás. Casi pasa desapercibido un Greco medio escondido en la pared. Es el “Bautismo de Cristo”, fechado entre 1612 y 1622, que no está firmado por el artista ya que murió antes de terminarlo y su hijo fue el encargado de finalizarlo. Una curiosidad del óleo es que los marcos han sido retirados para que los visitantes puedan apreciar como el artista usaba los bordes del lienzo como paleta. “El Cristo de la tempestad” de Giorgio de Chirico, y la “Venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza” de Goya son otras de las joyas. Obras de menor envergadura, y procedentes de iglesias y colecciones privadas de toda España, completan la excelente colección vaticana.

La Venus Esquilina destaca entre el moderno decorado del pabellón italiano. Esta escultura de mármol fechada en el siglo I d.c. fue encontrada en Roma en 1874 cerca de la actual plaza Vittorio Emanuele all’Esquilino, donde antiguamente estaba una suntuosa villa que fue morada del joven emperador Calígula y que pudo haber sido quien la encargó. La obra representa a una Venus adolescente a la salida del baño. Una toalla reposa sobre un pilar, mientras ella se retoca el pelo con los brazos, que no se han conservado. Enfrentados a su majestuosidad, están algunos de los proyectos de un gran italiano, Leonardo da Vinci. Este arquitecto, escultor, pintor e inventor, diseñó, entre otras cosas, una compuerta de guillotina, una puerta de presa, o una escafandra para buzo y respiradero que ahora se exponen en este lugar. Todos ellos fueron creados por el maestro entre 1475 y 1513.

El arte aragonés no podía ser menos que el italiano, aunque solo sea por la tozudez que caracteriza a los oriundos de la región. De esta manera, la segunda planta de la ya conocida como “cesta de frutas” está dedicada a obras del patrimonio histórico-artístico de Aragón. Las piezas están estructuradas por territorios, comenzando en el Pirineo y terminando con la Cordillera Ibérica. Aquí puede contemplarse desde un capitel historiado de la Parroquia de Santiago de Jaca, románica y tallada sobre piedra caliza, hasta una vértebra de dinosaurio del Cretácico. Por el camino, no puede dejar de fijarse en un Saura, “El perro de Goya”, que por sus tonos oscuros pasa desapercibido para el ojo poco avispado. Otro contemporáneo, Pablo Gargallo es el autor de “Aguadoras”, una escultura en bronce patinado que normalmente se expone en el Reina Sofía. La cabeza de Octavio Augusto divinizado, en tamaño extrañamente pequeño y en un curioso color marrón, fechada entre el año 97 y el 117 d.c, da fe de la importancia que tuivo Tarazona en la época, ya que allí fue encontrado.

Otra comunidad con una gran colección de arte clásico y religioso es Castilla y León. En su pabellón puede apreciarse un óleo de Pedro Berruguete, “Rey David” de 1490. Una gran pila bautismal de piedra arenisca de finales del siglo XII preside la sala, y normalmente suele adornar la Iglesia de San Prudencio de Soria. Además de otros objetos litúrgicos medievales, no podía faltar una pieza de Atapuerca. Aunque se trata de una réplica de un cráneo con mandíbula de un “homo heidelbergensis”.

Además de estas extensas colecciones artísticas, también hay algunas obras individuales dispersas por algunos pabellones. Por ejemplo, en el espacio belga, Jan Fabre expone una instalación hecha con siete bañeras, en una de las cuales aparece representado el propio artista flamenco. Resulta curiosa la fuente en el pabellón ruso que reproduce una famosa obra situada cerca de San Petersburgo en la que un apolíneo joven sujeta a un león por las fauces. Otras obras que pasan desapercibidas, son los tapices del stand de la CAI.

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