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Zaragoza

EXPO 2008

El sol purifica el agua

Una fundación suiza presenta en la Expo un método para depurar el agua de los ríos y convertirla en potable sin necesidad de añadir sustancias químicas, simplemente con la acción de los rayos ultravioleta sobre las botellas de plástico. El turbio cauce del Ebro sirve como campo de pruebas para este sistema, que ya utilizan 2 millones de personas en países en vías de desarrollo.

El método no podría ser más sencillo: comienza por llenar una botella de plástico PET de hasta 3 litros de capacidad con agua clara, de turbiedad escasa y libre de contaminación química, aunque puede haber estado en contacto con heces u otro tipo de cotaminación microbiológica. A continuación, se expone en un lugar bien soleado durante un mínimo de seis horas. La radiación ultravioleta (UV-A) destruye los microorganismos nocivos y convierte el agua en potable.

Matthias Saladin es el director de Desarrollo e Investigación de la fundación Sodis (acrónimo de “Solar Disinfection”, desinfección solar en inglés), encargada de promover este método en América Latina. El científico suizo explica que su público principal “es gente que no tiene acceso a agua segura, que son unos mil millones de personas. En muchos países en vías de desarrollo hay gente que tiene agua, pero no de calidad suficiente”. El sistema fue descubierto en los años 70 por un profesor libanés, pero no fue hasta los 90 cuando el Instituto Federal Suizo para Ciencias y Tecnologías Acuáticas (EAWAG) se encargó de desarrollar más el método y de difundirlo a nivel mundial.

Lucha contra la diarrea

El consumo de agua no potable provoca enfermedades como el cólera o la hepatitis A, pero son especialmente numerosos los casos de diarrea, que provoca la muerte de un niño cada 15 segundos y el freno del desarrollo físico y mental de muchos otros. “Está dentro de los cinco primeros factores de muerte en el mundo, pero no se habla mucho de ella. La cura es simple: buena agua o, en los casos más extremos, una infusión”, explica el científico.

En emergencias, el primer problema siempre es la distribución de agua limpia, que requiere una enorme capacidad logística. “El tsunami nos permitió dar un gran paso adelante. Cinco días después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció nuestro método”, recuerda Saladin, que pertenece al Instituto Federal Suizo de Ciencias y Tecnologías Acuáticas (EAWAG).

A pesar de la dificultad para determinar si el agua es potabilizable, unos 2 millones de personas ya aplican el método, principalmente en naciones del sur, entre las que se encuentran Brasil, Guatemala, India, Indonesia, Kenia, Nepal, Nicaragua, Tailandia, Perú y Pakistán. Sodis es una fundación muy pequeña, de 15 personas repartidas entre 7 países, que trabaja para capacitar a las oenegés, a los ministerios de salud y los municipios, agencias de la ONU -como Unicef- y universidades. Saladin explica que, en ocasiones, encuentran reticencias de la población beneficiaria, por lo que suelen apoyarse en instituciones locales para difundir el proyecto.

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