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La Policía desaloja un local ocupado en Torrero pese a la oposición vecinal

Los agentes hicieron un gran despliegue y cargaron contra los jóvenes allí concentrados

A pesar de la oposición y las protestas de jóvenes de Torrero, apoyados por las asociaciones del barrio, la Policía cerró y precintó ayer el local del número 67 de la calle de Lugo, que desde hace más de dos años utilizaba el llamado Centro Social Ocupado Rasmia. Un despliegue policial calificado de "desproporcionado" y "desmesurado" por los vecinos, lograba disuadir y quebrar cualquier intento de oposición de los jóvenes al desalojo ordenado por el juzgado.

Aunque el cierre estaba previsto que se llevara a cabo sobre las 9.00, a las 8.15 ya había furgones de Policía situados en distintas calles del barrio de Torrero y los funcionarios identificaban a todos los que tenían aspecto de dirigirse a la calle de Lugo o iban en grupo. En principio, se les solicitaba el DNI y se les registraban las mochilas y cacheaba. Sin embargo, alrededor de las 9.15, cuando ya se habían congregado unas cien personas en las inmediaciones del local, al primer conato de resistencia a disolverse que mostraron comenzaron las cargas policiales.

Guillermo, de 17 años, contaba que un agente le dio un porrazo en el pecho -cuya marca era evidente todavía a las once de la mañana- y que luego le cogió de una oreja y se lo llevó hasta el furgón policial. "Me dijo: vas a correr hasta el Tercer Cinturón y no vas a parar. Salí corriendo y él detrás de mí golpeándome con la porra hasta que me dejó", explico.

"Nos han dicho que nos moviéramos y como lo hacíamos despacio, empezaron a darnos. Algunos solo nos empujaban, pero otros empezaron a dar a saco", contaban. "Con los porrazos han roto el cristal de un taller de carpintería de aluminio y a una cría le han dado un codazo en toda la cara", añadían.

"Los niños del colegio de Sainz de Varanda que a esa hora entraban a clase iban aterrorizados, y las madres también", explicaba una maestra del colegio.

La carga policial se saldó con algunos contusionados, pero ninguno tuvo que ser atendido en el hospital. "Si llegas con un porrazo se te ríen", explicaron los propios miembros de Rasmia. Sin embargo, un agente de la Policía Local que acudió como refuerzo recibió una pedrada y tuvo que ser asistido en la MAZ.

"Ahora no pegan a nadie porque hay cámaras y periodistas y han llegado vecinos mayores", subrayaron.

Cuando los agentes lograron apartar hasta los pinares a los jóvenes, cerca de cien se quedaron allí media mañana, lanzando gritos contra la Policía, la especulación urbanística y el desalojo de los locales a los que no se les da ningún uso.

Javier Grasa, presidente de la asociación de vecinos Montes de Torrero, y Chema Gregorio, de la Asociación de Vecinos de La Paz, criticaron la "desproporcionada" actuación policial y dijeron que no se iban a quedar de "brazos cruzados". "Esto no es propio de estos días ni está en concordancia con este tiempo. Más bien recuerda un pasado al que nadie quiere volver", dijo Javier Grasa.

"La Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento mandan a esta gente, pero no se preocupan de poner locales de ocio para los jóvenes y niños del barrio. Las asociaciones han apoyado a Rasmia en todo momento porque han hecho una buena labor social", manifestó una vecina.

El colectivo ocupó el local de la calle de Lugo hace dos años y medio, tras una década sin uso. Durante ese tiempo, lo adecentaron y se dedicaron a hacer actividades sociales, culturales, lúdicas y alternativas, todas gratuitas, en las que han participado muchos otros vecinos del barrio.

Hace un año, diez de los miembros de Rasmia fueron juzgados por un presunto delito de usurpación por el que el fiscal les pedía tres meses de multa y recordaba que el dueño era la víctima de esta historia.

La juez les absolvió porque consideró que los hechos no eran delito ya que entendía que los jóvenes no tenían vocación de permanecer en el local. Además, recordó que su propietario no había requerido formalmente que lo abandonaran y que podía haber obtenido sin dificultad su desalojo por la vía civil. El dueño inició entonces el procedimiento para conseguir que lo desocuparan, algo que logró ayer.

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