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Zaragoza
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EXPO 2008

Confianza ciega en el milagro de Ranillas

La visita a las obras de la muestra en su recta final despierta escepticismo por el trabajo pendiente, pero también expectación por sus contenidos.

Parece que falta mucho, pero para el primer ensayo general con público el próximo 5 de junio estará todo listo". Con esta rotundidad, el director de Comunicación de Expoagua, Antonio Silva, respondía ayer al escepticismo de parte de los periodistas que contemplaban el galimatías de máquinas, elevadores y cajas que se amontonaban a lo largo del paseo central de pabellones. Es tan largo como la plaza del Pilar, pero en vez de granito, palomas y turistas hay torres de material a la espera de su instalación en los pabellones.

Al revés que la plantilla de la Expo, que parece una reunión de la ONU por la cantidad de trabajadores de distintas nacionalidades, la semana de la prensa que empezó ayer tenía color local. La mayor parte eran de la comunidad autónoma, aunque también había un pequeño grupo de italianos (se visitaba el pabellón de su país) y algún que otro corresponsal extranjero que daba color y contrapunto. Solo una televisión nacional, Cuatro, hizo una pieza para el telediario del mediodía.

El programa de la jornada incluía la visita a los pabellones de Aragón y de Italia (mañana) y a los que agrupan a países de América latina, África subsahariana y Caribe (tarde). Josto Maffeo, corresponsal italiano y colaborador de Tele 5, se quedó impresionado con el pabellón de Aragón, prácticamente concluido, por su espectacular sala audiovisual y por el juego de volúmenes y colores de la planta superior, dedicada a las comarcas, a la tienda y al restaurante. "Este es el mejor", llegó a apuntar.

Italia exhibe su pabellón vacío

De osadía se podía calificar la explicación del director de Comunicación del Pabellón de Italia, Hugo Troyano, que daba todo tipo de explicaciones de un edificio de más de 500 metros completamente vacío. Igual explicaba la Venus del año 50 antes de Cristo que llevarán a Ranillas que detallaba los cinco espacios audiovisuales. También adelantó, señalando el hueco que ocupará un gran piano, los conciertos públicos que se celebrarán los martes. "Los fines de semana serán con invitación. Ya ha confirmado Dolce Nieva", dijo.

Los periodistas italianos se maravillaban con los micropulverizadores de agua instalados para una videoinstalación, aunque desconocían que los habrá a cientos en las tres puertas de la Expo y en la pérgola de las plazas temáticas para rebajar la temperatura. Mientras tanto, un puñado de operarios seguía pintando de gris las paredes.

El paseo permitía descubrir los quioscos prefabricados, que ya presentaban su original decoración: refrescos y tazas gigantes en un blanco nuclear que contrastaba con el azul del contenedor. También se apreciaban los centenares de bancos y sombrillas que se distribuyen por las terrazas de los restaurantes situados bajo el área central de pabellones.

Lo que apenas se veían eran fachadas acabadas. Los diseñadores del Pabellón de Japón no se complicaron porque sus exteriores se estaban forrando de vinilos de azul con ondas de agua. Los de Marruecos sí llamaba la atención por la profusión ornamental, en la puerta y en los espacios interiores, de lacerías moriscas con motivos vegetales y geométricos. También era curioso el Pabellón de Alemania, ya cubierto parcialmente por un manto de pelo blanco, y el de Corea, cubierto por palabras en altorelieve.

Las brigadas de operarios se afanaban en reponer el pavimento de hormigón rojo, roto por el trasiego de camiones, en las zonas que se daban ya por acabadas. No obstante, una parte del recinto sigue cubierto por plásticos protectores.

Los pabellones comunitarios

Por la tarde, fueron tres grandes pabellones comunitarios, cuyo coste y construcción corre a cargo de la organización de la Expo, los que se mostraron a los medios. El primer vistazo dejó clara la gran diferencia en el ritmo de ejecución de las diferentes obras.

Las instalaciones destinadas a África Subsahariana son las que mejor aspecto ofrecen. Los 2.800 metros cuadrados de exposición muestran ya su imagen definitiva. Cada uno de los 13 países incluidos en este pabellón tienen sus módulos casi acabados. Únicamente queda por rematar algunos detalles de las zonas comunes, como las proyecciones que convertirán el techo en una recreación del cielo africano o el escenario común en el que cada país mostrará su folclore en pases de 20 minutos. Serán dos de los pocos reclamos diferenciadores de este pabellón que, con una sucesión de expositores, se asemeja a un montaje en la Feria de Zaragoza.

En cambio, falta poco para finalizar la fachada, compuesta por una cortinilla de láminas móviles que, en las horas nocturnas, cobrará vida mediante espectaculares luces luminosas (leds).

Claro contraste con las instalaciones de África es el Pabellón de América Latina. Su responsable de contenidos optaba por definirlo como un "espacio diáfano", pero lo cierto es que el edificio era un contenedor vacío. Todavía queda mucho trabajo por delante porque no lucía ni una quinta parte de su suelo de madera de importación. Y faltan por instalar los nueve árboles temáticos que colgarán de la techumbre.

Tuvo buena acogida entre la comitiva la noticia de la instalación de un puesto de café de Colombia, pero era difícil imaginar cómo quedará por dentro porque ayer por la tarde era una cueva oscura.

Más avanzados se encuentran los trabajos del espacio destinado a Brasil que, aunque comparte el edificio suramericano, monta una exposición propia. Un laberinto de ventanas abiertas a cajas de luces y pantallas de plasma pondrán una nota de color y sorpresa.

Tormenta tropical con agua real

Coincidiendo con la fuerte tormenta que descargó ayer sobre Ranillas, la comitiva periodística finalizó la visita en el Pabellón del Caribe, donde una de sus salas recreará una tormenta tropical que, según sus responsables, hará que los visitantes la vivan "como si estuvieran allí". De hecho, está previsto que del techo caiga una "lluvia controlada".

Las instalaciones del Caribe serán, sin duda, uno de los rincones con más ambiente de la muestra. Una plaza empedrada ordena el espacio interior, en el que cada país (hay un total de 14) simula una de sus casa típicas con decorados al más puro estilo "spaghetti western". Los tradicionales mojitos y caipiriñas que se podrán degustar en el bar del recinto harán el resto.

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