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Juicio en Zaragoza

El "infierno" de una menor con trastornos que llegó a prostituirse en internet lleva a dos de sus amigos al banquillo

La Fiscalía pide cárcel para los jóvenes, a los que acusa de ayudar a la chica, de 17 años, a captar clientes. Ellos lo niegan y asegura que ni siquiera sabían que era menor.

Los acusados, durante el juicio celebrado este viernes en la Audiencia de Zaragoza.Raquel Labodía

La vida de Alma (se usa un nombre ficticio por ser entonces menor) tuvo un punto de inflexión en 2017, cuando cumplió los 18 años. Y no porque como tantos otros jóvenes estuviera ansiosa por sortear el umbral de la mayoría de edad, sino porque justo entonces tocó fondo. Una infancia difícil, con episodios de ‘bullying’ desde los 6 años, y una no menos complicada preadolescencia, en la que conoció las drogas a los 12, la abocaron a "un mundo turbio fuera de la realidad". Un "infierno" en el que llegó a ejercer la prostitución y que le provocó un trastorno límite de la personalidad del que ahora trata de recuperarse.

La joven confesó ayer su particular calvario durante el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Zaragoza contra Bruno C. y Carlos Manuel M., dos amigos de esta etapa oscura de Alma –"ahora no los consideraría como tales", declaró– para los que la Fiscalía pide prisión por ayudarla a buscar clientes para vender su cuerpo. De hecho, les acusa de un delito de facilitación de la prostitución a menores: al primero consumado y al segundo, en grado de tentativa.

Los profesionales que tratan a la chica aseguran que el abuso de las drogas le ha provocado limitaciones cognitivas, de ahí que esta encontrara ayer dificultades para verbalizar sus recuerdos. "Conocí a Bruno porque salíamos juntos de fiesta con la misma gente. Él me comentó que era gay y que ejercía la prostitución desde hacía tiempo. Me explicó cómo poner anuncios en internet para conseguir clientes e incluso llegamos a hacer juntos un trío", comentó Alma.

Versiones opuestas

Pero la versión que dio este viernes el acusado fue completamente dispar. "A mí no me interesan las mujeres", aseguró Bruno ante el tribunal de la Sección Tercera para negar que concertara alguna vez un trío con esta joven. "Creo que fueron sus amigas las que me comentaron que estaba dispuesta a prostituirse, pero yo nunca la orienté ni le enseñé cómo anunciarse", añadió. Según este, Alma ni siquiera le comentó que fuera menor. "Y por la forma en que vestía y se maquillaba, no lo aparentaba", apostilló.

Sobre esta cuestión, la joven quiso hacer una puntualización: "Es cierto que yo me presentaba siempre como mayor de edad ante los desconocidos, pero ellos dos –dijo, señalando al banquillo– y el resto de mis amigos sabían perfectamente que era menor. Sobre todo Bruno, con el que nos echaron más de una vez de algún bar porque yo no tenía los 18".

Cazado por un ‘whatsapp’

Los recuerdos de Alma fueron bastante más difusos al referirse a Carlos Manuel M., pese a que aseguró que también puso "un anuncio" para buscarle clientes. Como el joven lo negó, el fiscal Manuel Torralba le preguntó por una serie de mensajes que intercambió con la chica a través de Whatsapp. "Cuando ella le dice que está castigada y no puede salir de casa usted le pregunta: ‘¿Y si sale algún cliente qué le digo?’ ¿Le buscaba entonces usted clientes para que se prostituyera o no?", le preguntó. El encausado se justificó entonces diciendo que "todo era una broma". "¿Y dónde está la gracia?, le repreguntó el representante del ministerio público, sin que Carlos Manuel M. supiera darle una respuesta distinta.

Atendiendo a las explicaciones tanto de la joven como de los acusados, la Fiscalía optó por introducir alguna modificación en su escrito de calificación original. Así, si inicialmente solicitaba sendas penas de seis años de cárcel para cada uno de los investigados, al final retiró las dos agravantes que planteaba y pidió dos años y multa de 3.150 euros para Bruno C. y a un año y medio y multa de 1.890 euros para Carlos Manuel M. Al primero le reclama también una indemnización de mil euros. Las defensas, por su parte, exigen la absolución.

La madre de la entonces menor, que descubrió el mundo en el que se había metido su hija al verle varios correos en el ordenador, reconoció que su hija "estaría muerta" si la DGA y la Policía no hubieran atendido su llamada "desesperada" pidiendo ayuda.





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