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Zaragoza

Los 'Fluvi-condones' de ternasco, borraja y cardo, el bulo de la Expo que aún sobrevive

El descaro de un vendedor ante las cámaras de Noticias Cuatro es el germen de esta historia tan peculiar.

Los dos tipos de preservativos vendidos en la Expo: normales y de sabores (normales).Archivo Heraldo

Han pasado casi diez años desde que la Expo de 2008 convirtiera el meandro de Ranillas en una festiva capital mundial. Los espectáculos, los conciertos, las visitas contrarreloj a los pabellones para sellar todas las casillas de los pasaportes… ¡qué tiempos! Aquel estío, por desgracia, se ajustó a la lógica del calendario y duró apenas tres meses. Pero el recuerdo, con sus muchas luces y también alguna sombra, sigue muy vivo en el imaginario zaragozano y en la decoración ‘kitsch’ de muchos salones.

Algunos recuerdos, unos pocos, han quedado bastante difuminados. Ocurre de manera especial con aquellas historias y anécdotas que no se recogieron por escrito, que fueron pasando de boca a oreja y que abrazaron la inexactitud con el paso del tiempo. Vamos, que derivaron en auténticas invenciones… que han sobrevivido una década entera.

Es el caso de los preservativos conmemorativos de la muestra que se vendían en las tiendas oficiales de recuerdos. O como se les conoció popularmente por aparecer impresa en la caja la simpática mascota, los ‘Fluvi-condones’. Estos se comercializaban en cajas de tres unidades y bajo dos modalidades diferentes: lisos y lasos, sin ningún tipo de aderezo, y de sabores.

En este último punto es donde baila el rigor del relato popular. Caló en su día la idea de que el paquetito de sabores, de color naranja, regalaba a las papilas aproximaciones a productos tan arraigados en la tierra como el ternasco, la borraja y el cardo. Cocina creativa en su máxima expresión. Pero, por bonita que suene la historia, la realidad es bien diferente y resulta de justicia arrojar luz sobre el asunto. Aquello... ¡aquello era mentira!

La imaginación de los promotores no abarcó los gustos de los asiduos a los mesones de mantel y servilleta. Se quedó en las silvestres y refrescantes menta, mora y sandía. Menuda decepción, ¿no? Y ahora viene la pregunta importante: ¿dónde nació el bulo más socarrón de la Expo? ¿Y por qué aún perdura?

El urdidor de la divertida invención fue un responsable de turno de una de las tiendas de merchandising que, entrevistado por los reporteros de Noticias Cuatro, se vino muy arriba (pero mucho) y declaró ante la cámara, sin pestañear y con la sangre fría de un francotirador de élite, que “lo más llamativo” que se comercializaba eran... “los preservativos de Fluvi con los sabores típicos de Aragón, de ternasco, de borraja, de cardo...”. Ahí lo tienen. Ese es el germen de la leyenda, que quedó recogida para la posteridad por una cadena de televisión con alcance nacional.

Aquellas palabras, cuentan quienes trabajaron en las tiendas del recinto de la margen izquierda, llevaron a una multitud de ¿curiosos, atrevidos? a intentar hacerse con una caja de tres profilácticos de pura raza aragonesa. Unos preservativos que, si aún rondan por los cajones de su casa, no debe usar: hace tres años que venció la fecha de caducidad.

Por cierto, el ingenioso vendedor, Matías, fue entrevistado en su momento por HERALDO. En aquella pieza no tuvo a bien deslizar la idea de los sabores baturros, pero sí dejó bien claro que los condones eran el producto estrella.





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