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Semana Santa

La Semana Santa de Zaragoza, más de seis siglos de historia

De la mano de la Hermandad de la Sangre de Cristo y con la ayuda inestimable de las 23 cofradías existentes, la celebración zaragozana se ha convertido en una de las fechas claves del calendario litúrgico y turístico del país.

B. Usón Actualizada 21/03/2017 a las 10:04

La Semana Santa de Zaragoza es uno de los principales atractivos de Aragón y está reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional, pues a golpe de tambor, bombo y timbal desfilan cada año más de 16.000 cofrades que viven y recuerdan con fervor y solemnidad la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo a través de imponentes imágenes con mucha historia a sus espaldas. Una tradición centenaria que ya se celebraba en Zaragoza hace seis siglos, y que gracias a la voluntad de algunos héroes locales sigue siendo una de las fechas claves del calendario zaragozano.

El doctor en Historia del Arte e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Wifredo Rincón García, explica que aunque "los primeros datos fehacientes de la Semana Santa zaragozana son del siglo XVI, en el XIII se estima que la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, conocida popularmente como Hermandad de la Sangre de Cristo, ya veneraba a un cristo en la capilla del convento de San Agustín", el mismo que sale cada Viernes Santo, más conocido como ‘El Cristo de la Cama’.

Sin embargo, la procesión como tal no se celebró hasta "el 21 de marzo de 1617 –este año se conmemora su 400 aniversario– cuando por primera vez salió el Santo Entierro a las calles de la capital aragonesa", explica Rincón, quien añade que "fue gracias a la licencia que concedió el deán Francisco Lamata en nombre del Cabildo a petición de Jerónimo Mipanas, oficial de la Cofradía de la Sangre de Cristo".

Sobreviviendo a los Sitios de Zaragoza (1808-1809)

Dos siglos más tarde, y con sede canónica en el convento de San Francisco (ubicado en la plaza de España antes de su destrucción durante la guerra de la Independencia), la Hermandad de la Sangre de Cristo utilizó sus escasos recursos económicos para que "diversos escultores se encargaran de tallar una serie de imágenes que completaran los misterios de la Pasión de Cristo y acompañaran a su imagen en la función del Descendimiento y el Santo Entierro". Pero de estas tallas, a excepción del Cristo de la Cama, "nada queda, pues durante Los Sitios de Zaragoza el convento de San Francisco fue destruido por una de las voladuras que arrasaron parte de la ciudad, y con él todas las imágenes".

Fue poco después del 13 de agosto de 1808, día en el que el fuego devoró el convento, cuando María Blánquez, "en un acto heroico, rescató de entre las ruinas del convento la imagen del Santo Cristo de la Cama, que fue resguardado primero en el Palacio Arzobispal, después en la basílica del Pilar, en la Iglesia Santa Cruz y, posteriormente, en a la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal −conocida vulgarmente como iglesia de San Cayetano−, en la que establecería la Hermandad de la Sangre de Cristo su nueva sede canónica, y donde permanece a día de hoy".

Nuevas imágenes fueron encargadas para sustituir a las que sucumbieron a los Sitios zaragozanos, "esta vez encargadas al escultor Tomás Llovet, quien realizó la del Ecce Homo, Jesús Atado a la Columna y Camino al Calvario", imágenes que siguen saliendo a las calles cada Semana Santa. Así, con el paso de los años se fueron incorporando nuevos pasos, y también "una nueva cama para el Cristo –que hasta el momento reposaba en una urna de madera– creada por el murciano Antonio Palao en 1855".

El siglo XX: se afianza la Semana Santa tal y como la conocemos

La actividad procesional zaragozana siguió con normalidad durante el siglo XIX, incluso se sacó a concurso la reforma de la procesión del Santo Entierro en 1910. Sin embargo, con la llegada del XX y de la Segunda República, "la Hermandad de la Sangre de Cristo decidió no celebrar la procesión durante años 1932, 1933 y 1934".

Un año después, "se reanudaba la Semana Santa, pero tras el incendio de la noche del 9 de abril de 1935, los terceroles (que eran los que se encargaban de sacar los pasos) se pusieron en huelga y se negaron a participar en el recorrido". Fue  entonces cuando asociaciones religiosas y jóvenes que se brindaron generosamente para portarlos en la procesión, reuniéndose casi 400 personas. Así, se comenzaron a crear las cofradías filiales de la Hermandad de la Sangre de Cristo, que tomaban a su cargo los pasos, y cada una de ellas organizaría sus procesiones particulares, dando la forma que hoy tiene la Semana Santa zaragozana.

"Durante la procesión fue hecha explosionar una bomba de gran potencia, que sembró la alarma en los fieles que la integraban, pero no pudo en ningún momento interrumpir el desfile procesional, que concluía ya entrada la noche, cuando los pasos fueron depositados en la iglesia de Santa Isabel", añade Rincón, quien explica que "tras este incidente y el fin de la Guerra Civil, la Semana Santa de Zaragoza comienza a afianzarse hasta el día de hoy, que cuenta con más de 16.000 cofrades repartidos en 24 cofradías, que ofrecen 48 procesiones".

-Más información en la web 'Semana Santa en Aragón'





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