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SOLIDARIDAD

Un hogar donde renacer más de cuarenta veces

Casi un centenar de familias aragonesas se han unido al programa de la DGA que proporciona una acogida de forma temporal a los menores con problemas.

Marta y Jesús no tardarán en separarse de los dos hermanos que tienen en acogida.
Un hogar donde renacer más de cuarenta veces
J. M. MARCO

Además de educar a sus tres hijos, durante los últimos ocho años han cuidado de otros 40 niños. Aunque casi ninguno de los pequeños se ha quedado con ellos más de un año, Marta Vázquez y Jesús Fernández recuerdan incluso a los primeros menores que alborotaron su piso del zaragozano barrio del Actur gracias al programa de Acogimiento Familiar No Preadoptivo del Gobierno de Aragón. Aunque no solo marcaron sus vidas en forma de habitaciones 'patas arriba', ya que desde entonces su casa ha sido un constante ir y venir de niños y adolescentes que, temporalmente y por distintas razones, tienen que separarse de sus familias biológicas.

Ahora tienen a su cargo a dos hermanos de uno y dos años que, después de 14 meses de acogida van a ser adoptados por una nueva familia. "Cuidar como si fuera un hijo más a un niño que no sabes cuánto tiempo se va a quedar contigo no es nada fácil, pero compensa. Si no, no hubiésemos repetido 40 veces", explica Marta Vázquez, que además de madre de acogida es presidenta de la Asociación de Familias Acogedoras (Adafa). Gracias a esta institución, encargada de la captación de nuevos hogares temporales para menores -con la ayuda de Cruz Roja-, ya hay 86 familias en Aragón que forman parte de este programa dependiente del Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS).

"Aunque es una cifra importante para nosotros, queremos conseguir más familias", asegura José Manuel Casión, jefe del servicio de protección de la infancia y adolescencia en el IASS. De esta forma, "habrá más probabilidades de encontrar a gente cuyo perfil se adapte mejor a cada niño", añade. No es para menos, ya que el Gobierno de Aragón tiene bajo su protección a 1.150 jóvenes con problemas familiares, la mitad de los cuales residen con sus padres biológicos gracias al seguimiento de educadores y psicólogos. "Siempre intentamos no tener que separarles de su familia", afirma Casión.

Sin embargo, hay veces que el abandono temporal del hogar se convierte en algo inevitable. En ese caso, la primera opción siempre es este programa de acogida, pues "el ámbito más adecuado para el crecimiento y desarrollo de cualquier niño siempre es la familia, aunque los vínculos que se establezcan sean temporales". Así lo asegura Julián Martínez, director de Intervención Social de Cruz Roja Zaragoza, una institución que colabora en la captación de familias y la promoción del servicio.

"Los interesados en formar parte de este programa deben someterse a un proceso de evaluación y formación. Las familias acogedoras tienen que asumir que los niños solo estarán con ellos durante un tiempo", explica Martínez. Aceptar esta situación no siempre es fácil, por lo que hay gente que no se atreve a repetir. Sin embargo, la mayoría de las familias consiguen superar las constantes despedidas y llegan a acoger a decenas de pequeños. "Cuando un niño deja nuestra casa nos quedamos con una sensación agridulce. Por una parte, les cogemos cariño y nos da pena que se vayan. Sin embargo, sabemos que cuando nos dejan es porque vuelven con sus padres o han encontrado una buena familia adoptiva", reconoce Jesús Fernández, consciente de que en unos días tendrá que afrontar una nueva despedida.

Su mujer, Marta, sonríe cada vez que se acuerda de la evolución de los pequeños, que al principio no paran de llorar y, unos meses después, vuelven a ser felices. "Muchos llegan traumatizados, no hablan o se piensan que les vas a pegar, -explica Marta- y al cabo de un tiempo ya no se acuerdan de nada". Tan intensa ha sido su experiencia que no ha podido evitar plasmarla en un diario que, gracias a la insistencia de su marido, se ha convertido en un libro llamado 'Yo no podría. Diario de una madre acogedora'.

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