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Bosques de ribera

Sotos, selvas cercanas para disfrutar de la naturaleza

La conocida frase ‘Donde hay agua, hay vida’ puede servir para ilustrar la abundancia y diversidad de flora y fauna de los bosques de ribera o sotos. Estrechos corredores naturales a la vera de los ríos, que configuran un ecosistema diferenciado y singular.

Joaquín Marco 04/05/2018 a las 05:00
Riberas del río Cinca desde Conchel.Julio E. Foster

La primera imagen al pensar en un bosque frondoso suele ser de un paisaje de alta montaña, pero lo cierto es que por todo Aragón, en todas las comarcas e incluso a las puertas de pueblos y ciudades, nos encontramos con un tipo de bosques de espesa y variada vegetación, de gran valor ecológico por su papel medioambiental y las especies de flora y fauna que albergan, y tan característicos que incluso cuentan con un nombre específico. Son los bosques de ribera o sotos, nombre que viene del latín 'saltus', que designa una arboleda junto al río.

La presencia del agua permite el desarrollo, con independencia de las precipitaciones, de una exuberante vegetación y convierte a los bosques de ribera en islotes de frescor incluso en medio de zonas de clima riguroso como la depresión del Ebro, marcando un brusco contraste entre la rudeza del matorral mediterráneo y la orla verde en las orillas, que destaca como uno de los espacios naturales más ricos en biodiversidad.

Los sotos están condicionados a formar así corredores lineales junto a los ríos y arroyos y han sufrido también una especial presión por parte del hombre para su aprovechamiento agrícola o para extraer áridos y madera. Con todo, Aragón cuenta con más de 300.000 hectáreas de vegetación arbórea de ribera (sin contar las choperas de producción) que suponen el 2,20% de la superficie forestal de la comunidad, e incluyen espacios protegidos como la Reserva Natural Dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro.

Los márgenes de cualquier río aragonés, de arroyos y barrancos, ofrecen así atractivos paseos para disfrutar de la naturaleza, especialmente interesantes en primavera. Son una explosión de vida, con los árboles cubiertos por sus nuevas hojas, aves nidificantes marcando su territorio con el canto y el suelo cubierto por un manto de plantas y flores.

Otro atractivo más que se suma a la biodiversidad de los sotos está también en el elemento humano. Las poblaciones siempre han buscado la proximidad de ríos y si esto ha llevado muchas veces a la desaparición del bosque, también ha dejado numerosos elementos de interés etnológico (molinos, huertas, barcas de paso…), así como caminos y zonas de recreo para el visitante.

Chopos y álamos

Dos árboles emparentados son las especies básicas que conforman los sotos fluviales: el álamo blanco es el más característico en las zonas de menor altitud, hasta unos 800 m sobre el nivel del mar, mientras que en las zonas más frías predomina el álamo negro o chopo. Sin embargo, ambos suelen convivir, formando bosques mixtos junto con otras especies, entre las que destacan especialmente el sauce, el fresno y el tamariz o tamarindo, que llegan a ser mayoritarios en algunos casos.

En varias comarcas de Teruel, el chopo ha dado lugar a un paisaje muy singular, por la ancestral intervención del hombre sobre ellos. Estos chopos de las riberas se aprovechaban para obtener vigas para la construcción, podándolos cuidosamente a fin de obtener ramas largas y rectas. Este proceso, conocido como escamonda, da a estos árboles un característico aspecto con gruesos troncos ensanchados en la parte superior, lo que hizo que se les diera el nombre de chopos cabeceros. La relevancia de sus valores culturales y ecológicos, ya que los troncos huecos de estos árboles ofrecen refugio a innumerables animales, ha hecho que se acabe de declarar por el Gobierno de Aragón el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alframbra. Además, desde hace años, se han puesto en marcha diversas iniciativas, como la celebración anual, en otoño, de una fiesta reivindicativa. Esta página web ofrece amplia información y recursos sobre estas peculiares arboledas.

La distancia al agua es el principal factor por el que se distribuyen los árboles, desde los alisos, que necesitan tener sus raíces permanentemente encharcadas, hasta las fresnedas, que no dependen de la presencia física de agua y actúan de unión entre las riberas húmedas y los bosques o matorrales circundantes

Las características del suelo y el ambiente terminan definiendo la flora asociada en cada soto; pero lo mismo en los ríos que descienden del Pirineo que en los que atraviesan las áreas más secas del valle del Ebro, será siempre tan variada como abundante, con lo que árboles, arbustos y flora forman auténticas selvas. Aneas, carrizos y juncos en los terrenos encharcados; rosales silvestres, hiedras y trepadoras; arboles como nogales, arces o majuelos; y un denso tapiz de hierba y flores completan los sotos, en los que por su aprovechamiento destacan las zarzamoras y las setas de chopo.

Esta vegetación tiene importantes beneficios para el río y el hombre al actuar como depuradora del agua y proteger las orillas frente a las avenidas. Y ofrece refugio y alimento a una fauna muy diversa que refuerza los alicientes para los paseantes por los sotos, entre la que hay que destacar especialmente la gran variedad de aves. El cuco, la llamativa oropéndola, el pájaro moscón (con su peculiar nido en forma de bolsa colgante), el ruiseñor, el jilguero, el pito real y otros perforadores de troncos, el autillo, o acuáticas como cormoranes y garzas, son ejemplo de las muchas especies aladas que se pueden ver o escuchar.

El GR 99, Camino Natural del Ebro, es una ruta señalizada que sigue todo el curso del río. A su paso por Aragón, discurre por excelentes muestras de la riqueza de los sotos.

Finca de la Alfranca

Aguas abajo de la ciudad de Zaragoza, la Reserva Natural de Dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro protege 1.536 hectáreas que incluyen bosques de ribera y carrizales alrededor del río y cuatro galachos, que constituyen un importante refugio de aves. En la finca de La Alfranca, en Pastriz, junto a los carrizales y saucedas más extensos de Aragón, se encuentra el centro de interpretación de la Reserva Natural y el Centro Internacional del Agua y el Medio Ambiente, que explica los valores naturales del espacio a través de recursos expositivos y audiovisuales. El visitante encuentra también jardines, miradores, senderos, actividades educativas o visitas guiadas. Abierto fines de semana y festivos. Información: 976 105 840.

Los sotos del Cinca

El curso medio y bajo del río Cinca destaca por sus frondosos bosques de ribera de sus orillas, con paseos señalizados que se completan con distintas iniciativas para acercar sus valores a los visitantes. En Monzón, el Centro de Educación e Interpretación Medioambiental La Pinzana (686 192 556) ofrece una exposición sobre los valores del río y un recorrido guiado, así como actividades formativas y de sensibilización. Aguas abajo de Fraga, en la desembocadura del sistema Cinca-Segre en el Ebro, el Aiguabarreig es uno de los paisajes fluviales más impresionantes de la península, con su Estació Biològica del Aiguabarreig. Cuenta con una Aula de la Naturaleza en Mequinenza y un centro de interpretación en Massalcoreig (974 464 435).

Alineados de manera natural, marcando el trazado de los ríos, los bosques de ribera se presentan inconfundibles desde la lejanía para animar a adentrarse y disfrutar de todos sus atractivos y riqueza.

Más noticias en Unpaisdemontañas.

 





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