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Una loba mata en Alcañiz a 14 ovejas, hiere a otras 13 e inquieta al sector

El ataque se produjo este fin de semana en la pedanía de Valmuel. Los ganaderos organizan guardias nocturnas y elevan el vallado de sus explotaciones

Un pastor lleva su rebaño de ovejas por las zonas de alimento de las proximidades de Alcañiz.
Un pastor lleva su rebaño de ovejas por las zonas de alimento de las proximidades de Alcañiz.
Tomás Santos

La joven hembra de lobo ibérico localizada hace más de dos años en las zonas de pasto de ganadería del Bajo Aragón podría haber sido la causante el pasado fin de semana de la muerte de 14 ovejas en una granja de Valmuel, una pedanía de Alcañiz. El animal, cuyo primer ataque se registró en enero de 2021, hirió a otras 13 reses en la misma explotación. Los diversos encontronazos del depredador con cabezas de ganado de varias granjas arrojarían ya el balance de medio centenar de ovejas abatidas.

Así lo explica el agricultor Ricardo Alquézar, uno de los primeros que acudieron a socorrer al ganadero de Valmuel afectado por el último ataque. "Es una explotación que genera mucho empleo y los daños han sido grandes", lamenta. "Sabemos que este animal ronda por las granjas. Las ovejas son las presas más vulnerables, con ellas hace estragos", añade.

Ante esta situación, ganaderos y agricultores del medio millar de explotaciones ganaderas que subsisten en la comarca han empezado a organizarse para realizar guardias nocturnas con los vehículos en marcha y las luces encendidas, para tratar de ahuyentar al depredador.

"No sabemos qué beneficio da este animal. No sirve para controlar las poblaciones de conejos, corzos o jabalíes –animales que se defienden del lobo– y está causando problemas no solo en forma de reses muertas sino también en animales heridos y con secuelas", explica el presidente de la Cooperativa Nuestra Señora de los Pueyos de Alcañiz, Juan Carlos Brun. "Los ataques –advierte– son cada vez más recurrentes y las mordeduras son tan graves que aunque el ovino consiga sobrevivir, se ve muy afectada su movilidad o su propia salud y metabolismo".

Los ganaderos confirman que el estrés se está convirtiendo en un problema añadido. "Vivimos con miedo de entrar en las granjas, no sabemos qué nos vamos a encontrar», explican. Añaden que los animales también están siendo víctimas del estrés, pues los rebaños que han sufrido ataques o aquellos que han intuido la presencia de la loba están perdiendo el apetito, siempre en estado de alerta y desatendiendo su alimentación, de manera que el ciclo de crianza y la producción de carne, leche o lana se están viendo afectados. "La pérdida no es sólo el animal que muere, sino cómo se desajusta el comportamiento de todo el rebaño", reseña Juan Carlos Brun. Muchos ganaderos están elevando la altura del vallado de sus granjas para evitar la entrada del lobo.

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